Expedición ártica de Andrée

S. A. Andrée y Knut Frænkel con el accidentado globo en la banquisa, fotografiados por el tercer expedicionario Nils Strindberg. La película expuesta de esta fotografía, junto con otras de la expedición se recuperó en 1930.

La expedición ártica de S. A. Andrée fue un fallido intento de alcanzar el Polo Norte en globo. La expedición fue comandada por el ingeniero sueco S. A. Andrée, que partió desde la isla de Danskøya, en el archipiélago noruego de las Svalbard, junto con Knut Frænkel y Nils Strindberg en julio de 1897. Tras caer el globo sobre la banquisa y después de caminar durante tres meses sobre el hielo, los tres participantes fallecieron. Sus cuerpos fueron encontrados en 1930 en la isla de Kvitøya.

El pionero sueco en navegación aerostática S. A. Andrée propuso realizar el plan de viajar en un aerostato de hidrógeno desde el archipiélago de Svalbard, cruzando el océano Ártico hasta Rusia o Canadá. Este viaje debería, con algo de suerte, sobrevolar el Polo Norte. El proyecto fue recibido con patriótico entusiasmo en Suecia, una nación nórdica que se había rezagado en la carrera por el Polo Norte. Andrée ignoró muchas señales sobre la peligrosidad de su plan. Para que su viaje pudiera tener éxito, era imprescindible el dominio en el control del globo. El ingeniero había inventado un método de control con cables de arrastre y decidió que el aerostato de la expedición fuese controlado por ese método, a pesar de las muchas pruebas de que ese método no era particularmente confiable. Peor aún fue que el Örnen (El Águila), el globo en el que se haría la expedición, fue llevado directamente a Svalbard desde su fábrica en París, sin haber sido probado. Cuando las mediciones mostraron que el globo perdía más gas de lo esperado, Andrée ignoró las consecuencias de esto. Actualmente se considera que el exceso de optimismo, la fe en las posibilidades de la técnica y la falta de respeto por el poder de la Naturaleza, fueron las principales causas de la fatal suerte de la expedición, y de la muerte de Andrée y sus coexpedicionarios.[1]

S. A. Andrée (1854–97).

Andrée, Strindberg y Frænkel salieron de Danskøya (Svalbard) el 11 de julio de 1897. Al poco tiempo el globo comenzó a perder rápidamente hidrógeno y se estrelló en el casquete polar el 14 de julio. Los exploradores salieron ilesos del siniestro, pero se enfrentaban ahora a un extenuante regreso al sur, a pie, sobre el hielo flotante. Inadecuadamente vestidos, equipados y preparados, y enfrentados a la dificultad del terreno, su regreso fue muy inseguro. Al cerrarse el invierno ártico en octubre, los hombres habían apenas alcanzado a llegar, agotados, a la deshabitada isla de Kvitøya en las Svalbard, donde finalmente murieron.

Durante 33 años la suerte del grupo se convirtió en uno de los misterios sin resolver del Ártico. Cuando se descubrió casualmente en 1930 el último refugio de la expedición, causó gran sensación en Suecia, donde se guardó luto nacional por los héroes perdidos. Más tarde, el papel de Andrée fue reevaluado, junto con el uso de las zonas polares como campo de pruebas de la masculinidad o virilidad, y el patriotismo. Un temprano ejemplo de esto último es el bestseller de Per Olof Sundman Ingenjör Andrées luftfärd [El viaje aéreo del ingeniero Andrée], una novela de ficción que retrata a Andrée como débil y cínico a merced de los medios y de sus patrocinadores. Frans G. Bengtsson, en su ensayo sobre la expedición, muestra una imagen similar. Ante los autores modernos, la visión de Andrée, quien virtualmente sacrificó la vida de sus jóvenes compañeros, varía en dureza, dependiendo si se lo ve como un manipulador o como una víctima del fervor nacionalista sueco durante el cambio de siglo.[2]

La planificación

El aerostato Svea de Andrée en 1894.

La segunda mitad del siglo XIX es llamada en ocasiones como la era heroica de las expediciones polares.[4] Los predominantes vientos del oeste solían llevar el globo sobre el Mar Báltico acercando la canasta peligrosamente al agua, estrellándose varias veces en las rocosas islas del Archipiélago de Estocolmo. En una ocasión fue arrastrado sobre el Báltico hasta Finlandia. En el más largo de sus viajes partió de Gotemburgo dirigiéndose al este atravesando el país y parte del Báltico antes de aterrizar en Gotland. A pesar de haber visto un faro y escuchar las olas romper sobre Öland, Andrée creyó todo el tiempo que viajaba sobre tierra firme y que las masas de agua eran tan solo lagos.

Dibujo en un diario mostrando a Andrée en una isla del Báltico intentando controlar el Svea durante un fuerte viento.

En un par de viajes del Svea, Andrée probó el sistema de control con cables de arrastre de su propia invención, el cual pensaba utilizar durante su planeada expedición ártica. Los cables de arrastre eran pesados cables que llegaban a tierra, y cuya función consistía en impedir que el globo alcanzara la velocidad del viento, lo que permitía medianamente controlar el globo. Una vez alcanzada la velocidad del viento, ni las velas ni los cables de arrastre lograban control alguno y el globo era, básicamente, una nave a la deriva. Andrée creía que los cables y las velas hacían del globo una nave completamente controlable, algo que los aeronautas modernos consideran imposible. La Federación Sueca de Aeronautas, atribuye la convicción de Andrée a quimeras, vientos caprichosos y el hecho de que Andrée volaba gran parte del tiempo entre nubes sin tener idea, realmente, de donde se encontraba.[5] Adicionalmente las cuerdas de arrastre presentaban muchos problemas descubiertos más tarde: se pueden romper, caerse, enredarse entre ellas o atascarse en accidentes del terreno; esto, junto con el hecho de que el globo navega peligrosamente cerca del suelo, puede conducir a una colisión. Actualmente nadie considera seriamente que las cuerdas de Andrée puedan ofrecer un método confiable para controlar un globo aerostático.

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