Etnografía del Perú

En primer plano, una muestra de la diversidad étnica del Perú.
Pasacalle durante la Feria de Exposiciones Típico culturales de Monsefú.

La etnografía del Perú es el estudio descriptivo de las costumbres, creencias, mitos, genealogías, historia, lenguaje, etcétera, de las etnias dentro del ámbito geográfico de la República del Perú.

Perú es un país que alberga diversas etnias, razas y grupos culturales debido a la influencia de España en la época de la conquista y colonización.

La etnografía como método de investigación de la antropología, facilita la comprensión de las realidades socioculturales de comunidades humanas con identidad propia. En este sentido, para comprender la realidad sociocultural del Perú es necesario comprender la diversidad cultural autóctona influenciada por el constante mestizaje con la cultura occidental europea, así como el aporte de importantes migraciones, principalmente del Extremo Oriente y del África subsahariana.

En las distintas etapas de la historia del Perú el sistema de mitos y creencias, así como la religión y las costumbres del Perú han ido variando. Si bien se observa una mayoría cristiana, esta religión se entremezcla con elementos de las culturas autóctonas, de la misma manera costumbres, creencias y leyendas alóctonas se han entronizado en el Perú, a tal punto de ser consideradas propias y tradicionales.

Desde el punto de vista lingüístico, el Perú ostenta un gran número de lenguas autóctonas, aunque en franco retroceso ante el castellano (lengua oficial del estado peruano). La variedad lingüística peruana es la responsable de que el idioma español en el Perú tenga cinco variedades en su territorio.

El Instituto Nacional de Desarrollo de los Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos del Perú (INDEPA), en su propuesta etnolingüística del año 2010, reconoce la existencia de 77 etnias en el Perú, además de la existencia de 68 lenguas pertenecientes a 16 familias etnolingüísticas. De las 77 etnias existentes en el Perú al menos siete están en situación de aislamiento.[1]

De la misma manera como el Perú tiene a un mestizaje generalizado de todos sus segmentos étnicos, también sus costumbres, lenguas, creencias y religión, van adoptando nuevas características.

Historia de la población del Perú

Orígenes y primeras migraciones hacia el territorio peruano

Moche. Tiahuanaco.
Cerámica escultórica de las culturas Moche y Tiahuanaco. Gracias a esta herencia cultural podemos conocer acerca de los usos y costumbres del pasado peruano.

A pesar que los vestigios del poblamiento del Perú datarían desde el 9000 a. C. ( Hombre de Lauricocha (9000 a. C.), Guitarrero y Toquepala (7600 a. C.)), la primera civilización propiamente dicha en el Perú estuvo en Caral y a pesar de no haber encontrado osamentas en el sitio arqueológico, su descubridora, la científica peruana, natural del Callao, Ruth Shady estima que la ciudad sagrada fue un polo de atracción para pobladores de costa, sierra y selva durante su hegemonía.

El primer postulado de inmigración hacia el Perú lo realizó el arqueólogo peruano Julio César Tello en su Teoría autoctonista, quien al observar los ídolos de Chavín de Huántar (reptiles y felinos) dedujo que sus habitantes migraron desde la amazonía hacia la cordillera, y desde Chavín la influencia de esta cultura se extendió por América del Sur.

Posterior a la cultura Chavín, florecen los Moches, Nazcas y Tiahuanacos. El caso particular de la cultura Moche es importante para la etnografía peruana, debido a que gracias a su cerámica escultórica (huacos retratos), podemos observar costumbres, vestimentas, métodos de pesca, sanación, rituales religiosos y hasta la personalidad de su población.

A su vez, el descubrimiento de la cerámica escultura Tiahuanaco, ayuda a descubrir distintos estilos de vestimenta, tocados y peinados que caracterizaron a esta cultura. Marcando diferencias con los Moches en el norte.

Situación de las etnias durante el imperio incaico

La expansión del imperio incaico por el territorio peruano supuso también la expansión del uso oficial del runa simi o lengua quechua, además de acentuar la identificación de los diversos pueblos en el territorio del imperio. Los movimientos migratorios durante el periodo incaico eran controlados por el gobierno, los pueblos no se desplazaban a su libre albedrío. Aunque sí se documentan desplazamientos de obreros con el sistema de mitmas y el desplazamiento militar.

