Expedición Terra Nova

Los miembros del equipo de Scott en el Polo Sur, el 18 de enero de 1912. De izquierda a derecha, de pie: Oates, Scott, Wilson; sentados: Bowers, Evans. La fotografía fue preparada por Bowers para que pudieran salir todos los miembros de la expedición.

La Expedición Terra Nova ( 1910- 1913), oficialmente conocida como la British Antarctic Expedition 1910,[1]​ fue la tercera de las exploraciones británicas en la Antártida durante el siglo XX y una de las más significativas de la edad heroica de la exploración de este continente. El nombre popular de la expedición proviene del nombre del barco que Scott y sus hombres emplearon para llegar hasta el continente antártico.

La expedición estuvo liderada por Robert Falcon Scott, un experimentado explorador, capitán de la Marina Real Británica y que previamente había dirigido una expedición similar a esta tierra helada, la conocida como expedición Discovery, entre 1901 y 1904. El objetivo principal de la expedición, tal y como había expresado Scott, era «alcanzar el Polo Sur y asegurar al Imperio Británico el honor de la proeza».[2]​ Sin embargo, la expedición tenía otros objetivos más allá de la conquista polar, tales como la investigación científica y la exploración geográfica.

Aunque fue una iniciativa privada, la expedición Terra Nova gozó del apoyo de forma no oficial del gobierno británico (que contribuyó con la mitad de los costes), así como del Almirantazgo y de la Royal Geographical Society, la reputada Real Sociedad Geográfica de este país. Durante su recorrido se realizó un complejo programa de investigación científica, así como la exploración de la tierra de Victoria y de las montañas Transantárticas, aunque no pudieron llevar a cabo el reconocimiento de la península de Eduardo VII. Sin embargo, el viaje que realizaron al cabo Crozier entre los meses de junio y julio de 1911, consistió en la primera travesía en la que se usaron trineos para alcanzar las profundidades del invierno antártico.

Mapa antártico del área del mar de Ross, con los recorridos de la expedición Terra Nova (verde) y la expedición de Amundsen (rojo).

La aparición en la zona de la expedición noruega del explorador Roald Amundsen hizo que la expedición de Scott afrontara el reto de ser el primero en llegar al Polo Sur. El equipo principal de exploradores del capitán Scott estaba formado por un grupo de cinco hombres que llegaron al Polo sur el 17 de enero de 1912 para encontrarse con que el grupo de Amundsen los había precedido.

El éxito de la gesta de Amundsen quedó empequeñecido en el mundo anglosajón por la peripecia de las muertes de Scott y de sus compañeros durante el trayecto de retorno. La recuperación de las anotaciones de viaje de Scott que llevó a cabo una expedición de búsqueda ocho meses más tarde, permitió conocer y difundir muchos detalles de la expedición de Scott.

Existen distintas opiniones sobre las causas que contribuyeron al desastre final de la expedición de Scott, así como controversias sobre su organización, siendo una de ellas el grado de responsabilidad del capitán Scott en su fatal desenlace.

Contexto

La expedición Erebus y Terror sentó las bases de las exploraciones británicas en la Antártida, particularmente por el descubrimiento de la isla de Ross.

Durante el VI Congreso Internacional de Geografía que tuvo lugar en Londres en 1885, se fijó la conquista de la Antártida y el Polo Sur como las principales prioridades a llevar a cabo por el marco de investigación de dicho congreso.[3]​ así como la preferencia por la conquista del Polo Norte, que por entonces era una aventura que atraía la atención de la mayoría de los exploradores.

En el contexto de una época en que el público demandaba grandes hazañas,[4]​ llegar a ser la primera nación en alcanzar lugares tan alejados y simbólicos del globo, produjo a los Estados gran motivación por subvencionar este tipo de misiones. Sin embargo, la inminencia de la I Guerra mundial provocó que los gobiernos y sus marinos decidiesen reducir las subvenciones destinadas a exploración, y en su lugar, invirtiesen en la producción de armamento y en la construcción de navíos de guerra, hecho que justificaría que una proporción notable de exploraciones polares fuesen militares, y que este tipo de incursiones estuviesen animadas por un fuerte sentimiento patriótico.

Gracias a la expedición Discovery que anteriormente había llevado a cabo el capitán Scott entre 1901 y 1904, se tenía un mayor conocimiento de la Antártida, ya que su grupo había alcanzado un punto que se encontraba todavía « más cercano al sur» que la posición 82° 17' S. que se había alcanzado con anterioridad. Sin embargo, para Scott, dicho punto consistía un lugar para su uso exclusivo, además de considerar que sólo él tenía derecho a volver,[5]​ tal y como demuestra su convicción de que el estrecho de McMurdo, donde atracó el RRS Discovery, se convirtió en el lugar de acceso directo a la base de la comitiva que formó parte de la expedición a la isla de Ross. Para Scott, retornar a la Antártida y concluir la conquista del Polo Sur, se convirtió en una obsesión que le condujo a fijarse la proeza como una última meta a cumplir.

Entre 1907 y 1909, la tentativa de la expedición Nimrod de Ernest Shackleton de ir al Polo desde la base de Scott, pasando por el glaciar Beardmore, alcanzó una latitud de 88° 23' S, a menos de 180 km del Polo Sur. La utilización de esa área por parte de Shackleton fue muy mal tomada por Scott por el compromiso previo de Shackleton de no hacerlo, porque Scott la consideraba su área de trabajo exclusiva.[nota 1]​ Esto supuso un conflicto entre ellos y estimuló a Scott a superar los logros de Shackleton.

Scott veía en Shackleton un rival por su popularidad;[6]

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