Francisco Rodríguez Marín

Francisco Rodríguez Marín
Francisco Rodríguez Marín, en La Esfera.jpg
Rodríguez Marín, fotografiado por Kaulak, en las páginas de La Esfera en 1917.

Coat of Arms of the Spanish Royal Academy of History.svg
Académico numerario de la Real Academia de la Historia
(Medalla 12)
10 de abril de 1927-9 de junio de 1943[1]
Predecesor Mariano Gaspar y Remiro
Sucesor Tomás Domínguez Arévalo

Información personal
Nombre nativo Francisco Rodríguez Marín Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 27 de enero de 1855 Ver y modificar los datos en Wikidata
Osuna, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 9 de julio de 1943 Ver y modificar los datos en Wikidata (88 años)
Madrid, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter Universidad de Sevilla
Información profesional
Ocupación Etnólogo, poeta, folclorista, lexicógrafo y escritor Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de
Distinciones
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Francisco Rodríguez Marín ( Osuna, 27 de enero de 1855 - Madrid, 9 de julio de 1943)[2] fue un poeta, folclorista, , lexicólogo y cervantista español.

Biografía

A los nueve años falleció su madre. Estudió el bachillerato en Osuna y, al acabarlo, pasó tres años en la finca "Viña de pago dulce". Cursó la carrera de Leyes en las aulas de la Universidad de Sevilla[3] y comenzó a interesarse por los cantos populares españoles a través de la Sociedad del Folk-Lore Andaluz, que cofundó en 1881 y en la que conoce a Antonio Machado y Álvarez, Alejandro Guichot y Luis Montoto entre otros eruditos; colaboró en su revista El Folk-Lore Andaluz (1882-1883). En 1883 vuelve a Osuna, donde trabaja como abogado hasta la supresión en 1895 del juzgado de primera instancia de dicha localidad, y en 1885 se casa con Dolores Vecino, de la que tendrá varios hijos. Hasta 1904, sin embargo, se dedicaba también al periodismo en Osuna (por entonces empezó a usar el pseudónimo de El bachiller Francisco de Osuna), a la poesía y a la abogacía en Sevilla (desde 1895, por la referida supresión del juzgado de Osuna); pero como en 1897 perdió la voz casi por completo a causa de una operación de laringe, abandonó el foro y se dedicó íntegramente a las letras, aunque por entonces ya tenía en su haber treinta y nueve obras publicadas, número que aun crecería hasta las ciento cincuenta que dejó a su muerte. Fue redactor de la revista sevillana La Enciclopedia, donde durante algún tiempo dirigió la sección titulada "Poemas vulgares", y participó en las más importantes tertulias de la ciudad, en especial en La Genuina, núcleo del Ateneo Hispalense. Colaboró en los periódicos locales El Alabardero, El Posibilista y La Tribuna y en el madrileño La Mañana. Más tarde colaborará, entre otras publicaciones, en el Boletín Folklórico Español, Blanco y Negro, La Ilustración Española y Americana, Unión Ibero-Americana, el Boletín de la Real Academia Española y el Boletín de la Real Academia de la Historia. Liberal en sus años de estudiante y abogado, fue germanófilo durante la I Guerra Mundial y evolucionó a posturas conservadoras y mauristas, mostrándose partidario del bando sublevado al estallar la Guerra Civil.

Le interesaron sobre todo la literatura popular tradicional, los estudios cervantinos y la literatura andaluza del Siglo de Oro; a estas tareas consagró una excepcional capacidad de trabajo. En 1895 conoce en Sevilla a Marcelino Menéndez Pelayo, con quien ya mantenía correspondencia, y es nombrado académico de número de la Academia Sevillana de Buenas Letras. En 1897 es nombrado concejal del ayuntamiento de Sevilla por el Partido Liberal de Segismundo Moret. El 27 de octubre de 1907 ingresó como académico de Real Academia Española (RAE); el discurso de ingreso versó sobre la «Vida de Mateo Alemán. También dirigió la Biblioteca Nacional de Madrid (1912-1930), tratándola como una herramienta de investigación personal. De esa época es su Guía histórica y descriptiva de los Archivos, Bibliotecas y Museos Arqueológicos de España (Madrid: Rev. de Archivos, 1916, 2 vols.) En 1927 es elegido para la Real Academia de la Historia. En 1931 muere su mujer, Dolores Vecino. Octogenario ya, pero aún lúcido, durante la Guerra Civil se refugió veintiséis meses en el pueblo manchego de Piedrabuena (Ciudad Real), donde vivía su hija Carlota, y allí redactó su En un lugar de La Mancha. Divagaciones de un ochentón evacuado de Madrid durante la guerra (Madrid: C. Bermejo, 1939). El 23 de julio de 1940 es nombrado director de la Real Academia de la Lengua. Falleció en 1943 cuando se le preparaba un homenaje.