Los incas expanden por el territorio nacional sus tradiciones, la organización en ayllus (todavía vigente en determinadas zonas del ande y en etnias amazónicas), la religión con el culto a la pachamama y los apus, el sistema de trabajo en minkas. Los incas también extienden la ceremonia del primer corte de pelo a los 2 años, que simbolizaba el primer nombre del niño (según la ciéntifica peruana María Rostworowski el soberano Inca era el único que en su vida tenía 3 nombres, el del bautizo, el de la adolescencia y el nombre que escogía al ceñir la mascaipacha).

La colonia y el gran mestizaje

Empleados en Lima.

En la colonia se denominaba mestizo al hijo de un padre o madre de raza "blanca" y una madre o padre de raza "india". Luego de la independencia, el término se mantuvo, a veces con sentido discriminatorio o despectivo -manteniendo la clasificación racista colonial-, para denominar a las personas o culturas que descienden de indígenas americanos, afroamericanos y españoles. En este último sentido se ha dicho que prácticamente toda la población hispanoamericana es mestiza.[2]

Los españoles no concibieron tanto su etnocentrismo en términos de raza, sino de religión ante el infiel y el pagano, o como dice Domínguez Ortiz: "el español no era racista en el aspecto biológico, pero sí lo fue, y cada vez más, en el cultural". Se fomentó la emigración de españoles casados que viajaran con sus esposas (especialmente a partir de 1553), incluso se llegó a la importación eventual de mujeres esclavas blancas "moriscas", a pesar de todas estas medidas, que tienen motivaciones muy diversas, las mujeres españolas casaderas fueron escasas en los primeros años de la Colonia, especialmente aquellas con pureza de sangre y buenas costumbres, es decir que no fueran conversas, moriscas o prostitutas. Esta ausencia de españolas hizo inevitable las uniones por lo general fuera del matrimonio entre españoles e indias.

Cuando el mestizaje comenzó a ser notorio, las autoridades coloniales elaboraron una serie de leyes y normativas sociales, religiosas y morales con el fin de cosificar al mestizo impidiéndole de paso el ascenso social y el poder aunque hubo algunas posibilidades de evitar estas imposiciones y lograr un ascenso. Esta situación se agrava en el siglo XVII, cuando los criollos tendrán que competir por los puestos burocráticos, eclesiásticos y docentes con peninsulares y mestizos. El mestizo es marginado con mayor facilidad que el peninsular porque carece de linaje. Por lo general, este tuvo que luchar para lograr un puesto en la sociedad, algo que muchas veces le llevó a la violencia, a la sumisión o al desarraigo. Esto unido a la diversidad creciente de los grados de mestizaje y la dificultad de establecer quién era mestizo y quién no lo era, llevó por último, en el siglo XVIII, a los elementos sociales dominantes a tipificar y hacer una nomenclatura de los diversos grados o castas del mestizaje.

El mestizo sufre una degradación en su aceptación social a partir de la segunda mitad siglo XVI, debido a su aumento y al carácter diferente de las uniones de sus progenitores, ya que, como señala Domínguez Ortiz, en el siglo XVII el número de hijos ilegítimos en las ciudades coloniales llegaba al 50 %, muchos eran mestizos. Rosenblat relaciona también el aumento de los mestizos con su creciente inadaptación social. El ascenso social era más difícil para estos mestizos, frecuentemente indomestizos en esos años, que junto con sus madres forman grupos muy necesitados, tanto más cuando el mundo indígena materno había sufrido cambios impuestos por los colonizadores que entre otros habían dado como resultado la pérdida del estatus de la mujer al ser sustituido el matriarcado indígena, donde lo había, por el patriarcado de los colonizadores.

El creciente número de mestizos no asimilados y por tanto desarraigados había comenzado ya a ser preocupante en la primera mitad del siglo XVI, en 1533 se despachó una Real Cédula que decía:

He sido informado que en toda esta tierra hay mucha cantidad de hijos de españoles que han habido de indias, los cuales andan perdidos entre los indios, e muchos dellos, por mal recaudo, se mueren y los sacrifican, de que Nuestro Señor sea deservido; e que para evitar lo susodicho y otros daños y malos reacaudos que de andar ansí perdidos podría recrescer, me fue suplicado mandase que fuesen recogidos en un lugar que para ello fuese señalado, adonde se curasen o fuesen mantenidos ellos y sus madres.

