Fenomenología trascendental

La fenomenología trascendental fue fundada por Edmund Husserl en un intento de renovar la filosofía como una ciencia estricta y una empresa colectiva. La fenomenología asume la tarea de describir el sentido que el mundo tiene para las personas,[1]​ partiendo de un método y un programa de investigaciones.

La fenomenología ha sido el motor de grandes líneas del pensamiento continental, tales como la deconstrucción, el postestructuralismo, el pensamiento de la otredad, la posmodernidad y el existencialismo.

Desarrollo de la fenomenología trascendental

Edmund Husserl presenta por primera vez su fenomenología en las Investigaciones Lógicas, publicadas en dos tomos en 1900 y 1901. En estas, presenta una aguda crítica al psicologismo, y desarrolla algunos conceptos heredados de Brentano, como el de vivencia intencional, que posteriormente ocupará un lugar central en la fenomenología. La intencionalidad es descrita allí como la propiedad de las vivencias de estar referidas a algo.[2]​ La vida de conciencia es necesariamente intencional: esto es, todas las vivencias se refieren necesariamente a objetos. A los objetos entendidos como correlatos necesarios de vivencias, Husserl los denomina objetos intencionales.

La fenomenología aparece en esta obra como una ciencia que debe de proceder conforme a un método. Este método supone varios elementos. Uno de ellos es la variación eidética, que consiste en comparar varios objetos intencionales para destacar una esencia común.

Otro elemento metódico es la apelación a una mereología, o teoría de los todos y las partes, a partir de la cual se han de distinguir entre partes independientes y partes no independientes de las esencias de los objetos intencionales. Con esto es posible describir las relaciones entre estas partes en términos de fundamentación.[3]​ Por último, el método supone también una teoría del cumplimiento de las vivencias intencionales. (A este cumplimiento lo denominará más tarde, en Ideas I, evidencia, "Evidenz").

De acuerdo con esta teoría, la pregunta por el sentido intencional se responde a partir de las vivencias perceptivas en las que se captan objetos reales o ideales. En cuanto a este último punto, Husserl afirma que también en las vivencias que tienen ideas como objetos intencionales es posible distinguir entre vivencias que presentan a sus objetos y vivencias que sólo los mentan de manera vacía (esta mención vacía es una posibilidad que surge con el lenguaje). Por ello cabe pensar en las vivencias en las que se captan o intuyen ideas como vivencias análogas a aquellas en las que se percibe un objeto real. Desde este punto de vista los objetos son inconcebibles sin su referencia a las vivencias en las que se muestran: el postulado de una cosa en sí, independiente de la vida de conciencia, es absurdo.

Así pues, en resumen, en las Investigaciones Lógicas la fenomenología ya es concebida una ciencia que estudia las estructuras esenciales de las vivencias y los objetos intencionales, así como relaciones esenciales entre tipos de vivencias y de objetos intencionales. Por otro lado, el propósito de la fenomenología tal y como es propuesta en esta obra consistiría en la aclaración epistemológica de la lógica pura, que comprendería también a la matemática, a partir del cumplimiento de las vivencias intencionales de las objetividades lógicas.[4]

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