Fiebre hemorrágica argentina

Fiebre hemorrágica argentina o mal de los rastrojos
Arenaviridae-Schema.png
Esquema de un arenovirus, agente que provoca la FHA
Clasificación y recursos externos
Especialidad Infectología
CIE-10 A96.0
CIE-9 078.7
DiseasesDB 31900
MeSH D018051
Sinónimos
fiebre de Junín, mal de los rastrojos
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La fiebre hemorrágica argentina, FHA, localmente denominada mal de los rastrojos[2]

Los síntomas se intensifican en menos de una semana después de la infección, forzando al infectado a acostarse, produciéndose cada vez más fuertes síntomas de alteración vasculares, renales, hematológicos y neurológicos. Este estado no dura más de 20 días.

Si no se lo trata, la mortalidad de la FHA alcanza el 30 %.[3]

Historia

La enfermedad fue descrita a mediados de la década de 1950 por el médico argentino Rodolfo Arribalzaga[6]

Se halló que el agente causante era transmitido por roedores. Fue aislado por virólogos argentinos del ámbito académico y de la salud pública y nombrado virus Junín al ser identificado en 1958.[5]

En 1961, mediante un decreto, fue reconocida cómo enfermedad profesional de los trabajadores agropecuarios.[9]

En los años iniciales, se registraban alrededor de 1000 casos al año. Estudios realizados demostraron la eficacia del tratamiento cuando se administraba plasma obtenido de convalecientes, con anticuerpos contra el virus. Sin embargo esta estrategia tenía varios inconvenientes y la mortalidad era sustancial.[2]

En 1964 se creó la "Comisión Nacional Coordinadora para el estudio y la lucha contra la fiebre hemorrágica argentina" conformada por representantes de la salud pública del estado nacional, de las provincias afectadas, universidades y otros institutos.[9]

En 1965 se estableció un centro en Pergamino con la finalidad de diagnosticar y asistir a quienes padecían la enfermedad, quedando el diagnóstico de certeza a cargo del Instituto Malbrán. Fue durante esta etapa que se demostró la eficacia del plasma inmune.[9] Fue allí también donde surge el primer paciente diagnosticado con mal de los rastrojos, que logra salvar su vida en dicha institución. Se trata de José Illoa oriundo de la localidad de "El Arbolito".

En 1976 se desarrolló en Buenos Aires el primer Seminario Internacional en Fiebres Hemorrágicas Virales.[2]

En 1978 se crea el "Instituto Nacional de Estudios sobre Virosis Hemorrágicas" (actualmente Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas "Dr. Julio I. Maiztegui"), con sede en Pergamino. Tuvo la misión de organizar el "Programa Nacional de Lucha contra la fiebre hemorrágica argentina". Inicialmente participaron en el mismo las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y La Pampa en convenio con el Ministerio de Salud de la nación. La provincia de Córdoba se incorporaría en 1982.[9]

En septiembre del mismo año, una misión preparatoria para el proyecto de desarrollo de una vacuna de la OPS y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo visitó instituciones relacionadas con la problemática. Concluyeron que el desarrollo de la vacuna debía ejecutarse en el INEVH.[9]

Se firmó el proyecto "Desarrollo de una vacuna contra la Fiebre Hemorrágica Argentina", involucrando al gobierno de Argentina, al PNUD, a la OPS y al United States Army Medical Research Institute of Infectious Diseases (USAMRIID). Su ejecución se iniciaría en 1979. El acuerdo estipulaba que la investigación de la vacuna sería llevada a cabo por un científico argentino en los laboratorios del USAMRIID. Superados los controles iniciales de potencia e inocuidad, sería producida en Argentina por el INEVH y ensayada progresivamente en humanos. [9]

Se postularon varias hipótesis sobre la causa de la emergencia de la enfermedad pero ninguna pudo ser demostrada. Para el año 1988 centenares de casos ocurrían anualmente y no había entonces perspectivas de poder controlar la situación.[8]

Ambos países trabajaron en conjunto para el desarrollo de una vacuna. Para 1993 EEUU había desarrollado una vacuna[8]

Si bien algunos aspectos relacionados con el surgimiento de la enfermedad permanecen sin ser revelados. Desde su desarrollo, la vacuna ha sido administrada a más de 250.000 personas que viven en el área endémica y la incidencia de la enfermedad se mantiene por debajo de un centenar de casos por año.[8]

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