Francisco Cascales

Retrato de Francisco Cascales, grabado calcográfico de Juan Moreno de Tejada por dibujo de Antonio Carnicero para la edición de las Tablas poéticas impresa en Madrid en 1779. Biblioteca Nacional de España.

Francisco Cascales ( Fortuna, Murcia, 1563- Murcia, 1642) fue un erudito y humanista español.

Trayectoria

Son pocos los datos que se tienen sobre la familia del escritor; tuvo, al parecer, un hermano gemelo. Nunca mencionó a sus padres; tampoco habló de su familia y del posible entorno de ésta y lo mismo sucede con sus contemporáneos, por lo que se supone fue hijo natural.[1]

Del estudio de la gramática pasó a la vida militar (1585) en los Países Bajos y en Francia. Allí estuvo un buen tramo de su juventud y regresó "admirado de aquellos humanistas insignes" (dice en Cartas filológicas). Estuvo en contacto con insignes humanistas y además viajó por Italia, donde posiblemente frecuentó alguna universidad. En Nápoles fue amigo de ilustres poetas españoles y en Cartagena, de Luis Carrillo y Sotomayor, a cuyo culteranismo se opuso.

En esta última población —centro de referencia para su obra— escribió su Discurso de la ciudad de Cartagena (1598), a cuyos poetas alabó. Obtuvo allí la cátedra de gramática y luego enseñó en el murciano Seminario Mayor de San Fulgencio. Parece haber compuesto autos y comedias, hoy perdidos, para las fiestas en honor de este patrón. En cambio sí se conservan los Discursos históricos de la muy noble y muy leal ciudad de Murcia (1621), que compiló como cronista. Se casó tres veces y sólo tuvo hijos de la última esposa, hermana de los poetas Pedro y Bartolomé Ferrer Muñoz. Todavía joven fue encarcelado, al parecer, en el castillo de Chinchilla.

Como humanista destacado fue partidario de la imitación ecléctica y sobresalió como preceptista. Como poeta mereció los elogios de su amigo Lope de Vega en El laurel de Apolo. En las Tablas poéticas de 1604, impresas en 1617 gracias a la intervención de Diego de Saavedra Fajardo y con la ayuda del conde de Castro, acudió particularmente a L'arte poetica de Antonio Sebastiani Minturno y al comentario de Francesco Robortello.

Escribió también epigramas latinos inspirados en Marco Valerio Marcial y tradujo el Arte poética de Horacio, sobre la cual redactó además un tratado en latín, Epistola Horatii Flacci de Arte Poetica in methodum redacta versibus Horatianis stantibus, ex diversis tamen locis ad diversa loca translatis (Valencia, Silvestre Sparsa, 1639). Compuso además un Florilegio de versificación y una Epopeya del Cid que no llegó a concluir.

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