Feminidad

Feminidad o femineidad es el conjunto de cualidades que en una cultura particular, alude a los valores, características y comportamientos tanto aprendidos, como a características específicamente biológicas de una mujer o niña. Su complemento es el concepto de masculinidad. El concepto de feminidad también se ha desarrollado como "ideal de feminidad" en el sentido de un patrón o modelo deseable de mujer.

Se entiende por feminidad un conjunto de atributos asociados al rol tradicional de la categoría mujer. Algunos ejemplos de esos atributos son la comprensión, la delicadeza y suavidad, la muestra de afecto, la educación y los cuidados de la descendencia, etc. De manera que a lo largo de la historia de (al menos) los países occidentales, y todavía hoy día, las mujeres han sufrido una gran presión social para responder delante de las demás con comportamientos asociados a esos atributos.

De la misma manera, los atributos de la masculinidad deben ser asociados sólo a los del hombre, y, por tanto, nunca hasta hoy día, en que empieza a haber cierta permisividad y apertura de miras, ha sido bien considerado que una mujer tuviera actitudes asociadas con la masculinidad.

Lo cierto es que tanto los hombres como las mujeres, suelen tener actitudes diversas que no tienen porqué encajar dentro del binomio feminidad y masculinidad.

De esta manera, por presión y reiteración de actitudes y roles, el binomio ha contribuido a generar desigualdades de género y discriminaciones.

Historia

Venus Anadyomène (El Nacimiento de Venus) de Jean Auguste Dominique Ingres (1848).

El género homo aparece en el periodo del Pleistoceno de la Era Cenozoica, introduciendo el ser humano anatómicamente evolucionado ( homo habilis) que derivaría en la línea del homo sapiens. La posición bípeda del homo habilis provocó una serie de cambios anatómicos entre los que se encuentra la poca adecuación al entorno debido a sus capacidades casi racionales y habilidades de creación. Las hembras, debido a su posición bípeda, desarrollaron una reducción en la pelvis que tuvo como consecuencia periodos de gestación más cortos, lo que implicó un mayor tiempo dedicado a la crianza del neonato y los inicios paleontológicos del culto hacia la figura materna.[1]

En la sociedad del homo sapiens nómada se establece el pensamiento mágico en una base empírica sin fundamentos reales.[4]

En la sociedad sedentaria del homo sapiens se establecen diversos modelos sociales que involucran las tareas sociales del género y edad dentro de la comunidad paleo-agrícola. La división de trabajo fue determinante en la construcción de roles de género, ya que normalmente, las mujeres eran asignadas al cuidado del hogar, la procreación, la recolección y otras tareas de bajo impacto.[6]

En la noción religiosa de la Antigüedad clásica se conserva la idea de la madre como progenitora y creadora de vida, por lo que la adoración solía estar centrada en figuras femeninas. El culto solar y el culto lunar formaban un antagonismo que representaba la figura paterna y la figura materna, respectivamente. La noción prehistórica de la fertilidad y capacidad materna de la mujer se conservan y se representan como la metáfora de la fertilidad de la Tierra. En distintas cosmovisiones de la antigüedad clásica se identifican dioses creadores de vida que suponen una pareja heterosexual matrimonial que concedió a la tierra y la humanidad ciertos dones para desarrollar la vida y distinguirse de las demás especies animales; en otras cosmovisiones se atribuye la creación únicamente a un deidad masculina o a una deidad femenina.[10]

Promocional de Her Husband's Trademark (A las Mujeres) con Gloria Swanson (1922)

En la Edad Media y el Renacimiento la mujer se identificó principalmente con las tareas domésticas, aunque también se incluye a la vida religiosa, la vida monárquica y el rol militar. La mujer feudal fue marcada por la devoción matrimonial y obediencia masculina, normalmente dedicada a las labores domésticas como la cocina, la costura, la artesanía, el cuidado de los hijos y el servir al esposo en aspectos laborales en caso de contar con vida matrimonial. Los conventos ofrecieron una alternativa a aquellas mujeres que no deseaban una vida matrimonial y tenían la vocación religiosa. La Iglesia Católica y su principio filosófico eran normalmente determinadas por figuras masculinas, hasta la introducción de figuras femeninas determinantes en la filosofía religiosa como Catalina de Siena y Teresa de Ávila. La mujer comienza a ejercer un papel político como monarca o reina y, en algunas ocasiones, es incluida como cuerpo militar por la devoción matrimonial hacia su esposo.[12]

En el siglo XVIII se intenta introducir a la mujer políticamente activa y la igualdad de género con las reformas fallidas de Olympe de Gouges sobre la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de 1791 y la introducción política de Mary Wollstonecraft. La mujer continúa siendo una simple acompañante de la figura masculina en la vida matrimonial hasta las primeras décadas del siglo XX.[16]

En el siglo XX la mujer se caracterizó por tomar un rol social más activo en el que comenzó a desempeñar actividades socialmente atribuidas a hombres. En la década de los 20's, durante la Era del jazz, surge una nueva ideología femenina sobre la mujer sexualmente activa conocida como flapper, la cual también sostenía relaciones sexuales ocasionales, conducía vehículos, consumía alcohol y tabaco, y utilizaba ropa ligera que era frecuentemente identificada como atrevida u obscena.[20]

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