Expediciones Auxiliadoras al Alto Perú

El Alto Perú, objetivo del Ejército del Norte enviado desde Buenos Aires

Se conoce con el nombre de Campaña al Alto Perú o Expediciones Auxiliadoras al Alto Perú a las cuatro campañas que el Ejército del Norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata efectuó en el Alto Perú, durante el transcurso de la Guerra de Independencia de la Argentina, entre 1810 y 1816, con el objeto de desalojar a los realistas fieles al Consejo de Regencia de España e Indias y al rey Fernando VII de España.

Se intentó también apoyar las insurrecciones y la guerra de Republiquetas e impedir el avance realista hacia el noroeste del actual territorio de la República Argentina.

A partir de 1817 la ofensiva de los patriotas rioplatenses se trasladó al Ejército de los Andes, comandado por José de San Martín, quien concibió la idea de llegar por mar hasta Lima, el principal bastión realista en América del Sur, tras liberar Chile.

Primera campaña auxiliadora al Alto Perú

Mapa de la primera campaña al Alto Perú (1810-1811). Los triángulos señalan las batallas; rojos para las victorias realistas (Cotagaita, Huaqui y Amiraya) y azules para las victorias independentistas (Suipacha)

Lo que sería luego el Ejército del Norte tuvo su origen en las tropas reunidas por el vocal morenista Juan José Castelli por orden dada por la Primera Junta el 14 de junio de 1810, para combatir al antiguo virrey Santiago de Liniers, que encabezaba un movimiento contrarrevolucionario en la provincia de Córdoba. La orden de la Junta respondía al cumplimiento del acta de formación de la misma el 25 de mayo, que la obligaba a enviar una expedición a las provincias.

La ejecución de Liniers

Se reunió un ejército de 1.150 hombres, que partió de la capital del ex virreinato el 6 de julio de 1810 al mando del coronel Francisco Ortiz de Ocampo, secundado por el teniente coronel Antonio González Balcarce, al que se dio una formación apresurada en dos meses. A semejanza de los ejércitos de la Revolución francesa, ambos iban acompañados por el representante de la junta (mando político), Hipólito Vieytes y por el auditor Feliciano Antonio Chiclana quien no viajó con la expedición y más tarde fue nombrado gobernador intendente de Salta del Tucumán. El mando militar estaba sujeto al político y éste a la Junta a través de la Secretaría de Guerra que ocupaba Mariano Moreno. Vieytes llevaba instrucciones de dejar que en cada provincia el pueblo eligiera diputados para incorporarse a la Junta.

El 8 de julio Mariano Moreno ordenó que los que se opusieran a la revolución sean remitidos a Buenos Aires a medida que fueran capturados, pero el 28 de julio impartió la orden de su ejecución (y paso lo siguiente).

El 31 de julio los jefes realistas de Córdoba huyeron hacia el Alto Perú al disolverse su ejército. Capturado Liniers el 6 de agosto en las sierras de Córdoba y al otro día los otros jefes, fueron remitidos a Buenos Aires contrariando la orden de ejecución, pero el 26 de agosto en Cabeza de Tigre fueron alcanzados por la nueva conducción política del Ejército del Norte enviada por Moreno, Castelli ordenó el fusilamiento inmediato de Liniers junto con el gobernador de Córdoba del Tucumán, Juan Gutiérrez de la Concha, el teniente gobernador Victorio Rodríguez, Santiago Alejo de Allende y Joaquín Moreno, perdonándose al obispo Rodrigo de Orellana, que fue enviado preso a Luján. El morenista Domingo French, dio el tiro de gracia al militar francés. Por orden de la Junta, González Balcarce reemplazó a Ortiz de Ocampo al frente de las tropas que continuaron su avance hacia el norte, mientras el primero quedó en Santiago del Estero reuniendo milicias. Juan José Viamonte pasó a ser el segundo jefe de González Balcarce y en sustitución de Vieytes, Juan José Castelli ocupó el cargo de delegado y Bernardo de Monteagudo el de auditor.

La insurrección de Cochabamba

El 14 de septiembre de 1810 se produjo la insurrección de Cochabamba liderada por el coronel Francisco del Rivero, quien con milicias del valle de Cliza derrocó al gobernador intendente José González Prada y adhirió a la Junta de Buenos Aires, siendo proclamado Jefe Político y Militar. Lo secundaban Manuel Esteban Arze y Melchor Guzmán.

Primeras acciones en el Alto Perú

En esas condiciones insurreccionales en que se hallaba el Alto Perú, Balcarce inició la marcha con 400 hombres. Nieto había llevado tropas de Chuquisaca y Potosí a Santiago de Cotagaita, unos 400 km al norte de San Salvador de Jujuy, en donde hizo cavar trincheras. La primera acción armada del Ejército del Norte en el Alto Perú fue el Combate de Cotagaita, que tuvo lugar el 27 de octubre. La batalla fue desfavorable para Balcarce y su resultado indeciso, en parte por la superioridad numérica de los españoles, obligando a las tropas expedicionarias a regresar al sur sin ser perseguidas por los realistas. Balcarce rehízo su ejército dos días después en Tupiza.

