Fanny y Alexander

Fanny y Alexander (Fanny och Alexander en sueco) es una película sueco- franco- alemana de 1982, escrita y dirigida por Ingmar Bergman, ganadora de cuatro Oscar como Mejor película extranjera, Mejor fotografía, Mejor diseño de vestuario y Mejor dirección de arte. Ingmar Bergman fue nominado como mejor director y mejor autor de guion original. El film fue concebido originalmente como una película de 4 partes para televisión y editada en esa versión, con una duración de 312 minutos. Posteriormente se produjo una versión de 188 minutos para proyección cinematográfica, y fue la que de hecho se estrenó primero. Desde entonces, la versión para televisión ha sido proyectada como una película de una sola parte; tanto la versión larga como la corta han sido presentadas en teatros de todo el mundo.

Sinopsis

Se celebra la Navidad de 1907 en la mansión de la acaudalada familia Ekdahl. La acción transcurre en Upsala, el epicentro eclesiástico de Suecia desde 1164, sede del Arzobispo de la iglesia de Suecia, de la catedral más grande de Escandinavia, y de la Universidad de Upsala, el centro de educación superior más antiguo de Escandinavia. La cabeza de la familia es la viuda Helena Ekdahl, quien ha sido actriz en el teatro propiedad de la familia, cuyo director es su hijo Oscar. Sus otros hijos son el lujurioso Gustaf Adolf, propietario de un restaurante, y Carl, un catedrático agobiado por las deudas que ultraja e insulta a su esposa alemana, una mujer que no le pudo dar un hijo, de una autoestima muy baja, que le soporta todos sus vejámenes, que nunca ha aprendido bien el sueco y quien lo llama Karlchen (“Carlitos”, en alemán). Fanny y Alexander son los hijos de Oscar con la bella y joven Emilie, a quien su esposo no satisface sexualmente, y quien se encuentra prendada del obispo protestante de la ciudad, el viudo y apuesto Edvard Vergérus. Oscar, quien ya se encuentra enfermo, sufre un desmayo mientras ensaya al fantasma del padre de Hamlet y poco después muere rodeado de su familia. Oficia el entierro el obispo, quien consuela a la viuda Emilie.

Pronto Emilie acepta la propuesta de matrimonio de Vergérus y se va a vivir con los niños a la austera casa del obispo, quien la convence de no llevar sus antiguas pertenencias para cortar definitivamente con su pasado. Ya juntos, el obispo cambia completamente su actitud protectora hacia Emilie y se revela como un hombre posesivo, inflexible y cruel, secundado por su madre, su hermana y una criada. Odia particularmente a Alexander, quien se rebela contra él, al igual que Emilie. El obispo reprende severamente a Alexander cuando una criada le informa que el niño había comentado que se le habían aparecido los fantasmas de las hijas y la primera esposa del obispo para revelarle que habían perecido ahogadas al intentar escapar del encierro al que las tenía sometidas sin agua ni alimentos, el cual ya se había prolongado por cinco días, y que la madre había perdido la vida en el afán de salvar a las hijas. Después de hacerlo confesar, Vergérus azota y hasta hacer sangrar a Alexander, y lo manda a dormir encerrado y aislado en el ático, donde se le aparecen de nuevo las hijas del obispo, quienes lo atormentan diciéndole que ha mentido, que su padre no las había encerrado, que su muerte y la de su madre había sido accidental, y que deje al obispo tranquilo, tras lo cual la menor le vomita en la cara; más tarde Emilie lo encuentra vapuleado y lo libera del castigo.

Ante la rebeldía de Emilie, quien se encuentra embarazada, Edvard le prohíbe cualquier contacto con el mundo exterior. Cuando la familia Ekdahl es consciente del sufrimiento de Emilie y de sus hijos, piden ayuda al marchante de arte y prestamista judío y amigo de la familia, Isak Jacobi (quien ha sido amante de Helena por muchos años), quien con un engaño y un truco de magia rescata a los niños y los lleva escondidos en un baúl a su tienda. Gustav y Carl tratan de intimidar y sobornar a Vergérus para que le conceda el divorcio a Emilie y deje en paz a los niños, pero el obispo no se deja manipular, se niega rotundamente y finalmente les presenta a una cambiada Emilie que ruega a sus cuñados que le devuelvan a sus hijos. En la tienda de arte de Jacobi, Alexander conoce al extraño y misterioso sobrino del mercader judío, Ismael Retzinsky, a quien mantienen encerrado. Ismael ve en visión los deseos de Alexander de que Edvard muera, y lo que ocurre en la casa episcopal: Elsa Bergius, la tía enferma del obispo, provoca de manera aparentemente accidental (o tal vez llevada por el poder mental de Ismael, quien simultáneamente capta y le transmite los deseos de Alexander) un incendio en su habitación al hacer caer una lámpara encendida y, envuelta en llamas, corre a la cama de Edvard, se aferra a él, haciendo que el obispo se abrase también sin poder evitarlo, pues se encontraba adormecido por un caldo con somnífero ( bromuro) que Emilie le había dado para poder escapar. La policía exime a Emilie de toda culpa concluyendo que la horrible muerte de Vergérus obedeció a una desafortunada coincidencia.

Emilie regresa a la casa Ekdahl y con ella la alegría a la mansión. En el epílogo, se celebra una gran fiesta por el bautizo de dos bebés: la hija que Emilie ha tenido con el obispo y Helena Victoria, hija ilegítima de Gustav Adolf y la joven y coja niñera Maj. Gustav no tiene la menor intención de dejar a su esposa Alma, a quien nada le importa la infidelidad de su esposo y, en cambio, acoge alegremente a Helena Victoria, al igual que el resto del clan Ekdahl. Por tal motivo, Maj decide dejar la vida de amante de Gustav y establecerse con Petra en Estocolmo, donde piensan abrir una sombrerería. Después de la celebración, Alexander, quien constantemente veía y conversaba con el fantasma de su padre, es derribado por el fantasma del obispo mientras camina de noche por la mansión comiendo galletas; Vergérus le advierte que no podrá escapar de él. Finalmente, Emilie despierta de nuevo la afición por al teatro de Helena Ekdahl con un ejemplar recién publicado de Un Sueño, de August Strindberg, «ese viejo misógino» a decir de Helena, lo que no le impidió sentarse a leer la obra.

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