Fotografía de guerra

Vista típica del campo en Antietam durante la Guerra Civil Estadounidense. Foto de Alexander Gardner.

La fotografía de guerra captura imágenes de conflictos armados y de sus efectos en la vida de las personas en áreas en guerra.

Antecedentes

Guerra de Crimea: Campamento de Calvary, próximo a Balaklava. Foto de Roger Fenton.

La invención de la fotografía en los años 1830 permitió explorar nuevas posibilidades para ofrecer imágenes directas de la guerra. Anteriormente, se había empleado el dibujo y la pintura para magnificar las victorias o reflejar los terrores de la misma alternados con actos de sacrificio. Por tanto, se presentaba la fotografía como una forma de obtener imágenes basadas en hechos reales con menos posibilidades de alteración que el dibujo y la pintura.

Los reportajes bélicos se dirigían a formar una opinión pública favorable a los intereses de algún bando.[2] No obstante, existen diferentes ejemplos de fotografías tempranas realizadas mediante calotipos como las realizadas por John McCosh en la guerra entre el imperio británico y el reino sij.

Otros reportajes conocidos son los daguerrotipos realizados por un autor anónimo en la guerra de la independencia de México en 1846. También de las trincheras en las calles de París en la Revolución de 1848.[1]

Sin embargo, el primer escenario donde aparece este género fotográfico con fines de difusión popular masiva es en la Guerra de Crimea. El fotógrafo Carol Popp de Szathmàri tomó una serie de fotografías de escenas de guerra y de oficiales en la Guerra de Crimea entre 1853 y 1854 cerca de Olteniţa y Silistra. Con ellas formó álbumes de unas 200 imágenes que ofreció a Napoleón III y a la Reina Victoria.[4]

A pesar de ello fueron los fotógrafos británicos quienes se quedaron con la gloria de ser los más recordados, James Robertson, Dawson, Aldeman Mayall, o el desafortunado Richard Nicklin, enviado también por las autoridades británicas, que al regresar en el barco H.MS. Rip van Winkle, desapareció con todo su equipo durante un naufragio en el puerto de Balaclava, a causa de una tempestad en la que perecieron una veintena de buques británicos el 14 de noviembre de 1854. Las circunstancias han llevado a la desaparición o pérdida de las fotografías de estos autores. Con ellos también acudió a Crimea William Howard Russell, considerado el padre del reportaje de guerra y el fotógrafo Roger Fenton. En Francia, Napoleón IlI, envía a la guerra a varios artistas y fotógrafos, asistidos por el fotógrafo Léon Eugene Méhédin (1828-1905), que fotografía los últimos momentos del sitio de Sebastopol en condiciones muy duras, siendo más tarde los negativos (de papel) positivados en París por Fréderic Martens (1809­1875), o Jean Baptiste Henri Durand-Brager (1814-1879) y su socio Lassimone.[5]

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