Explotación social

Se entiende por explotación social una relación social aceptada o legitimada ya sea por las costumbres o las leyes, en la cual algunas personas —generalmente definidas como miembros de alguna categoría o jerarquía o que poseen un estatus o rol social especifico— son abusadas[2] a beneficio de otros debido a su pertenencia a tal categoría o estatus.

Orígenes y evolución del concepto

El análisis sobre la desigualdad social y económica, en el sentido de diferencias en las posiciones o Estatus social, marginación de mecanismos de decisión o Poder (sociología) y acceso a los bienes producto de la actividades sociales, tiene su origen en un período anterior a la modernidad, con personajes tales como, por ejemplo, Aristóteles -para quien era una situación "natural", producto de la diferencias entre los seres humanos- o Rousseau -para quien el problema se origina debido a la división del trabajo, lo que eventualmente lleva a la pérdida del "estado natural" original lo que a su vez lleva a que, en sus palabras, "los ricos y poderosos" establezcan un sistema sesgado en su favor, instituyendo así la desigualdad como un hecho de la naturaleza humana"[3]

Las primeras tentativas de utilizar la explotación como categoría de análisis político-social se encuentran en el pensamiento utópico de Babeuf; Robert Owen, Henri de Saint-Simon. Estos tentativas eventualmente llevaron a la obra de Marx y Engels, quienes desarrollarían una completa teoría filosófica sobre la materia.

Lo anterior ha dado origen a dos percepciones diferentes, aunque no necesariamente opuestas:

1.- La percepción ética: desde este punto de vista, la explotación implica el tratamiento de un individuo como solo un medio para un fin o el uso de la persona como objeto. Esta percepción se extiende a la consideración del ser humano como nada más que mano de obra; un recurso o fuente de trabajo.[4]

2 La percepción económica: desde este punto de vista se considera que explotación envuelve el uso del trabajo de alguna persona sin otorgar a cambio una remuneración o salario adecuado. Qué exactamente sería tal remuneración es materia que ha generado algún debate. Por ejemplo, en la concepción liberal clásica, el "salario justo" es aquel al cual tanto el empleador como el asalariado llegan libremente, sin intervención de terceros. Desviaciones de esa situación se producen solo cuando ya sea un lado o el otro distorsiona el libre mercado -por ejemplo, a través de carteles o en situaciones de monopolio- Sin embargo otras concepciones argumentan que todo salario es injusto, en la medida que el asalariado solo recibe una parte del producto de su labor (el resto quedando al empleador). Esta visión se extiende a considerar que el exceso no remunerado del trabajo -ver Plusvalor- constituye la base y objeto sobre y por la cual un grupo, sector o clase social subyuga a otras.[5]

Esta última percepción fue introducida por Karl Marx en el marco de la economía clásica. Parece entonces conveniente tener una visión general de esa problemática.

Explotación en la Economía clásica

Los economistas clásicos buscaban explicar un fenómeno central: la expansión de la producción económica y la caída de los precios que observaban en ese periodo, el comienzo de la Revolución Industrial, lo que Marx y otros llamaron Capitalismo.

Adam Smith representó lo anterior con su célebre ejemplo de la manufactura de alfileres (inspirado en L'Encyclopédie de Diderot y d'Alembert): allá dónde un solo herrero no podría producir más de diez alfileres por día, la fábrica utiliza los obreros en varias tareas diferentes (estirar el alambre, cortarlo, afilarlo, etc.), y llega así a producir cerca de 5 000 alfileres por obrero empleado. Junto a ese gran incremento en las cantidades producidas (ver productividad), se ve una disminución, igualmente extraordinaria, en el precio de los alfileres. (Smith nota que, adicionalmente, los trabajadores ganan más en las fábricas que como trabajadores independientes)

La explicación de lo anterior es compleja, pero incluye, en el lado del aumento de la producción, las mejoras tanto en los métodos de organización ( la división del trabajo); como en los medios físicos ( herramientas, maquinas), etc. En el lado de los precios, la Competencia (economía).

Respecto al último punto, el argumento central es el siguiente: considérese el caso en el cual dos o más empresas compiten para abastecer (vender) en un mercado dado. Dado que es el caso que, a fin de maximizar sus ventas y concomitantes ganancias, ambas desean vender tanto como sea posible, se ven forzadas a reducir sus precios al mínimo posible. En las palabras de Smith:

"El precio de un monopolio es en cada ocasión el más alto que se puede conseguir. El precio natural, o el precio de la libre competencia, por el contrario, es el más bajo que se puede tomar, no de hecho en cada ocasión pero sobre un tiempo considerable. El uno es en cada ocasión el más alto que se puede exprimir de los compradores, o el que, se supone, van a consentir dar: el otro es el más bajo que los vendedores generalmente pueden permitirse aceptar, y al mismo tiempo continuar sus negocios.".[6]

Ese mínimo es el del costo de producción. Sin embargo esto produce un problema. La economía, tanto clásica como en general, asume que los agentes económicos actúan en persecución de sus intereses, es decir, motivados por su ganancia personal (ver egoísmo racional). Si es el caso que el precio de mercado de los bienes y servicios es igual al de su costo de producción, cual es la motivación del empresario o capitalista?. Ese empresario o capitalista solo se interesa en participar en el proceso de producción, de acuerdo a la teoría, en la medida que aumenta su ganancia personal, es decir, en la medida que obtiene más de ese proceso que lo que obtendría si no participara. El problema es: dado que, de hecho, solo se vende al costo de producción, los precios están disminuyendo pero todos los que participan en ese proceso están ganando más que lo que de otra manera podrían, de donde viene esa ganancia extra?

La solución, obvia en la opinión de Smith, Marx, etc, es que algún o algunos de los factores que inciden en la producción no están siendo o no han sido pagados lo que corresponde. De acuerdo a las concepciones económicas del periodo, ni los recursos naturales (tierra, materias primas, etc) ni las herramientas o maquinas pueden, por si mismas, producir algo[7] La fuente última de cualquier cosa y todo lo producido es el trabajo. (ver teoría del valor trabajo)

Sigue que el único factor que puede recibir menos que su contribución al proceso de producción son los trabajadores. Producen todo, pero solo reciben — como sueldos y salarios— parte del valor monetario de ese producto.

Marx denomina plusvalía esa diferencia entre lo que los trabajadores producen y lo que reciben como salarios y considera que representa el monto físico o medida de la explotación. En sus palabras:

"La tasa de plusvalor, por consiguiente, es la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital, o del obrero por el capitalista [10] (Nota a la 2ª edición. Aunque expresión exacta del grado de explotación al que está sujeta la fuerza de trabajo, la tasa de plusvalor no expresa la magnitud absoluta de la explotación. Por ejemplo, si el trabajo necesario es = 5 horas y el plustrabajo = 5 horas, el grado de explotación será = 100 %. La magnitud de la explotación se mide aquí por 5 horas. En cambio, si el trabajo necesario es = 6 horas y el plustrabajo = 6 horas, el grado de explotación seguirá siendo de 100 %, mientras que la magnitud de la explotación aumentará en 20 %, de 5 horas a 6.)[8]
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