El 7 de noviembre volvieron a enfrentarse contra las mismas tropas con que se habían enfrentado antes comandadas por el general José de Córdoba y Rojas en Suipacha, donde el ejército argentino obtuvo su primera victoria.

Tras la derrota, Córdoba huyó con los restos de su ejército a Potosí, ciudad que el 10 de noviembre se pronunció en favor de la revolución, apresando a Córdoba, Paula Sanz y Nieto cuando intentaban huir hacia el desierto de Atacama. El 13 de noviembre, mientras se acercaban las tropas de Cochabamba a Chuquisaca, el pueblo de la ciudad exigió un cabildo abierto, el que juró obediencia a la Junta de Buenos Aires y envió oficios al virrey del Perú y a Goyeneche, desconociendo su autoridad e instándolos a que se abstuviesen de invadir los límites de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Entró luego el ejército auxiliar en Potosí y durante el gobierno, Castelli tomó medidas drásticas que le ganaron la enemistad de gran parte de las clases acomodadas, como fusilar el 15 de diciembre en la Plaza Mayor de Potosí al mariscal Vicente Nieto, gobernador presidente de la Audiencia de Charcas, a Francisco de Paula Sanz, intendente de Potosí y al capitán de navío José de Córdoba y Rojas, luego de que se negaran a jurar obediencia a la Junta, cumpliendo las órdenes de Moreno en represalia por las ejecuciones de los líderes de la revolución de La Paz en 1809, el obispo de La Paz y Goyeneche también estaban sentenciados a muerte si eran capturados. Confiscó también bienes de los españoles. Lo hacía en cumplimiento de órdenes emanadas de la Primera Junta el 12 de septiembre:

En la primera victoria dejará V.E. que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos.

Luego de dejar a Feliciano Antonio Chiclana como gobernador intendente de Potosí, llegó luego Castelli a Chuquisaca el 27 de diciembre de 1810, en donde el general Juan Martín de Pueyrredón fue nombrado presidente de la Audiencia de Charcas.

A fines de febrero Castelli abandonó Chuquisaca en dirección a La Paz, en donde fue recibido en triunfo por el gobernador intendente Domingo Tristán y el 11 de mayo envió cartas al virrey del Perú y al cabildo de Lima. Al frente de la defensa realista quedó el brigadier arequipeño José Manuel de Goyeneche, quien con autorización de Abascal parlamentó con Castelli, firmando con él un armisticio por cuarenta días el 16 de mayo de 1811, tiempo solicitado por el cabildo de Lima para esperar una respuesta a un oficio enviado a la Junta de Buenos Aires. El ejército realista acampó en Zepita, cerca del Desaguadero.

La derrota de Huaqui y la retirada del Alto Perú

El 20 de junio de 1811 Goyeneche ordenó atacar al ejército revolucionario dando inicio a la Batalla de Huaqui, los 5.000 soldados patriotas y los indígenas que los reforzaban no pudieron con los 6.500 realistas y provocaron la más dura de sus derrotas. Como consecuencia de esta batalla, Goyeneche se apoderó de La Paz y de Cochabamba luego de la batalla de Amiraya (o primera batalla de Sipe Sipe) el 13 de agosto de 1811, donde fue derrotado Francisco de Rivero, luego avanzó hacia Chuquisaca. Los restos desorganizados del ejército retrocederían en precipitada retirada, refugiándose primero en Potosí, que fue abandonada por Pueyrredón llevándose los caudales, luego en Jujuy y finalmente en territorio salteño, donde recibirían el auxilio de Güemes y Balcarce sería reemplazado por Pueyrredón.

El general Eustaquio Díaz Vélez con 800 soldados fue enviado por Pueyrredón para apoyar la nueva insurrección de Cochabamba en un nuevo intento de avanzar sobre el Alto Perú, pero fueron derrotados en Nazareno el 12 de enero de 1812. Simultáneamente, el teniente coronel Martín Miguel de Güemes (segundo jefe de la vanguardia) fue enviado por Díaz Vélez a recuperar Tarija, lo que consiguió el 18 de enero, reuniéndose luego con Díaz Vélez en Humahuaca.[2]

En marzo de 1812 terminó oficialmente la primera campaña de la expedición, siendo reemplazado Pueyrredón por el brigadier general Manuel Belgrano el día 26.

Juzgados responsables del desastre, Balcarce y Castelli fueron sometidos a sumario. El último falleció antes de dictarse la sentencia, pero Balcarce fue absuelto y se reincorporó a la lucha bajo el mando de San Martín.