El término mestizo sufre paralelamente un desprestigio y en general es un grupo del que se desconfía. Al desprestigio del término mestizo se añade su ambigüedad al aumentar los grados de mestizaje con la llegada masiva de esclavos negros aumenta el número de términos para denominarlos, Manuel Alvar ha recogido 82 términos con unas 240 acepciones referidas al mestizaje. Al mismo tiempo, al perderse la identidad paterna resultaba difícil establecer quién era mestizo y quién no lo era. Muchas veces el serlo dependía más de la pública estimación que de factores biológicos, sucede así que los mestizos con un estatus sociofamiliar relevante podían ascender en la sociedad y eran asimilados a los españoles y a los indios distinguidos. Por simple observación ocular era difícil distinguir a veces quién era indio, mestizo o mulato. Sobre esto hay abundantes ejemplos en la documentación colonial. Así los mulatos podían ser descritos como: mulatos blancos o claros, mulatos moriscos (mezcla de blanco-mulata blanca), prietos, canela, etc. Los mulatos podían eufemísticamente llamarse pardos, y los negros morenos. Esta ambigüedad tenía su lado bueno porque permitía también fácilmente adquirir una identidad étnica ante la ley, que podía corresponderse o no con el fenotipo del individuo. Se podía solicitar a las Audiencias certificados de pureza de sangre, en los que se consideraba que eran blancos los individuos que tenían 1/8 de sangre india o un 1/16 de sangre negra. Cómo establecían estos porcentajes es difícil de responder, pero en todo caso siempre y mediante una suma de dinero se dispensaba la calidad de pardo (mulato) o quinterón (grado de mulatez). También la ambigüedad del mestizaje se plasma en las sentencias emitidas por las Audiencias.[3]

Así prosiguió la historia del mestizaje del Perú a lo largo de sus casi tres siglos de vida colonial. Luego a este proceso se sumaron las diferentes guerras de independencia, las de Don José de San Martín, Simón Bolívar en donde hubo más de 30 mil soldados de ambos bandos en mayor o menor medida conformado por criollos y mestizos[3]

Parte de los mestizos también provienen de la mezcla de las entradas de europeos que se produjeron desde la época del virreinato, aunque no en cantidades importantes, las entradas coincidían sus mayores flujos con las etapas de auge tanto en la etapa republicana como en la contemporánea, especialmente portugueses, Italianos, españoles, en una proporción menor árabes, alemanes, ingleses, franceses, croatas, judíos y de Asia (principalmente, desde China y Japón). Estos grupos contribuyeron en parte al mestizaje actual de un segmento de la población. Durante las dos guerras mundiales, se volvieron a originar migraciones relativas desde Europa pero con menor fuerza que las del siglo XIX; así como pequeñas migraciones desde Medio Oriente y de otros países sudamericanos.

La población española que llegó al Perú era el producto de la mezcla étnica de los hispanorromanos con los visigodos, germanos que formaron un poderoso reino a la caída del Imperio romano, y luego el aporte cultural de los musulmanes que invadieron la península ibérica, a lo que siguió la Reconquista cristiana. Los españoles trajeron consigo la religión católica, y por consiguiente la institucionalización del matrimonio religioso, las festividades religiosas (especialmente las más difundidas en España), los instrumentos de cuerda y la tradición musical española, dando origen al sincretismo étnico, musical y religioso.

Sincretismo religioso y el proceso de aculturación

Festividad del Corpus Christi en el Cusco. La colonia supuso el encuentro y posterior sincretismo de las religiones inca y católica.
Ilustración del códice de Martínez de Compañón. Mestizos de Lamas jugando a la pelota.

La colonia trajo consigo un proceso de evangelización de las tierras conquistadas que se inició con el establecimiento de misiones. Estas misiones tenían diversas funciones, y en muchos casos no sólo estaban dedicadas a la evangelización, sino también a la producción. De esta época surgen los primeros documentos sobre la existencia de los pueblos de la selva, y a pesar de que todavía estas etnias tenían un aire mitológico y legendario (las amazonas o el dorado, por citar dos ejemplos), esta etapa es importante porque en muchos casos los misioneros documentan las lenguas americanas iniciándose las primeras traducciones a lenguas originarias de textos bíblicos y religiosos.

Al tiempo que la evangelización avanzaba en el Perú, fueron desapareciendo algunos cultos y prácticas ceremoniales andinas. En el caso específico del Inca, éste desposaba a una de sus hermanas; esta práctica fue condenada por la religión católica. Del mismo modo algunas etnias practicaron la poliginia, sororato y el levirato, estas prácticas también desaparecieron aunque en la actualidad es posible encontrar etnias amazónicas como los madija que las practican, aunque en franco retroceso.

