Francisco Pi y Margall

Francisco Pi y Margall
Pi y margall.jpg
Pi y Margall, por José Sánchez Pescador.

Escudo del Gobierno Provisional y la Primera República Española.svg
Presidente del Poder Ejecutivo de la
República Española
11 de junio de 1873- 18 de julio de 1873
Predecesor Estanislao Figueras
Sucesor Nicolás Salmerón

Escudo del Gobierno Provisional y la Primera República Española.svg
Ministro de Gobernación de España
12 de febrero de 1873- 18 de julio de 1873
Presidente Estanislao Figueras
Predecesor Manuel Ruiz Zorrilla
Sucesor Eleuterio Maisonnave

Escudo de España 1874-1931.svg
Diputado en Cortes
por Barcelona, Valencia, Sabadell, Madrid, Tarragona y Figueras[1]
17 de junio de 1886- 29 de noviembre de 1901

Escudo del Gobierno Provisional y la Primera República Española.svg
Diputado en Cortes
por Barcelona
19 de febrero de 1869- 8 de enero de 1874

Información personal
Nombre nativo Francisco Pi y Margall Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 20 de abril de 1824
Bandera de España Barcelona, España
Fallecimiento 29 de noviembre de 1901
(77 años)
Bandera de España Madrid, España
Lugar de sepultura Cementerio civil de Madrid Ver y modificar los datos en Wikidata
Residencia Madrid, España
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Lengua materna Español Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político Partido Democrático
Partido Federal
Familia
Cónyuge Petra Arsuaga
Hijos Francisco, Joaquín y Dolores
Educación
Alma máter Universidad de Barcelona
Información profesional
Ocupación Político
Tratamiento Excelentísimo Señor
Firma Firma pi y margall.png
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Francisco Pi y Margall (en catalán, Francesc Pi i Margall) ( 20 de abril de 1824, Barcelona- 29 de noviembre de 1901, Madrid) fue un político, filósofo, jurista, historiador y escritor español, que asumió la presidencia del Poder Ejecutivo de la Primera República entre el 11 de junio y el 18 de julio de 1873; fue padre de los también políticos Francisco Pi y Arsuaga y Joaquín Pi y Arsuaga.

Como político, fue partidario de un modelo federalista para la Primera República, sabiendo conjugar las influencias de Proudhon para llevar a cabo la política del Estado con tendencias del socialismo democrático y del socialismo libertario.[3] Contrario a la monarquía en cualquiera de sus variantes y formas, participó activamente en la oposición a la misma, por lo que sufrió censura, cárcel y exilio. Después de la Revolución Gloriosa fue diputado en Cortes, donde dirigió el Partido Federal, y ministro de la Gobernación con Estanislao Figueras. Tras la dimisión de este, las Cortes le eligieron presidente, cargo desde el cual se enfrentó a la Tercera Guerra Carlista y la Revolución Cantonal, defendiendo el Proyecto de Constitución Federal de 1873. Se vio obligado a dimitir ante la imposibilidad de desarrollar su labor de gobierno tras el Cantón de Cartagena.

Como intelectual se dedicó esencialmente a la historia, la filosofía y el arte. Se le considera como uno de los intelectuales representativos del pensamiento más avanzado de la segunda mitad del siglo XIX. Escribió multitud de obras y fue redactor y director de varios periódicos. Tuvo contacto con las grandes figuras de la intelectualidad europea de la época, lo que le granjeó una enorme reputación en España y fuera de ella. Con una biografía intachable debida a su honradez, acompañada por una dedicación intensa a sus principios políticos, se ha convertido en un referente de la tradición democrática española.[4]

Primeros años

Infancia y formación

Nació el 19 de abril de 1824 en Barcelona,[6]

Por aquel entonces, una de las únicas maneras que tenían las gentes humildes de que sus hijos tuvieran estudios era logrando que los admitiesen en los seminarios, donde eran instruidos en latín y teología. Tras su paso por el seminario, y a la edad de diecisiete años, Francisco Pi y Margall accedió a la Universidad de Barcelona, donde completó sus estudios de Filosofía y posteriormente comenzó la carrera de Leyes, sufragándose sus estudios dando clases particulares.

Desde muy pequeño sintió atracción por la literatura; pasión que desarrolló colaborando con el grupo de escritores románticos catalanes, sobre todo con Manuel Milá y Fontanals y Pablo Piferrer.

En 1842 publicó Cataluña, primer y único volumen de La España pintoresca, una ambiciosa obra ilustrada que pretendía recoger todas las regiones de España. En una época en la que se desarrollaba la regencia de Espartero, ese mismo año Barcelona se sublevó contra la política del regente provocando el bombardeo de la ciudad desde la fortaleza de Montjuich.

En Madrid, un hombre de letras

Más tarde, en 1847 se trasladó a Madrid, donde se doctoró en Derecho a la edad de veinticuatro años. Se costeó los estudios dando clases y publicando diversos artículos y haciendo crítica teatral en el diario El Correo, e incluso trabajando en la banca catalana como publicista. Pronto dejó de trabajar en el diario, el cual cerró por la publicación de unos polémicos artículos sobre el catolicismo, la historia y la economía política de Pi y Margall durante el gobierno de Narváez.

En 1849, ya adelantó algunas de sus futuras posiciones políticas criticando severamente el sistema de partidos vigente en la España isabelina. Consideraba que todas las formaciones ( Unión Liberal, Partido Moderado y Partido Progresista) mantenían la imposibilidad de la llegada de una verdadera democracia a España.

