Ferrocarril de Madrid a Aranjuez

Coches de viajeros, de madera, del Tren de la Fresa. Imagen tomada en las vías exteriores de la Estación de Delicias, cerca del Museo del Ferrocarril de Madrid.

El Ferrocarril de Madrid a Aranjuez, inaugurado el 9 de febrero de 1851, fue la primitiva línea de ferrocarril que unía las ciudades de Madrid y Aranjuez, siendo la segunda línea ferroviaria construida en la península ibérica tras la línea Barcelona-Mataró (abierta en 1848).[1]​ Fue, sin embargo, la tercera línea ferroviaria en España, pues el 10 de noviembre de 1837 ya se había inaugurado una línea de ferrocarril entre Güines y La Habana, en Cuba (por aquel entonces todavía española).

Esta línea fue conocida más adelante como Tren de la Fresa, nombre retomado ahora como tren turístico que realiza muchos domingos del año un recorrido entre Madrid y Aranjuez recordando esa primera línea.

Historia

El marqués de Pontejos ya había presentado un proyecto de camino de hierro que fue abordado después bajo el patrocinio del marqués de Salamanca. En diciembre de 1845 se constituyó la «Sociedad del Ferrocarril de Madrid a Aranjuez», con un capital de 45 millones de reales, en la que el marqués contaba con socios como el banquero Nazario Carriquiri y al conde de Retamoso, cuñado de la reina regente. La construcción de esta línea le supuso al marqués de Salamanca algunos malos tragos económicos, pero venciendo las dificultades inauguró por fin la línea, el 7 de febrero de 1851. Presidió este acto la reina Isabel II —la propia monarca había cedido gustosamente terrenos de su propiedad, al oeste del Palacio Real, para la entrada del ferrocarril en Aranjuez—y más de mil invitados acudieron a una generosa fiesta pagada íntegramente por el bolsillo de Salamanca. Tres meses más tarde, la línea ferroviaria ya le reportaba 50.000 reales al día.

Para llevar a cabo la línea, se tuvieron que salvar diversos accidentes geográficos, con la construcción de sendos puentes sobre los ríos Jarama y Tajo. La importancia estratégica de la línea era elevada, pues suponía el primer paso para llevar el ferrocarril desde Madrid a Andalucía y al Levante español.

Se construyó una estación término, hoy desaparecida, frente a la fachada occidental del Palacio Real de Aranjuez, a la que se añadiría años después otra estación al sudoeste del casco antiguo de la ciudad, en la que paraban los trenes destino a Cuenca, tras la prolongación de la línea a esta ciudad en 1883. Ambas fueron sustituidas por otra estación, construida en 1923, y que actualmente sigue en uso. Hasta la creación de Renfe en 1941, dicha estación pertenecía a la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), como muestran los mosaicos decorativos existentes en su vestíbulo.

Creado en una época en la que los trenes eran tirados por locomotoras de vapor, los vagones eran de madera y, además de transportar viajeros, permitían llevar a Madrid rápidamente los productos de la huerta ribereña ( fresas y espárragos), de los que tomaría el nombre Tren de la Fresa.

Según cuenta la leyenda, este tren llegaba hasta la misma puerta de la residencia real y, según dicen, sus últimos metros eran de plata.

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