El capac cocha, o sacrificio humano a las huacas y apus también fue condenado. Aunque en la creencia popular, envuelta en leyenda, de los pueblos andinos del sur peruano y occidente boliviano, todavía hay quienes practican estos sacrificios, denominando a los supuestos sacrificadores como "cucheros", y relacionando esta práctica con el pago a la tierra o challa.

La fundación de las ciudades y la advocación hacia algún santo o imagen en especial propició que los cultos populares más representativos de España se reprodujeran en el Perú y con el paso del tiempo estas festividades, tomaran características particulares.

Las fiestas patronales y los carnavales fueron reemplazando a las festividades de los calendarios precolombinos como lo sucedido con la Festividad de San Juan el 24 de junio tratando de eliminar el Inti Raymi incaico o el año nuevo de las etnias precolombinas. Las diversas congregaciones religiosas dieron prioridad al culto de sus principales imágenes y santos, así los jesuitas del collao fomentaron el culto a la Inmaculada Concepción (patrona de Juli) o a San Francisco de Borja denominado popularmente como Tata Pancho (patrono de Yunguyo).

Al instaurarse los sacramentos católicos en los pueblos locales se continuó con el vínculo del compadrazgo. Este vínculo, que ya tenía antecedentes prehispánicos, se difundió con más fuerza y actualmente el compadrazgo para las actuales comunidades aimaras, quechuas o amazónicas equipara a los vínculos familiares.

El comercio de esclavos africanos

El descenso de la población indígena y la falta de mano de obra para los obrajes españoles originó el comercio de pobladores secuestrados del África subsahariana y sometidos a esclavitud en todas las colonias españolas en América. Este comercio fue controlado en un principio por portugueses, quienes traían prisioneros desde el Congo, esta situación se mantiene hasta el siglo XVII, cuando son superados por Holanda, Francia e Inglaterra.

En el caso específico del Perú este sistema se concentró en los valles de la costa, no así en la sierra debido a la abundancia de mano de obra en las reducciones de indios y esto definió luego un mestizaje particular dando lugar a los llamados zambos (hijos de indios y negros) y mulatos (hijos de europeo con negro).

A pesar de que el comercio de negros fue destinado en un primer momento para el trabajo agrícola, fue común que algunos patrones envíen a sus esclavos al trabajo en las ciudades en donde se desempeñaban en diversos oficios, que podían ir desde ser vendedores ambulantes o trabajadores del hogar. Esta práctica fomentó el nacimiento de una nueva sociedad en la que se fusionaron lo indígena, lo español y lo africano, para dar lugar a las nuevas tradiciones de lo que posteriormente sería el Perú independiente.

Un ejemplo ilustrativo de este proceso son los usos y tradiciones que envuelven a la festividad religiosa del Señor de los Milagros o Cristo de Pachacamilla, que fusiona la religión católica de la adoración al Cristo con el culto de los indígenas limeños hacia el oráculo de Pachacamac, las cofradías de negros africanos.

Etnogénesis en la amazonía

Niñas de la etnia Amuesha. Selva Central del Perú

El establecimiento de las misiones y reducciones en la selva peruana, produjo un proceso singular de evolución de las etnias amazónicas en el norte del Perú. Los misioneros jesuitas, para un mejor proceso de evangelización, establecieron el uso del quechua como lingua franca. Así de las etnias archidonas, sonus, vacacocha, záparos, aushiris, semingayes, omaguas y algunas familias jíbaras, surgieron los Quechuas del Napo; de las etnias canelos, coronados, urarinas, romaynas, shimiages, arabelas, muratos y achuar surgieron los Quechuas del Pastaza y de los lamas, tabalosos, amasifuynes, cascabosoas, jaumuncos y payanos surgen los Llacuash o quechuas lamistas. En 1578 se produjeron rebeliones por parte de los quechuas del Napo y un grupo de éstos fue trasladado al sur, a orillas del río Las piedras, lo que originó los llamados quechuas santarrosinos de la actual región Madre de Dios.[4]

Estos grupos étnicos fueron perdiendo su identidad durante la colonia y su vestimenta actual fue establecida por los misioneros jesuitas.[4]

Alianzas españolas con otros reinos

Si bien es cierto que el ingreso de pobladores de algunos reinos europeos estaba restringido (como el caso de ingleses y franceses que representaban rivales coloniales), el reino de España tuvo alianzas comerciales con algunos otros reinos, entre los que destacaron el Reino de Nápoles y la República de Génova. Estas alianzas tuvieron su apogeo durante el nombramiento del napolitano Carmine Nicolás Caracciolo como virrey español del Perú. Asimismo se establecieron alianzas matrimoniales como la ocurrida entre Juana I de Castilla y Felipe de Habsburgo. Posteriormente Felipe II de España, llega a ostentar los títulos de Rey de España, Portugal, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Inglaterra e Irlanda, Duque de Milán, Soberano de los Países Bajos y Conde de Borgoña, formando una unión dinástica que duró 60 años.

