Fauna abisal

Eurypharynx pelecanoides, conocido como el «pez pelícano», es una especie marina poco conocida que habita en los mares tropicales y subtropicales. Se cree que alcanza grandes profundidades que van desde los 900 hasta 8000 metros (8 kilómetros),[1]​ por lo que se encuentra tanto en la zona batipelágica y hadopelágica.

La fauna abisal o fauna abisopelágica hace referencia a todas aquellas especies marinas que habitan en las más grandes profunidades de los mares y océanos.

la zona abisopelágica o zona abisal es uno de los niveles en los que está dividido el océano según su profundidad, está situada por debajo de la zona batipelágica y por encima de la hadopelágica y corresponde al espacio oceánico entre 4000 y 6000 metros de profundidad.[4]​ Son ciertas especies que nadan libremente, viven y se alimentan en aguas abiertas a dichas profundidades y nunca se aproximan a la superficie, excepto algunas de ellas.

Según Census of Marine Life (CoML) existen más de 17 000 especies abisales de las cuales 5700 viven a más de 1000 metros. Los descubrimientos sobre organismos de aguas profundas han sido posibles gracias al uso de equipos especializados tales como vehículos robóticos no tripulados, submarinos, cámaras, batiscafos, sónares, entre otros, capaces de explorar profundidades de hasta 11 000 metros.[5]

Las insondables profundidades abisales albergan una curiosa fauna con una apariencia monstruosa en su mayor parte.[6]

Exploración de las profundidades marinas

Sumergible DSV Alvin en las profundidades del océano. Además de explorar la fauna marina también ha realizado investigaciones a las fuentes hidrotermales que se encuentran a más de 2500 metros de profundidad.

Se cree que desde el año 700 los marineros vikingos realizaron las primera exploraciones con el objetivo de «medir la profundidad del mar y para recolectar muestras del fondo marino».[8]

Las primeras formas de vida de las profundidades fueron descubiertas en 1864 cuando investigadores noruegos obtuvieron una muestra de un crinoideo a una profundidad de 3109 metros (10 200 pies).[9]

La exploraciones en las profundidades del mar avanzaron considerablemente en los años 1900 gracias al desarrollo de la tecnología. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA) los seres humanos solo han explorado el 5% del fondo de los océanos, el restante aún permanece inexplorado.[12]

En 1950 se diseñaron varios vehículos no tripulados para exploraciones en el fondo marino, uno de ellos fue el benthograph, un equipo diseñado exclusivamente para captar fotos que constaba de luz estroboscópica y una cámara especial. Fue desarrollado por la Universidad de California con apoyo de la fundación Allan Hancock y, aunque fue una gran invención en su momento, el equipo finalmente terminó en la profundidades marinas al quedar atascado en medio de unas rocas.[13]

Para mediados de los años 1960 y 1970 la Armada de los Estados Unidos empezó a utilizar con mayor frecuencia los vehículos operados a distancia, también conocidos por el nombre de ROV Sumergible, cuyas exploraciones resultaron determinantes ya que por medio de estos artefactos se hicieron importantes descubrimientos como el caso de una bomba nuclear perdida en el mar Mediterraneo.[14]​ Más de una década después de su introducción, los ROV se hicieron imprescindibles y casi que determinantes para las investigaciones en las profundidades.

Debido a que existe una gran diferencia de presiones entre el fondo del mar y la superficie, es casi imposible que los organismos abisales sobrevivan en un entorno diferente, esto dificulta seriamente las investigaciones por parte de biólogos y científicos ya que la información más útil se obtiene mientras las criaturas están vivas o en constante movimiento.[17]

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