Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel

Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel

El Gran Duque de Alba

III duque de Alba de Tormes, IV marqués de Coria, III conde de Salvatierra de Tormes, II conde de Piedrahita y VIII señor de Valdecorneja, Grande de España
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III duque de Alba de Tormes
1531- 1582
Predecesor Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez de Quiñones
Sucesor Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez de Guzmán
Gobernador del Milanesado
1555- 1556
Predecesor Ferrante de Gonzaga
Sucesor Cristoforo Madruzzo
Información personal
Nacimiento 29 de octubre de 1507
Piedrahita ( Ávila)
Fallecimiento 11 de diciembre de 1582 (75 años)
Tomar
Familia
Cónyuge María Enríquez Álvarez de Toledo
Descendencia Véase Hijos
Carrera militar
Apodo El Duque de Hierro
Lealtad Flag of Cross of Burgundy.svg España
Fuerza Infantería
Unidad Tercio español
Mandos Capitán General del ejército de Flandes
Conflictos


Coat of arms of the House of Alvarez de Toledo, duchy of Alba de Tormes, Grandee of Spain.svg
Escudo de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel

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Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, también Ferdinandus Toletanus Dux Albanus[3] fue un noble, militar, diplomático español, III duque de Alba de Tormes, IV marqués de Coria, III conde de Salvatierra de Tormes, II conde de Piedrahita y VIII señor de Valdecorneja, Grande de España y caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro.

Introducción

Fue el hombre de mayor confianza y obediencia del rey Carlos I y de su hijo y sucesor, Felipe, Mayordomo mayor de ambos, miembro de sus Consejos de Estado y de Guerra, gobernador del ducado de Milán (1555-1556), Virrey del reino de Nápoles (1556-1558), Gobernador de los Países Bajos españoles (1567-1573) y Virrey y condestable del reino de Portugal (1580-1582). Representó a Felipe II en sus esponsales con Isabel de Valois y con Ana de Austria, quienes fueron la tercera y la cuarta -y última- esposas del monarca respectivamente.

Considerado por los historiadores como el mejor general de su época[6] se distinguió especialmente en la Jornada de Túnez (1535) -participando en la victoria de Carlos I sobre el pirata otomano Barbarroja que devolvió el predominio de la Monarquía Hispánica sobre el occidente del Mar Mediterráneo-, y en batallas como Mühlberg (1547) -en la que el ejército del emperador Carlos venció a los príncipes protestantes alemanes-. Eternizó su memoria reprimiendo la rebelión de los Países Bajos, donde actuó con gran rigor castigando a los rebeldes, instituyendo el Tribunal de los Tumultos y derrotando totalmente a las tropas de Luis de Nassau en la Batalla de Jemmingen y a Guillermo de Orange en la Batalla de Jodoigne en los primeros momentos de la Guerra de los Ochenta Años. Coronó su carrera ya anciano con la crisis sucesoria en Portugal de 1580, venciendo a las tropas portuguesas del pretendiente Antonio, prior de Crato, en la Batalla de Alcántara y conquistando ese reino para Felipe II. Gracias a su genio militar España logró la unificación de todos los reinos de la península ibérica y la consecuente ampliación de los territorios de ultramar.

Fue el más importante de los representantes de la casa de Toledo o casa de Álvarez de Toledo. [8]

El 26 de diciembre de 1566 recibió la Rosa de Oro, el bonete y el estoque bendito otorgados por el papa Pío V, a través del breve Solent Romani Pontifices, en premio a sus singulares esfuerzos en favor del catolicismo y por ser considerado como uno de sus campeones.[10] .

Fue camarada de armas, amigo y protector del poeta y soldado Garcilaso de la Vega, que dedicó parte de su Égloga II a ensalzar a la casa de Alba y su duque.

Su divisa en latín era Deo patrum nostrorum, que en español significa Al Dios de nuestros padres.

Su figura constituye una de las más importantes de la leyenda negra española, que lo describe como un auténtico señor de la guerra, famoso e intrépido pero, al mismo tiempo, brutal, implacable y severo al extremo.[12] y un líder indiscutible, duro, recio y respetuoso de sus hombres. Los discursos donde decía, «señores soldados», hacían de las delicias de los Tercios, sus tropas de élite. Acostumbraba expresar:

Los reyes usan a los hombres como si fuesen naranjas, primero exprimen el jugo y luego tiran la cáscara.

La vida del III duque de Alba fue jalonada por una larga serie de hazañas militares que contribuyeron a que España alcanzase su apogeo durante el siglo XVI.

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