Folletín

Portada de la semanario-folletín La Lune (1867).
Portada de la semanario-folletín La Lune (1867).
Portada de la semanario-folletín La Lune (1867).

Un folletín (del francés feuilleton, diminutivo de feuillet, 'hoja', página de un libro) es un género dramático de ficción caracterizado por su intenso ritmo de producción, el argumento poco verosímil y la simplicidad psicológica. Recurre a la temática amorosa, pero también al misterio y a lo escabroso. Propio de las novelas por entregas, se ha dado también en teatro, cine,[1] historieta y televisión, siempre con características similares. Es, en palabras de Jesús Cuadrado,

El género popular por antonomasia; y es la esencia de la cultura popular en cualquiera de sus facetas. Es, también, la cualidad evidente que el lector o espectador —sujeto pasivo— acepta sin extrañarse. Las coordenadas no variables de su privada gramática son, a su vez, la ética del mensaje.[2]

Características

La exigencia estética de este género no suele ser muy acusada. La misma forma en que estas obras son producidas y pagadas, así como el medio por el cual son difundidas influyen sin duda en el estilo de las mismas. Dado que se realizan a medida que son difundidas, las obras no obedecen a un plan previo. Ya en las novelas decimonónicas, a veces se hinchaba el estilo o se alargaban los diálogos con monosílabos para ocupar más y más folios, pagándose a los autores de las primeras novelas por entregas por folio escrito. Esto deriva en que los autores ya consagrados contrataban personas que trabajan para ellos y Dumas, por ejemplo, llega a tener setenta y tres colaboradores.

Al no poder rehacer lo ya producido, aparecen incongruencias en la conducta de los personajes, no hay presentación adecuada de muchos personajes secundarios, etc. Además, la distinción maniquea entre buenos y malos suele estar siempre presente.[2] Entre estos últimos, abunda el científico loco y el encapuchado.

Domina también el adjetivo común, la metáfora tópica y la descripción pintoresca de paisajes exóticos. Algunos elementos insólitos característicos son la estatua parlante, la hipnosis asesina.[3]

En lo temático, se prefiere lo exagerado, lo exótico, lo crudo. Los actos de violencia, los raptos, los adulterios, etc. aparecen a menudo y la muerte del padre es un tema frecuente. Sus finales son siempre tristes o trágicos.

Otra característica del folletín es que está dedicado a todos los públicos, con independencia de edad, sexo y condición social, aunque las mujeres sean especialmente aficionadas al mismo. La horizontalidad de sus tramas y la técnica del suspense lo convierte en un producto con una fuerte capacidad de fidelización. Se ha señalado que «si el consumidor desconfía —por su propia coartada cultural— el encuentro o no se produce o es desafortunado».[2]

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