Exposición Internacional de Barcelona (1929)

EXPO Barcelona 1929
Spain-Cinderella Stamp-1929 Barcelona Expo.jpg
Sello ganador del concurso. Autor Francesc Fàbregas Pujadas
Vista general
Clase- BIE Internacional
Nombre Exposición Internacional de Barcelona
Edificio Palacio Nacional (Barcelona)
Área 118 hectáreas
Participantes
Países 20
Localización
País Bandera de España  España
Ciudad Barcelona
Sitio Montjuïc
Coordenadas 41°22′14″N 2°09′00″E / 41.37056, 41°22′14″N 2°09′00″E / 2.15000
Fechas
Apertura 20 de mayo de 1929
Clausura 30 de enero de 1930
Ediciones universales
Anterior Exposición Universal de San Francisco (1915)
Siguiente Exposición Universal de Chicago (1933)
Simultáneo
Universal Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929)
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La Exposición Internacional de Barcelona[2] Entre la veintena europea de naciones que oficialmente participaron estaban países como Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Hungría, Italia, Noruega, Rumanía y Suiza. También participaron expositores privados japoneses y estadounidenses.

En Barcelona se guardaba un grato recuerdo de la Exposición Universal de 1888, que supuso un gran avance para la ciudad en el terreno económico y tecnológico, así como la remodelación del Parque de la Ciudadela. Por eso se proyectó esta nueva exposición para dar a conocer los nuevos adelantos tecnológicos y proyectar la imagen de la industria catalana en el exterior. De nuevo, la exposición originó una remodelación de una parte de la ciudad, en este caso la montaña de Montjuic, así como de sus zonas colindantes, especialmente la Plaza de España.

La Exposición supuso un gran desarrollo urbanístico para Barcelona, así como un banco de pruebas para los nuevos estilos arquitectónicos gestados a principios del siglo XX; a nivel local, representó la consolidación del novecentismo, estilo de corte clásico que sustituyó al modernismo preponderante en Cataluña durante la transición de siglo; además, supuso la introducción en España de las corrientes de vanguardia internacionales, especialmente el racionalismo, a través del Pabellón de Alemania de Ludwig Mies van der Rohe.[3] La Exposición dejó numerosos edificios e instalaciones, algunos de los cuales se han convertido en emblemas de la ciudad, como el Palacio Nacional, la Fuente Mágica, el Teatre Grec, el Pueblo Español y el Estadio Olímpico.

Origen de la Exposición

Vista del Palacio Nacional con los proyectores al fondo.

La idea de una nueva exposición comenzó a gestarse en 1905, promovida por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch, como una forma de llevar a cabo el nuevo Plan de Enlaces diseñado por Léon Jaussely.[3] Inicialmente se pensó que el recinto de la exposición estuviese en la zona del Besós, pero en 1913 se decidió su ubicación definitiva en Montjuic. Debido al auge de la industria eléctrica desde finales del siglo XIX se pensó realizar una Exposición de Industrias Eléctricas, prevista inicialmente para 1917, aunque se retrasó debido a la Primera Guerra Mundial.

El proyecto de Puig i Cadafalch recibió el respaldo de la institución empresarial Fomento del Trabajo Nacional, especialmente de Francesc d’Assís Mas, uno de sus dirigentes, que se encargó de las negociaciones con los diversos organismos oficiales implicados en el proyecto. Así, en 1913 se creó una comisión mixta para la organización del evento, formada por representantes del Fomento Nacional del Trabajo y del Ayuntamiento, siendo nombrados comisarios de la organización Josep Puig i Cadafalch, Francesc Cambó y Joan Pich i Pon.[4]

En 1915 se presentó un primer anteproyecto a cargo de Puig i Cadafalch, que se dividió en tres proyectos más concretos, cada uno encargado a un equipo de arquitectos: Puig i Cadafalch –con Guillem Busquets– se reservó la parte baja de la montaña, destinada a la Sección Oficial; Lluís Domènech i Montaner y Manuel Vega i March se encargaron de la parte alta de la montaña, destinada a Sección Internacional; y Enric Sagnier i Villavecchia y Augusto Font Carreras desarrollaron el sector de Miramar, destinado a una posible Sección Marítima del certamen que finalmente no se llevó a cabo.[5]

La primera dificultad fue la consecución de los terrenos, ya que para la exposición hacían falta al menos 110 hectáreas, y el Ayuntamiento de Barcelona solo poseía 26 en 1914. Se tuvo que recurrir a la expropiación de terrenos, conforme a una ley de 1879 para la expropiación de terrenos con fines públicos.[6] En 1917 comenzaron las obras de urbanización de la montaña de Montjuic, a cargo del ingeniero Marià Rubió i Bellver. El proyecto de ajardinamiento corrió a cargo de Jean-Claude Nicolas Forestier, que contó con la colaboración de Nicolau Maria Rubió i Tudurí; realizaron un conjunto de marcado carácter mediterráneo, de gusto clasicista, combinando los jardines con la construcción de pérgolas y terrazas. Igualmente, se construyó un funicular para acceder hasta lo alto de la montaña, así como un Transbordador aéreo para acceder a la misma desde el Puerto de Barcelona, aunque fue inaugurado posteriormente ( 1931).

Avenida de la Reina María Cristina.

Las obras se retrasaron varios años, siendo finalizadas en 1923; sin embargo, la instauración ese año de la dictadura de Primo de Rivera postergó la celebración del evento, que finalmente se produjo en 1929, coincidiendo con la Exposición Iberoamericana de Sevilla.[8]

Proyecto de urbanización de Montjuïc de Puig i Cadafalch (1917).

El desarrollo posterior del certamen evidenció una gran variedad estilística en los edificios construidos por diversos arquitectos, algunos fieles al novecentismo imperante en la época, pero otros recurrentes a tendencias historicistas y eclécticas que pervivían desde finales del siglo XIX, con especial influencia del arte barroco español. Pese a esta diversidad, un sello común a todas las construcciones –al menos, las oficiales–, fue un sentido monumental y grandilocuente de concebir la arquitectura. En cambio, en los pabellones privados y de la Sección Internacional se encontraban soluciones más avanzadas, paralelas a las corrientes de vanguardia de la época, principalmente el art déco y el racionalismo, en las que además subyacía la intención de conjugar funcionalismo y estética.[9]

La inauguración, efectuada por el rey Alfonso XIII, se realizó el 19 de mayo de 1929, y contó con la asistencia del presidente del gobierno, Miguel Primo de Rivera, y la de múltiples personalidades del mundo de la política, la economía y la cultura catalanas, encabezados por el alcalde Darius Rumeu i Freixa, barón de Viver, y por Manuel de Álvarez-Cuevas y Olivella, presidente del Comité organizador. Asimismo, asistieron unas 200.000 personas entre el público en general.[10]

La Exposición dejó un saldo final de un déficit de unos 180 millones de pesetas. Su éxito fue relativo: durante su celebración se produjo el célebre crack de la bolsa de Nueva York, el 29 de octubre de 1929, lo que redujo el número de participantes en el certamen. Pese a todo, sí se consiguió un gran éxito a nivel social, con gran afluencia de público, y los logros conseguidos para la ciudad, sobre todo a nivel arquitectónico y urbanístico, hicieron de la Exposición un evento de primera magnitud para la historia de Barcelona.[11]

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