Filosofía de la psicología

La filosofía es la madre de todas las ciencias, siendo la psicología parte de ella hasta su independencia alrededor de 1950 con el nacimiento de la psicofísica.[1] Su significado literal es psyché-logos ("estudio del alma"). Una rama de la filosofía es la filosofía de la ciencia, que, desde la división hecha por Ferrier en el siglo XIX entre ontología y epistemología, se encarga del análisis del conocimiento científicamente obtenido. Cada ciencia genera su propia epistemología o filosofía especial, con base en las características de su que hacer intrínseco. Otras de las ramas de la filosofía que se relacionan con la psicología y la epistemología es la Filosofía de la mente.

En el caso de la psicología, según Jacob Robert Kantor, ha habido tres etapas de desarrollo de sus contenidos epistemológicos: una primera ocupándose de entidades aespaciales, como el alma; una segunda en términos de orden organocéntrico-mecanicista, como las variantes estímulo-respuesta y de procesamiento de información; y una tercera, en que se abordan las interacciones complejas entre el individuo y su ambiente. Se ha llegado, pues, aparentemente, a un estudio sistémico del objeto de conocimiento. No obstante, no todas las corrientes de la psicología en vigencia practican ese enfoque sistémico de manera uniforme, debido a que parten de diferentes opciones epistemológicas en pleno debate.

El problema del objeto de estudio

Tal y como Mario Bunge indica, se aprecia - como en otras disciplinas- una falta de consenso acerca del verdadero objeto de la psicología. De esta forma, se puede definir como el estudio de la conciencia, o el estudio de la conducta manifiesta. La mayor importancia de la cuestión del objeto en comparación con otras ciencias radica en el carácter transitorio de estadio protocientífico a científico.[1]

Los objetos de su campo de estudio son "todos los animales que en circunstancias normales, son capaces de percibir y aprender, y sólo ellos". Por lo que se deja fuera del ámbito de estudio a los animales que normalmente son incapaces de aprender (aquellos sin sistema nervioso, o con uno que no permita el aprendizaje) y se calificaría como objetos de estudios a todos los vertebrados superiores (mamíferos y aves, sobre todo).[1]

En cuanto a la atención de las sociedades, Bunge considera que es legítimo estudiar la psicología de los individuos pertenecientes a diferentes sociedades, o los efectos de los grupos de pares y la presión de la masa sobre el individuo; más pretender que las totalidades sociales tienen una mente propia, es "pura fantasía holística".[1]

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