Expedición Malaspina

Las corbetas Atrevida y Descubierta.

En septiembre de 1788, el teniente de navío Alejandro Malaspina, junto con su amigo José de Bustamante y Guerra, propone al gobierno español la organización de una expedición, que se llamó posteriormente expedición Malaspina. Fue una gran expedición político-científica de escala mundial, una de las primeras de la historia de carácter científico, cuyo objetivo era visitar y estudiar los principales territorios españoles en América, Asia y Oceanía.

Este viaje se dio a conocer por los promotores como «Viaje científico y recreativo alrededor del mundo» (1788); durante la travesía fue conocido popular y públicamente como «Expedición vuelta al mundo». A la llegada a la Corte en 1794, como no se regresó atravesando el océano Índico y el cabo de Buena Esperanza como consecuencia de la sobrevenida guerra entre España y Francia, se la denominó «Expedición ultramarina iniciada el 30 de julio de 1789»; y cuando se publicaron por primera vez los trabajos de la expedición (en 1885) por el teniente de navío Pedro Novo, fue dada a conocer como «Viaje político-científico alrededor del mundo por las corbetas gemelas y Atrevida, al mando de los capitanes de fragata Alejandro Malaspina y José Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794»; luego se ha dado en conocer como expedición Malaspina. En la actualidad, diversas instituciones españolas han puesto en marcha una gran expedición científica de circunnavegación que recibe el nombre de este marino en reconocimiento a su aportación: la expedición Malaspina (2010-2011).

Antecedentes y prolegómenos

Alejandro Malaspina (1754-1809).

La intensa actividad de exploración del Pacífico desarrollada por Francia e Inglaterra a finales del siglo XVIII provocó la reacción del Reino de España. Desde que la expedición de Magallanes cruzó el Pacífico y descubrió las Filipinas, España había considerado el Mar del Sur como de su exclusiva propiedad, controlando las Filipinas en el oeste y la casi totalidad de su orilla este, desde Chile hasta California. Pero la injerencia de otras naciones no fue la principal razón de esta expedición. Fue fundamentalmente el carácter científico de las exploraciones francesas e inglesas lo que provocó una respuesta de los intelectuales españoles. Era evidente el deseo de emular los viajes de Cook y La Perouse a través de un océano que durante dos siglos y medio fue considerado como un mar español.

El historiador británico Felipe Fernández-Armesto señala que:

La monarquía [española] de la época dedicaba al desarrollo científico un presupuesto incomparablemente superior al del resto de naciones europeas. El imperio del Nuevo Mundo era un vasto laboratorio para la experimentación y una inmensa fuente de muestras. Carlos III amaba todo lo referente a la ciencia y la técnica, de la relojería a la arqueología, de los globos aerostáticos a la silvicultura. En las últimas cuatro décadas del siglo XVIII una asombrosa cantidad de expediciones científicas recorrieron el imperio español. Expediciones botánicas a Nueva Granada, Nueva España, Perú y Chile reuniendo un completo muestrario de la flora americana. La más ambiciosa de aquellas expediciones fue un viaje hasta América y a través del Pacífico por un súbdito español de origen napolitano, Alejandro Malaspina.

Felipe Fernández-Armesto. Los conquistadores del horizonte. Una historia mundial de la exploración.

Los propósitos de la expedición serían los siguientes: incrementar el conocimiento sobre ciencias naturales (botánica, zoología, geología), realizar observaciones astronómicas y «construir cartas hidrográficas para las regiones más remotas de América». El proyecto recibió la aprobación de Carlos III, dos meses exactos antes de su muerte. La expedición, que contaba con las corbetas Atrevida y Descubierta, zarpó de Cádiz el 30 de julio de 1789, llevando a bordo a la flor y nata de los astrónomos e hidrógrafos de la Marina española, como Juan Gutiérrez de la Concha, acompañados también por grandes naturalistas y dibujantes, como el profesor de pintura José del Pozo, los pintores José Guío y Fernando Brambila, el dibujante y cronista Tomás de Suria, el botánico Luis Née, los naturalistas Antonio Pineda y Tadeo Haenke (la calidad de la tripulación no se reducía a su dotación científica: asimismo participó en la expedición Alcalá Galiano, que moriría heroicamente en Trafalgar). Los navíos fueron diseñados y construidos especialmente para el viaje y fueron bautizados por Malaspina en honor de los navíos de James Cook y (Atrevida y Descubierta).

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