Experiencia psicodélica

Se denomina experiencia psicodélica, viaje o vuelo a un estado alterado de conciencia derivado del uso de alguna droga psicodélica o de algún otro tipo de práctica como la privación sensorial o el control de la respiración. La experiencia psicodélica suele incluir alucinaciones, percepciones inusualmente intensas y sinestesia. A menudo se ha comparado la experiencia psicodélica con las vivencias que describen los místicos, las que algunas culturas tradicionales atribuyen a los difuntos en su paso al Más Allá o las propias de ciertas psicosis. La palabra psicodélico viene de la combinación de dos términos griegos: el sustantivo psyche (ψυχή), «alma» y el verbo δήλομαι, "manifestar". Literalmente significa "que manifiesta el alma".

Características principales

La experiencia psicodélica es llamativamente diferente de la provocada por drogas de tipo sedante (como la heroína o el alcohol) o estimulante (como la anfetamina o la cocaína). Son drogas psicodélicas el LSD, los hongos alucinógenos, el peyote, la marihuana, la salvia divinorum, la ayahuasca, etc. Aunque cada experiencia psicodélica es única, hay características recurrentes. Una de ellas es la sensación de conexión inmediata con todo lo que nos rodea, una comunión panteísta con el Universo.

La intensidad de la experiencia depende de la preparación previa del sujeto (sus expectativas) y, en el caso de un fármaco desencadenante, de la dosis del mismo. Se ha comprobado que las muestras de LSD incautadas por la policía a partir de los años 80 contienen una dosis significativamente inferior a la que fue común en la época de esplendor de la psicodelia (finales de los 60 y comienzos de los 70). La ilegalización de las drogas psicodélicas y su caída en desuso suponen que el consumidor se encuentra ante un producto sobre cuya composición no tiene garantía alguna.

El cambio del estado común de conciencia al alterado puede, cuando es recibido con resistencia, provocar una vivencia angustiosa, pues la persona siente que pierde el control, la cordura o la conciencia, e incluso puede pensar que se aproxima su muerte. Generalmente, esta sensación desaparece (o no llega a aparecer) cuando el sujeto se encuentra cómodo, en un entorno apto para la experiencia y en compañía de personas en las que confía, y acepta de buen grado el paso a un estado distinto de la mente.