Europa de la Restauración

Europa de la Restauración o Restauración europea es una denominación historiográfica para el periodo de la historia política de Europa que va desde la derrota del Imperio Napoleónico (1814 y 1815) a la Revolución de 1848, caracterizado, en la Europa continental, por la preponderancia de las potencias de la Santa Alianza ( Imperio de Austria, Reino de Prusia e Imperio ruso) y el denominado sistema Metternich de relaciones internacionales ( concierto europeo o Europa de los Congresos: Congreso de Viena -1814-15-, Congreso de Aquisgrán -1818-, Congreso de Troppau -1820-, Congreso de Liubliana -o Laibach, 1821-, Congreso de Verona -1822-); mientras que el Reino Unido se convertía en la potencia dominante en el mundo económico y en las rutas oceánicas, gracias a su ventaja decisiva en la revolución industrial y el dominio de los mares.[1]

Marcado por la crisis del Antiguo Régimen y el triple proceso revolucionario de la revolución liberal, la revolución industrial y la revolución burguesa, el periodo de la Restauración significó el esfuerzo de las monarquías europeas para legitimarse en la tradición y la alianza entre Trono y Altar; combatiendo los principios revolucionarios que ponían en la voluntad general el origen de la soberanía ( soberanía nacional contra el derecho divino de los reyes); procurando la represión de cualquier movimiento contrario entre sus súbditos (por ejemplo, los que se organizaron en movimientos político-sociales, como los carbonarios italianos) e incluso, especialmente, entre los militares (por ejemplo, los decembristas rusos).

Reacción contrarrevolucionaria y principio de intervención

La Revolución francesa y las Guerras Napoleónicas habían esparcido, entre 1789 y 1815, el liberalismo político, el nacionalismo e incluso los inicios del socialismo ( Babeuf) por prácticamente toda Europa. Los monarcas europeos ( Juan VI de Portugal, Fernando VII de España, Fernando I de las Dos Sicilias, Fernando I de Austria, Federico Guillermo IV de Prusia, Carlos X de Francia, etc.) percibieron estos movimientos como una amenaza a sus tronos. En respuesta, intentaron asentar su legitimidad monárquica en la defensa del Antiguo Régimen, con una actitud más reaccionaria que conservadora. Sus esfuerzos por restaurar el absolutismo en Europa ( Congreso de Viena -1814-1815- y Restauración Francesa -1814-1830-) y sus colonias o en sus ex colonias recientemente emancipadas ( Guerras de Independencia Hispanoamericanas), únicamente sirvieron para aumentar más aún la energía de las revoluciones.

El principio de intervención o de injerencia en los asuntos internos de otros países quedó establecido como un firme compromiso de los reyes absolutos de auxiliarse mutuamente en caso de sufrir la amenaza del surgimiento de un foco revolucionario. La principal de las alianzas fue la que se estableció entre Austria, Prusia y Rusia, puesta bajo la advocación de la Santísima Trinidad, salvando incluso las distancias religiosas que separaban a las tres monarquías (católica, luterana y ortodoxa respectivamente). Con el nombre de Santa Alianza presidió el periodo comprendido entre 1815 y 1825. Como consecuencia del Congreso de Viena, se formó la Cuádruple Alianza (1815) entre Austria, Prusia, Rusia y Gran Bretaña, y ésta tenía un matiz un tanto distinto del de la Santa Alianza, puesto que la Cuádruple simplemente defendía el orden creado por el Congreso de Viena. Francia se incorporó en 1818 Quíntuple Alianza, y duró hasta 1825.

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