Francisco Pérez de Saravia

Francisco Pérez de Saravia

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1.er Teniente de gobernador
de Yapeyú
25 de julio de 1771 -  13 de diciembre de 1774
Monarca

Carlos III de España

Predecesor Nuevo cargo
Sucesor Juan de San Martín

Información personal
Nacimiento ca. 1710
Señorío de Vizcaya (de Castilla la Vieja)
Flag of Cross of Burgundy.svg Corona de España
Fallecimiento diciembre de 1774
Yapeyú (de la gobernación del Río de la Plata, Virreinato del Perú)
Flag of Cross of Burgundy.svg Imperio español
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Católica
Familia
Cónyuge Sabina Gregoria Josefa de Sorarte Andonaegui y Báez de Alpoin
Hijos Manuel Pérez de Saravia y Sorarte
Información profesional
Ocupación Militar, comerciante, funcionario y gobernante colonial
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Francisco Pérez de Saravia ( señorío de Vizcaya, ca. 1710 - Yapeyú, gobernación del Río de la Plata, 13 de diciembre de 1774) era un hidalgo castellano que se transformara en Sudamérica en un rico comerciante porteño, además de ser un burócrata colonial español y un destacado militar de la gobernación rioplatense que actuó en la recuperación de Colonia de Sacramento en 1762, lo que le valió ser ascendido al grado de capitán de infantería.

En el año 1768 fue uno de los que restauraron el abandonado fuerte San Antonio del Salto Chico en la orilla oriental del río Uruguay —aunque el 20 de noviembre de 1769 fuera trasladado a la orilla occidental— por lo que daría origen a las dos ciudades rioplatenses de Concordia y de Salto.

Desde 1771 hasta su fallecimiento ocupó el cargo de primer teniente de gobernador de Yapeyú, el cual era dependiente de las Misiones Guaraníes, luego de la expulsión de los jesuitas de los dominios de la Corona hispánica. En este puesto lo sucedería el padre del futuro Libertador de América, el general argentino José de San Martín.

Biografía

Origen Familiar y primeros años

Francisco Pérez de Saravia habría nacido en el señorío de Vizcaya hacia 1710, perteneciendo a una familia noble castellana,[1]

El gran Virreinato del Perú (en marrón y diferentes tonalidades de rojos: Charcas) y sus territorios meridionales autónomos, en verde: Chile, y en diversos tonos de azules: Tucumán, Paraguay y la gobernación del Río de la Plata (en CELESTE) con el subordinado gobierno político y militar de Misiones, con sede en Candelaria, y sus tenencias de gobierno de Yapeyú, de San Miguel (en TURQUESA las tres) y la de Santiago (en AZUL), además del subordinado gobierno político y militar de Montevideo (en CELESTE CLARO).

Este último cuando fuera a Sudamérica a ocupar el cargo de gobernador rioplatense, se llevaría consigo a Saravia quien tuviera unos treinta y cinco años de edad.[3]

Viaje a la Sudamérica española

Al llegar en 1745[2]

En el año 1749 dejó el cargo burocrático y el 14 de noviembre entregó un archivo a Juan José Moreno quien hizo posteriormente un inventario al respecto.[5]

Tratado de Permuta y Guerra Guaranítica

A los cinco años de residir en Buenos Aires, el 13 de enero de 1750 se firmó el tratado de Madrid o de Permuta entre los monarcas Fernando VI de España y Juan V de Portugal, en el cual se estipulaba que la Corona española se quedara con la Colonia del Sacramento que estaba ubicada en la Banda Oriental del Río de la Plata —fundada en 1680 por los portugueses en territorio litigado por ambas potencias, conquistada por los españoles al año siguiente y entregada por el tratado de Lisboa en 1701 pero en 1705, gracias a los tercios de santafecinos comandados por Juan de Lacoizqueta, fue nuevamente conquistada, aunque la tuvieran que devolver luego del tratado de Utrecht, dos años después, en 1715— a cambio de ceder al Reino de Portugal las reducciones jesuíticas de las Misiones Orientales que quedaban en la margen izquierda del río Uruguay.