Todos estas alianzas monárquicas entre europeos, supusieron un ingreso de población europea constante hacia todas la colonias españolas en el mundo, presentándose en mayor medida en los centros industriales más importantes del mundo colonial español como fueron México, Lima y Potosí, estos dos últimos en el Virreinato del Perú.

La república del Perú y la apertura al mundo

Pozuzo es una población conformada por descendientes austriacos (tiroleses), alemanes (renanos y bávaros) ubicada en la Provincia de Oxapampa, Departamento de Pasco en la Selva Central de Perú.

Si bien es cierto que ya ingresaban europeos no hispanos durante toda la época del Virreinato procedentes de distintos lugares de Europa (razón por la cual hoy en día la descendencia de algunas de dichas familias es muy numerosa) es a partir del nacimiento de la nueva República peruana cuando llega un flujo migratorio relativo menos restrictivo desde Europa. Se trató de una migración espontánea pues no existió una política de estado para fomentarla, salvo en muy raras excepciones. Los mayores flujos de dichas migraciones espontáneas coincidían con las diversos periodos de auge en la etapa republicana. Como sigue sucediendo en la actualidad con los emigrantes, cuando se establecían los inmigrantes atraían a familiares, amigos, etc, conformando con el paso del tiempo colectividades altamente productivas. Este éxodo se justifica por el 'panorama virgen' del país receptor.

Destacaron las entradas de italianos que inicialmente se transformaron en comerciantes dedicados al negocio del cabotaje, pero que con el paso de los años se dedicaron a la industria vitivinícola, agrícola, alimentaria, textil, finanzas, etc. Le siguieron en número los españoles, portugueses, franceses, alemanes, ingleses e irlandeses, croatas, judíos askanazies, etc, como también migraciones relativas de Oriente Medio entre otros.

Hacia 1854, el presidente en turno don Ramón Castilla, promulga la abolición de la esclavitud en el Perú, en los valles costeros del Perú desde Tumbes hasta Iquique los negros fueron liberados y esto conllevó a la carencia de mano de obra en los valles costeros. Esto supuso el ingreso de nueva mano de obra, esta vez desde China. Desde ese momento el Perú inicia un nuevo proceso de mestizaje, esta vez con los chinos o culíes provenientes de Cantón, fueron llevados principalmente para el cultivo de la caña de azúcar y la extracción del guano ocasionalmente en condiciones infrahumanas. La influencia china en la cultura popular peruana es tal hasta la actualidad, que muchos elementos de la cultura china aún perviven en la sociedad peruana. Durante el gobierno del presidente Castilla, también ingresa un grupo de alemanes y tiroleses como colonos de la selva central que en un principio formaron una comunidad cuasi cerrada dedicada a la agroindustria.

A finales del siglo XIX, mientras el Perú libraba la guerra del Pacífico, se iniciaron las expediciones caucheras hacia la amazonía; ello conllevó un nuevo proceso de colonización de la selva peruana y mayor contacto de la cultura occidental con las etnias amazónicas. Esta etapa está marcada por el sistema de "patrones" al que fueron sometidas comunidades nativas, así como el desplazamiento de poblaciones promovido por los caucheros como el acontecido por parte de los caucheros colombianos quienes trajeron grupos étnicos, como los Ocainas, Boras y Huitotos para la recolección del caucho. La explotación de los nativos, produjo una baja en la densidad de la población nativa, la asimilación de comunidades nativas minimizadas por parte de otras comunidades (mestizaje entre etnias de la selva) y la desaparición de etnias enteras en la selva peruana. Con la posterior política de colonización de la selva, los grupos nativos pasaron a ser minoría demográfica en toda la región.

Entre 1899 y 1900, el Japón firma alianzas comerciales con distintos países de Sudamérica y el Perú no fue la excepción iniciándose particularmente una ola migratoria proveniente de ese país. Particularmente el Perú y Brasil se convierten en los países con mayor llegada de japoneses durante este periodo, denominándose Nikkei a los emigrantes japoneses y su descendencia, así como a la fusión de su gastronomía con la peruana.