Al morir su amigo Piferrer se encargó de los Recuerdos y bellezas de España, una obra compuesta por litografías sobre paisajes españoles; terminando el volumen de Cataluña y empezando el de Andalucía, para lo cual se desplazó hasta allí en varias ocasiones. En 1851 comenzó la Historia de la pintura, que fue prohibida acusada de contener ataques al cristianismo. Los obispos y arzobispos presionaron de tal manera sobre el gobierno de Bravo Murillo, que este tuvo que ordenar la recogida de la obra. Tanto Pi y Margall como el editor se libraron de los tribunales porque la denuncia interpuesta no fue admitida por estar fuera de plazo. Por supuesto, Pi y Margall tuvo que abandonar la redacción de Recuerdos y bellezas de España y renunciar a la publicación de todo el material que había preparado. Sus artículos en los periódicos tuvieron que aparecer con seudónimo y todos los rayos de la reacción cayeron otra vez sobre su cabeza cuando ese mismo año presentó sus Estudios sobre la Edad Media, obra que también fue prohibida por la Iglesia católica española y que no fue publicada hasta 1873.[7]

Familia

En 1854, tras la Vicalvarada, intentó evitar una detención por parte de la policía refugiándose en Vergara ( Guipúzcoa), que aún conservaba parte de sus antiguos fueros. Allí se dedicó al estudio del País Vasco, reflexiones que finalmente fueron publicadas en El Museo Universal bajo el título Historias y costumbres del pueblo vasco. En Vergara conoció a Petra Arsuega Goicoechea, vecina de la localidad y con quien mantuvo un breve noviazgo. Se casaron el 22 de junio de 1854 y fruto de ese enlace nacieron varios hijos, de los cuales solo vivieron tres: Francisco que fue varias veces diputado en Cortes tras la muerte de su padre; Joaquín, que trabajó en la edición y conclusión de las obras de su padre; y su hija Dolores.[8]

El hombre político

En 1848 ingresó en el Partido Democrático y en 1854 dejó de ser un hombre de letras para dedicarse a la política. En pocos años se hizo notar en el partido comenzando a ganar popularidad entre sus compañeros y demás políticos del ala izquierda y socialista.

Participó directamente en la Revolución de 1854, siendo autor de una proclama radical, que no fue aceptada por la Junta revolucionaria, y del folleto El eco de la revolución, donde se pide el armamento general del pueblo y la convocatoria de Cortes Constituyentes por sufragio universal que estableciesen la libertad de imprenta, la de conciencia, la de enseñanza, la de reunión y la de asociación, entre otras más. Considerados como planteamientos demasiado avanzados para la época, tuvo que pasar un tiempo en prisión.

Portada de 1839 del ambicioso proyecto artístico-literario de once volúmenes titulado Recuerdos y bellezas de España.

En el mismo año expuso su doctrina política en La reacción y la revolución, donde ataca la monarquía, la propiedad omnímoda y el cristianismo,[9] y esboza como solución la revolución democrática de base popular. En ella aparecen nítidamente las definiciones democráticas radicales, superadoras del propio liberalismo y uno de los puntos de partida de futuras definiciones socialistas no burguesas. Aunque la obra ya contenga las doctrinas federalistas que defenderá durante su presidencia, la idea principal que desarrolla es la libertad y la soberanía individual, que puso por encima de la soberanía popular y por lo que ha sido reivindicado por los ácratas en algunas ocasiones.

Durante el Bienio Progresista, el pueblo de Barcelona propuso a Pi y Margall como candidato a diputado en las Cortes de ese año (1854), mas no saldría elegido. En la segunda vuelta, por pocos votos de diferencia, fue derrotado por el general Prim, miembro del Partido Progresista. Sus diferencias con los progresistas y con un amplio sector de su partido se fueron acentuando. Conforme iba aumentando su actividad política y su prestigio, fue recibiendo ataques de «inflexible» o «doctrinario», lo que minó su capacidad de influencia política. El exotismo de su pensamiento se hacía cada día más evidente, ya que por aquel entonces su discurso era muy crítico con el centralismo y la situación social.

En 1856 fundó la revista La Razón, pero la reacción moderada propició la caída de la publicación, tras lo cual se retiró a vivir a Vergara, de donde regresó para trabajar en La Discusión (1857), periódico del que acabó siendo director en 1864. En él redactó artículos pioneros sobre la cuestión social española, como «Las clases jornaleras», «El socialismo» o «La democracia y el trabajo». Pi y Margall había establecido contactos con organizaciones obreras, daba conferencias y redactaba documentos, comenzado a dar lecciones de política y economía en una habitación de la calle Desengaño donde había establecido un bufete de abogado en 1859. La afluencia de jóvenes de todas clases, de obreros y de intelectuales se fue haciendo en poco tiempo tan numerosa que llenaban pasillos y escalera. En estas lecciones y en estas conferencias, hasta que el gobierno las prohibió, comenzaron a exponerse las bases republicanas.[10]

De esa época data su polémica con Castelar sobre la concepción individualista o socialista de la democracia —manteniendo él la segunda— provocando que la mayoría del partido encabezado por José María Orense negara públicamente que los socialistas fueran demócratas. Pi y Margall replicó con la denominada Declaración de los Treinta, cuyos treinta firmantes del partido calificaban de demócratas a ambas tendencias, y finalmente renunció a su puesto de director a los seis meses.

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