Dicho tratado provocaba una controversia entre los guaraníes ya que en los territorios lusitanos se permitía la esclavización de los aborígenes mientras que en los territorios hispanos todos los indígenas pasaban a ser súbditos del monarca español, gozando así de su protección, por lo que no podían ser esclavizados.

Esta diferencia legal entre ambas Coronas con respecto a la población originaria, provocó la resistencia a cambiar de soberanía, lo que dio como consecuencia el estallido de la Guerra Guaranítica en 1752, y en la que destacó como líder el cacique guaraní Sepé Tiarayú que los capitaneaba, pero falleció poco antes de la decisiva batalla de Caibaté del 10 de febrero de 1756, en la cual participó el oficial de milicias Francisco Pérez de Saravia,[6]​ y en la que murieron unos 1.511 aborígenes —incluido el propio cacique sucesor Nicolás Ñanguirú— y obtuvieron 154 prisioneros, aunque unos pocos centenares lograran huir.

Esta contienda enfrentó a los guaraníes contra los ejércitos de ambas potencias coloniales que defendían la imposición de las nuevas fronteras. El bando aliado, de unos 2.500 hombres de ambas naciones, incluido Saravia, sufrió solo 4 bajas —3 españoles y un portugués— y 30 heridos (10 españoles, entre los que se encontraba el propio gobernador José de Andonaegui, y 20 portugueses).

En el año precedente, en noviembre de 1755, había sido nombrado en la península el nuevo gobernador rioplatense Pedro de Cevallos, con orden expresa de apurar la demarcación de la nueva frontera establecida con el Virreinato del Brasil, pero llegaría tarde en noviembre del año siguiente a Buenos Aires al frente de una gran expedición militar, meses después de que los indígenas hayan sido derrotados.

Al poco tiempo Pérez de Saravia, acompañando a Cevallos, partió hacia las misiones jesuíticas, donde el gobernador se enteró de que los monjes estaban colaborando con el traslado y que injustamente a los indígena se les obligaba a cambiar de ubicación sin retribución alguna, por lo cual se instaló en San Borja, uno de los siete pueblos de las Misiones Orientales, y desde allí controló y organizó el traslado con mejores condiciones. Además, exigió a los portugueses la entrega inmediata de la Colonia de Sacramento que estipulaba el Tratado de Permuta, a lo que estos se negaron, y en consecuencia, no arrestó a los religiosos rebeldes ya que no entregaría los territorios a los lusitanos, convirtiéndose el gobernador Cevallos en el principal protector de los jesuitas en la región, cualidad que lo distaciaba con Saravia que era un convencido antijesuita.

Internación comercial y recuperación de Colonia de Sacramento

El 2 de noviembre de 1755, el conde-virrey peruano José Antonio Manso de Velasco transformó a la diputación creada por Andonaegui como cargo electivo debido a la petición que este le hizo al ministro Julián Arriaga el 30 de septiembre del mismo año,[8]

En 1756, el importante comerciante[10]

El 7 de abril de 1756, los cuatro comerciantes más importantes de Buenos Aires: Pérez de Saravia, Antonio de Guzmán y Mendoza, Juan de Eguía y Juan Miguel de Esparza mandaron una carta de protesta al Consulado de Cádiz, debido a que el virrey había impuesto en 1753 un nuevo derecho a la ciudad del 3%, para los gastos de la armada de esos mares que desde sus opiniones esta era inexistente, y otro del 2%, para cubrir los gastos del Consulado de Lima, provocando que los deudores de la provincia de Charcas y de la Capitanía General de Chile demoraran los pagos, lo que traería como consecuencia que los barcos comerciales anclados en el puerto de Buenos Aires retardasen en zarpar y retornar.[11]

Todo esto derivaba en la rivalidad existente entre los mercaderes limeños y los porteños, que tuvo su punto álgido a principios del siglo XVIII, siendo estos acusados por aquellos de contrabando con el extranjero, debido a su vecindad con la lusitana Colonia de Sacramento, sumado a que en 1749 el virrey hubiera impuesto una licencia para internar mercancías a Perú o Chile provenientes de las tres gobernaciones del sur: la de Río de la Plata, la de Paraguay y la de Tucumán. Además, complicando la situación el 24 de febrero de 1755, Arriaga había enviado una real orden dirigida al gobernador rioplatense argumentando la defensa de impedir la internación de mercaderías provenientes del Río de la Plata, para evitar con dicha prohibición que se filtrasen productos del contrabando.[11]

