Eulogio Florentino Sanz

Eulogio Florentino Sanz. 1854. Ignacio Suárez Llanos. ( Museo del Prado).

Eulogio Florentino Sanz y Sánchez ( Arévalo, 1822 - Madrid, 29 de abril de 1881) fue un político, diplomático, traductor, periodista y escritor español del Romanticismo.

Biografía

Huérfano aún muy niño, fue confiado a la tutela de un pariente duro de condición y que le crio solo y escaso de recursos. En Valladolid, donde estudiaba derecho, se echó una novia, hija de un vidriero, plomero y hojalatero de la Plaza Mayor muy pobre y al que el negocio le iba muy mal. Eulogio capitaneó a una banda de chiquillos para que rompieran a pedradas las ventanas de la Plaza Mayor y aunque todos fueron a parar a la cárcel ya no le faltó el trabajo al padre de su novia. Marchó a Madrid en busca de fortuna literaria cargado de excelentes versos, pero era de un carácter tan orgulloso que tuvo que afrontar innumerables tropiezos. Así, trajo a la Corte una carta de recomendación para un Grande de España:

-Vengo -dijo- a poner en sus manos de usted esta carta y a solicitar de usted su valioso influjo.
-Perdón, caballerito - le interrumpió el estirado sujeto-: soy Grande de España de primera clase y tengo tratamiento de excelencia.
-Perdóneme vuecelencia, a mi vez -añadió Florentino-; pero le advierto que soy villano de cuarta clase y tengo tratamiento de tú. Hábleme, pues, como es debido.

Durmió algunas noches en los bancos del Prado, como él se vanagloriaba de decir, y vivió muchos años por voluntad propia de la madre Casualidad, que, según el catedrático de bohemia Henri Murger, es "agente de negocios de la Providencia, caballero de la aventura y conquistador de lo imprevisto". Con su drama Don Francisco de Quevedo estrenado en 1848 conoció el éxito. Hacía de Quevedo el famoso actor Julián Romea. Es un drama donde, curiosamente, la vestimenta posee valor dramático, y ha resultado ser la única pieza sobre un autor del Siglo de Oro que llegó a constituirse en pieza de repertorio en los teatros durante más de cincuenta años. Andrés Borrego le introdujo en la vida literaria llevándoselo de corrector de estilo a El Español, periódico que dirigía. Después colaboró en las publicaciones Semanario Pintoresco, La Ilustración Española, El Nuevo Mundo, Las Novedades, La Iberia y El Museo Universal; fue redactor de La Patria y se cuenta que un soneto suyo que circuló manuscrito por Madrid preparó la revolución de 1854; el caso es que fue diputado liberal tras la Vicalvarada de ese año. Le ofrecieron múltiples cargos diplomáticos de los que fue dimitiendo. Gracias a su estancia en Berlín (1854-1856) como secretario de la legación diplomática española pudo conocer la literatura alemana y traducir a Heinrich Heine, con lo que influyó poderosamente en la lírica de Gustavo Adolfo Bécquer y por tanto en el cambio de rumbo de la lírica española. Rechazó el cargo de embajador en Brasil. Tradujo quince lieder o Canciones de Enrique Heine del alemán al castellano para El Museo Universal en 1857, bien escogidas entre las mejores del Intermezzo y de El regreso, con alguna otra, como el romance titulado El Mensaje. Escribió también los dramas Achaques de la vejez (1854), y también La escarcela y El puñal, de los que sólo se conservan fragmentos. Después de dilapidar su ingenio y no molestarse siquiera en publicar sus obras, murió en Madrid en el olvido y la indigencia.

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