Francisco Rodríguez Marín en un azulejo en la glorieta con su nombre del Parque de María Luisa de Sevilla, en España.

Publicó tres ediciones de Don Quijote, las dos últimas denominadas «críticas», pero en realidad no depuraban el texto con métodos filológicos que no conocía ni había estudiado, sino que se limitaba a glosarlo documentalmente y explicarlo con notas eruditas según la metodología positivista. La cuarta edición, hoy la más recomendable, apareció póstumamente, en 1947- 1949. Su primera edición, todavía disponible sin actualización en la serie Clásicos Castellanos de Editorial Espasa-Calpe, es inferior a las tres siguientes. Publicó ediciones también de otras obras de Miguel de Cervantes y colecciones de documentos cervantinos inéditos, así como muchas colecciones de cantos, coplas y refranes españoles. También fue concienzudo biobibliógrafo de Pedro Espinosa, de quien editó además su famosa antología Flores de poetas ilustres (1605), incluida su Segunda Parte inédita, de Luis Barahona de Soto y de Mateo Alemán. Estudió además a Cristóbal Suárez de Figueroa y a Luis Gálvez de Montalvo e imprimió con caudalosa anotación y útiles estudios preliminares las poesías de Baltasar del Alcázar y El diablo cojuelo de Luis Vélez de Guevara. Perteneció a muchas sociedades literarias, entre ellas la Hispanic Society of America.

Como poeta escribió entre otras obras madrigales y sonetos muy reminiscentes en temática y estilo del Siglo de Oro, e imitaciones en prosa del estilo barroco como en Nueva premática del tiempo (1891). Se compilaron sus poesías bajo el título de A la real de España. Poesías selectas (1871-1941) (Madrid: Imprenta Prensa Española, 1942) y una colección de sus artículos de prensa apareció patrocinada por la Asociación de Amigos de Rodríguez Marín: Artículos periodísticos (Madrid, 1957). Él mismo compiló el epistolario intercambiado con su amigo Marcelino Menéndez y Pelayo (Epistolario de Menéndez Pelayo y Rodríguez Marín (1891-1912), Madrid, imp. de C. Bermejo, 1935). Como lexicógrafo recogió Dos mil quinientas voces castizas y bien autorizadas que piden lugar en nuestro léxico (1922), entre otras obras.

Sin embargo, su fama, que llegó a ser inmensa como cervantista, ha sido revaluada modernamente: se le imputan por lo general los defectos de la metodología positivista decimonónica en cuanto al abuso de la documentación y la escasez de rigor filológico y ecdótico: no se molestó en informar al lector de las diferencias textuales entre las ediciones de Juan de la Cuesta y las cuestiones textuales y la depuración del texto de Miguel de Cervantes le tuvieron sin cuidado, arreglándolo todo a su manera y sin dejar constancia de sus cambios; hizo pasar por «ediciones críticas» de Don Quijote unas obras que no lo eran según los cánones de la filología. Ninguneó en ese sentido la edición de las Obras de Cervantes de Adolfo Bonilla y San Martín y Rodolfo Schevill, muy estricta en la depuración del texto hasta la edición más amplia en ese sentido de Francisco Rico. También arrinconó o se aprovechó de la labor de otros cervantistas como Cristóbal Pérez Pastor o James Fitzmaurice-Kelly. Igualmente certificó que un cuadro, en realidad falsificado, era el verdadero retrato de Cervantes pintado por Juan de Jáuregui. Por otra parte, no ofreció una visión global de la obra de Cervantes e ignoró obras tan importantes como el Persiles, el teatro o la mitad de las Novelas ejemplares.

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