Desde el 7 de agosto[14]

En el mismo año, con la entrada de España en la fase final de la Guerra de los Siete Años, que había comenzado en 1757, y habiendo firmado el Tratado de El Pardo del 12 de febrero de 1761, los reinos interrumpieron las conversaciones bilaterales y por orden del gobernador Pedro de Cevallos mandó a ocupar de nuevo la colonia lusitana valiéndose de Pérez de Saravia que, al lograr dicho objetivo el 29 de octubre de 1762, lo recompensó con el ascenso al grado de capitán de infantería. No obstante, la guerra terminó con la firma del Tratado de París del 10 de febrero de 1763, en el que se fijó el retorno de la disputada colonia a Portugal.[3]

Por esta época, Saravia había comprado una estancia en Arrecifes al capitán Roque San Martín, llena de ganado, casa y corrales, además del paraje llamado «Cañada Bellaca», y luego, se los vendería a Juan Francisco de Aldao que a su vez el 16 de abril de 1765 daría un poder a su hermano, el doctor Antonio de Aldao quien fuera abogado de la Real Audiencia Pretorial de Buenos Aires, y vecino de la ciudad, para que tramitase la venta de la misma.[15]

Falsa acusación de contrabando y expulsión jesuítica

Al continuar en el cargo burocrático de «Diputado de Comercio» y por pertenecer al bando antijesuítico, el gobernador Cevallos lo acusó falsamente de contrabando en 1766, por lo cual lo apresó en Montevideo, pero sería liberado por falta de pruebas al asumir el nuevo gobernador rioplatense Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa el 15 de agosto del corriente y al año siguiente, por las declaraciones a su favor de los ciudadanos Juan Conde, Pedro Jiménez y Roque de San Martín, lograría Saravia mantener su inocencia y su libertad.[3]

En la península Ibérica, luego del Motín de Esquilache en Madrid de marzo de este último año, por orden de Carlos III de España mediante la Pragmática Sanción del 27 de febrero de 1767, se expulsaba a los jesuitas del Imperio español por considerarlos instigadores de dicha revuelta. Cumpliendo la orden, al año siguiente, el gobernador Bucarelli comenzaría la campaña hacia las misiones con la orden de expulsión, y el 16 de junio de 1768, junto a Saravia y otros hombres llegaron al río Uruguay y restauraron el abandonado fuerte San Antonio del Salto Chico (que originaría a las actuales ciudades de Concordia y de Salto).[16]

Por orden del gobernador Bucarelli que cumplía el real decreto, Saravia se encaminó especialmente a Concepción para apresar y desterrar al jesuita José Cardiel, y luego se dirigiría a Santa Ana, Loreto, San Ignacio Míní, Corpus y otros pueblos más, para hacer lo mismo.[17]

Al cumplir dicho objetivo en julio del mismo año, los misioneros de otras órdenes religiosas como los Dominicos —que administrarían Yapeyú, San Borja, San Nicolás, San Carlos, Mártires, San Ignacio Miní, Trinidad y Santa María de Fe— los franciscanos y los mercedarios, tomaron a su cargo los pueblos jesuíticos, y gracias a la autoridad conferida por el conde de Aranda dictó las ordenanzas del 23 de agosto del corriente, por el cual dividió el territorio general de las Misiones entre dos gobernadores interinos: al capitán Francisco Bruno de Zabala le asignó los diez pueblos de las Misiones del Uruguay, con sede en San Miguel —siendo estos las reducciones de Yapeyú, La Cruz, San Borja, Santo Tomé, San Nicolás, San Luis, San Lorenzo, San Juan y Santo Ángel Guardián de las Misiones— y al capitán Juan Francisco de la Riva Herrera, los otros veinte pueblos con centro en Candelaria.[18]

Los restantes poblados como la reducción de Nuestra Señora de Belén —al este de la actual Concepción del Paraguay del departamento homónimo— y las reducciones de San Joaquín sobre el río Acaray y San Estanislao cerca del río Monday —actuales departamentos paraguayos de Caaguazú y de San Pedro, respectivamente— fueron anexados a la gobernación del Paraguay.[18]

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