Para 1920 ya se habían registrado la desaparición del idioma mochica así como el franco retroceso de las lenguas autóctonas en favor del castellano.

En 1941 se inicia la Guerra peruano-ecuatoriana lo que simboliza un nuevo éxodo de las etnias amazónicas a través de la selva, huyendo de las zonas de conflicto militar. Así mismo en la década del 40 se inicia en el Perú el proceso migratorio del campo a la ciudad que cambiaría la configuración de la población peruana, que hasta antes de esto era eminentemente rural y que paulatinamente se fue convirtiendo en mayoritariamente urbana. Este proceso migratorio se dio de particular manera desde la región andina hacia la costa y la selva, vale decir que mientras la población de la serranía fue disminuyendo, la población en las regiones costeras y amazónicas fueron aumentando. Este proceso produjo también la lógica disminución de los hablantes de las lenguas quechuas y aimaras (con sus respectivos dialectos y variantes), quienes al llegar a las ciudades dejaron de lado el idioma nativo para cambiarlo por el castellano, pasando esta nueva lengua a su descendencia. Asimismo el surgimiento de los barrios marginales en las ciudades y la migración de tradiciones andinas desde la serranía hacia las grandes ciudades de la costa o la selva.

El gobierno militar de Juan Velásco Alvarado (1968-1975), inicia un periodo de ensalsamiento de lo indígena fomentando el surgimiento de las asociaciones de carácter étnico. Durante este gobierno en 1974 el estado peruano promulga la ley de Comunidades Nativas y campesinas, esta ley otorgó a los grupos originarios y campesinos garantías sobre las tierras que tradicionalmente reclamaban, durante esta época muchos grupos indígenas que habían migrado hacia otros territorios durante la fiebre del caucho también se acogieron a ésta (el caso de los Boras y Huitotos traídos desde Colombia).

Desde 1980 hasta el año 2000, el Perú sufre un conflicto armado interno que tuvo mayor presencia en la serranía y la selva de montaña, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional, en este conflicto fallecieron aproximadamente 70 mil peruanos, de los cuales los más afectados fueron quechuahablantes (75 %). Las comunidades nativas de la selva central del Perú, especialmente Asháninkas también sufrieron con este conflicto interno. La población peruana de las zonas en conflicto se movilizó hacia zonas aparentemente seguras como la ciudad de Lima, aunque finalmente el conflicto también alcanzara a la capital peruana. Este conflicto armado termina hacia el año 2000.

Proceso de extinción de etnias en el Perú en la actualidad

Por las circunstancias anteriormente citadas y otras el proceso de extinción, lejos de haberse frenado, se incrementa dramáticamente. Con datos de la organización indígena CHIRAPAQ[5] en el período comprendido entre los años 1950 y 1997 se extinguieron 11 etnias, concretamente los Resígaro (Familia Etnolingüística: Arahuaca), Andoque (FE: Huitoto), Panobo (FE: Pano), Shetebo (FE: Pano), Angotero (FE: Tucano), Omagua (FE: Tupi-Guaraní), Andoa (FE: Záparo), Aguano (FE: sin clasificar). Cholón (FE: sin clasificar), Munichi (FE: sin clasificar)y Taushiro (FE: sin clasificar).

Así mismo, la misma organización indica que existen 7 pueblos en aislamiento: Kugapakori-Machiguenga (Familia Etnolingüística: Arahuaca), Mashco-Piro/Iñapari (FE: Arahuaca), Chitonahua (FE: Pano), Maxonahua-Curajeño (FE: Pano), Morunahua (FE: Pano), Pisabo (FE: Pano) y Nahua-Yura (FE: Pano).

Otros 18 pueblos se encuentran en peligro de extinción: Chamicuro (Familia Etnolingüística: Arahuaca), Mashco-Piro/Iñapari (FE: Arahuaca), Arasaeri (FE: Harakmbet), Huachipaire (FE: Harakmbet), Kisamberi (FE: Harakmbet), Pukieri (FE: Harakmbet), Sapiteri (FE: Harakmbet), Muinane (FE: Huitoto), Ocaina (FE: Huitoto), Chitonahua (FE: Pano), Isconahua (FE: Pano), Marinahua (FE: Pano), Mastanahua (FE: Pano), Maxonahua-Curajeño (FE: Pano), Morunahua (FE: Pano), Pisabo (FE: Pano), Nahua-Yura (FE: Pano) e Iquito (FE: Záparo).

Los datos para la Costa y la Sierra proceden del Instituto Indigenista Peruano[7]

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