Evolución de la población española en la época precensal

Se identifica con el denominado ciclo demográfico antiguo o preindustrial, caracterizado por la alta mortalidad y alta natalidad que permitieron un débil crecimiento con fluctuaciones recurrentes, incluyendo verdaderas crisis demográficas debidas a episodios de mortalidad catastrófica.

La demografía de España en esta época carece de censos de población modernos y fiables, que se esbozarían a finales del siglo XVIII y se afianzarían a mediados del siglo XIX.

La utilización de los términos " España" y "español" es habitual en los estudios de demografía histórica, incluso para épocas en que solamente pueden tener un valor de indicativo geográfico para la península ibérica, no de identidad nacional.

Evolución de la población española en época precensal

Eje vertical en miles de habitantes, eje horizontal, años d.C.

Sobre las barras, cifra de población en millones de habitantes.

Hasta la Edad Moderna, las cifras de este gráfico consideran de forma conjunta toda la península ibérica. Desde 1500, excluyen la población de Portugal (que osciló entre un millón y un millón doscientos mil habitantes en el siglo XVI y primera mitad del XVII),[1] pero se indica gráficamente entre 1500 y 1650 la altura que alcanzaría la suma de esas cantidades a las de los otros reinos peninsulares (entre 1580 y 1640 Portugal formó parte de la Monarquía Hispánica).

Las cifras anteriores al siglo XVII son altamente especulativas, y sólo deben entenderse como una indicación de las tendencias seculares de crecimiento o decrecimiento; con un máximo en el entorno de cinco millones de habitantes (una densidad de diez habitantes por kilómetro cuadrado).[3] Las fechas a partir de 1717 son las de las fuentes pre-censales contemporáneas, citadas en las secciones correspondientes de este artículo.

Prehistoria

Si sobre los tiempos preestadísticos no se pueden hacer más que conjeturas sujetas a un alto grado de error, la evaluación de la población en época prehistoria es todavía más imprecisa, y únicamente puede hacerse mediante técnicas de estudio indirectas.

España ha estado poblada por el género Homo desde el Paleolítico inferior, cuando se datan los restos más antiguos del yacimiento de Atapuerca, uno de los más significativos de la paleoantropología mundial. La peculiar configuración ecológica de la península ibérica la hicieron ser un reservorio clave para la persistencia del hombre de Neandertal, y quizá (está sujeto a debate) uno de los lugares donde se produjo el contacto entre sus últimas poblaciones y las primeras del hombre moderno, ya en el Paleolítico superior.[6]

Tras un Mesolítico en que la población debió sufrir las transformaciones climáticas del Holoceno (final de las glaciaciones), detectándose una retirada hacia zonas de más fácil acceso a los menguantes recursos alimentarios (marisqueo en la costa cantábrica), desde el V milenio a. C. el Neolítico y su drástico cambio cultural (agricultura y ganadería) supuso un crecimiento demográfico, tanto por el crecimiento vegetativo (quizá debido a la reducción del intervalo intergenésico) como por la posible llegada de poblaciones provenientes de las zonas de más temprano desarrollo cultural (el Mediterráneo oriental). Estos contactos se intensificaron en la edad de los metales, cuando las primeras civilizaciones comenzaron a buscar en el extremo occidente riquezas mineras como el cobre y el estaño. Desde el centro de Europa se extendió a la Península la cultura de los campos de urnas.

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