Estrategia militar

Mapa donde se muestra el planteamiento estratégico de la campaña de Waterloo.

La estrategia militar (Estrategia, del griego stratigos o strategos, στρατηγός, pl. στρατηγοί; en griego dórico: στραταγός, stratagos; literalmente significa: «líder del ejército») es el esquema implementado por las organizaciones militares para intentar alcanzar los objetivos fijados.[1]

La estrategia militar se ocupa del planeamiento y dirección de las campañas bélicas, así como del movimiento y disposición estratégica de las fuerzas armadas. El padre de la estrategia militar moderna, Carl von Clausewitz, la definía como "el empleo de las batallas para conseguir el fin de la guerra".[2] De esta manera, daba prioridad a los objetivos políticos sobre los objetivos militares, apoyando el control civil sobre los asuntos militares.

"El general (strategos) debe estar seguro de poder explotar la situación en su provecho, según lo exijan las circunstancias. No está vinculado a procedimientos determinados." Capítulo VIII versículo 9 d el arte de la guerra de Sun Tzu.

En las guerras convencionales tiene por objeto dirigir las tropas en el teatro de operaciones hasta llevarlas al campo de batalla. Es una de las tres facetas del arte de la guerra, las otras dos serían la táctica militar, consiste en la correcta ejecución de los planes militares y las maniobras de las fuerzas de combate en la batalla. El tercer componente sería la logística militar, destinada a mantener el ejército y asegurar su disponibilidad y capacidad combativa.

Estrategia en la Europa Antigua

Antigüedad

En la Antigüedad los pueblos fueron guerreros y aun los de costumbres pacíficas se veían obligados a empuñar las armas para defenderse de otros más belicosos, que guiados por las ansias de botín o de dominación los invadían y subyugaban; el agresor que naturalmente era el más fuerte, procuraba sorprender con marchas y movimientos rápidos al que lo era menos, o que era más confiado, estos últimos estaban desapercibidos para el combate.

El arte militar pasó de Asia a Europa pasando por Grecia, siguió en este país sus progresos naturales, transfiriéndose a Italia, perfeccionándose en Roma junto con las artes y las ciencias, para caer después con ellas bajo el dominio de los pueblos Bárbaros del Norte y volver a renacer en los siglos posteriores a la restauración de las artes.

En los gobiernos republicanos de Europa, Atenas, Esparta y Roma es donde el arte militar se desarrolló, y aunque estuviesen lejos de ser repúblicas perfectas, adquirieron a pesar de todo una superioridad y debiendo al arte y al ingenio el mérito de resistir a fuerzas enormes con menos tropas o la de sujetar muchos reinos por lentos progresos de una guerra continuada.

En la remota antigüedad fue ya la infantería el cuerpo principal, el nervio y la esencia de los ejércitos, y por medio de ella vencieron las naciones conquistadoras: la falange macedónica arruinó al imperio persa, la legión romana destruyó la falange griega y conquistó una gran parte del mundo, y posteriormente, sin embargo, con la decadencia de la milicia romana se desplomó el Imperio.

La primera guerra de los Tiempos Heroicos en que aparecen operaciones militares algo regulares y algún orden es la Expedición contra Tebas, un pensamiento establecido al cual se debían uniformar las operaciones, una constancia superior al ímpetu y un valor que sabe esperar y sufrir los reveses de la fortuna.

Así se manifestaran también en Troya donde no se puede ver más que la infancia del arte, la ciudad amurallada, Troya, y el campo atrincherado ofensivo de los Griegos, descubriéndose elementos de orden.

La fuerza y la división de la falange, organización y orden táctico de los Griegos, fue en cada estado de Grecia acomodada al número de tropas y la índole de la organización política, y lo que era común a todas las falanges griegas era la aplicación de la geometría al arte de combatir y la embestida y pelea en masas indivisibles, la táctica, apareciendo las evoluciones calculadas y simultáneas, y el arte de la guerra se modificó y empezó la estrategia y táctica particular.

La segunda y más grandiosa experiencia que los Griegos tuvieron que hacer de sus fuerzas y que contribuyó más al sentimiento de nación común fue las Guerras Médicas, que les permitió conocer las técnicas de combate de los Asiáticos.

Ciro de Persia reputaba el buen orden de un ejército como el de una familia y ordenaba bien las tribus de guerra. A sus órdenes de formación cuando marchaba hacia el enemigo debió gran parte la fortuna que le acompañó en sus expediciones, y se considera un valioso monumento del arte militar más remoto la batalla que tuvo contra el poderoso Creso, Timbria, la Frigia, que decidió el Imperio de Asia.

En las Guerras del Peloponeso participó Tucídides que escribió la historia de las citadas guerras, asociando las reglas y las aplicaciones de la táctica y de la política.

Jenofonte dirigió y describió la La retirada de los Diez Mil y se le deben algunos tratados especiales de táctica y muchas noticias que esparció en su novela histórica Ciropedia.

En el enfrentamiento entre Tebas y Esparta en el siglo IV a. C. se dio ejemplo instructivo en la batalla de Leuctra por las inteligentes disposiciones puestas en práctica por Epaminondas, creador del orden oblicuo, que le había valido victoria memorable, empleado el citado orden por segunda vez en la batalla de Mantinea.

Estas guerras mejoraron el arte militar de los Griegos, pero su perfección es necesario buscarla en los tiempos de Filipo y Alejandro Magno, principalmente en el ejército macedónico.

El arte militar hizo ya grandes progresos en esta época ya que de chocar y pelear en todo lo largo de la línea de batalla y el valor individual, se llega hasta a elegir el terreno más conveniente a la clase de combate y especie de tropas y se toman disposiciones, y la victoria se hace ya dependiente más de las oportunas y sabias disposiciones estratégicas que del valor individual y colectivo.

Los países por donde Alejandro Magno condujo su ejército no fueron un mero tránsito de sus tropas derrotando a los enemigos que se le presentaban, sino que en sus expediciones tomó y construyó fortalezas, dejó guarniciones y nombró sátrapas que gobernaban cada región, quedando afirmada su dominación, y sus conquistas y sus relaciones mercantiles que algunos de sus sucesores, especialmente los Ptolomeos de Egipto, sostuvieron con la India, dieron a conocer el Ganges, la remota ciudad de Tina y la isla de Thapobana ( Ceilán)

Muerto Alejandro Magno su vasto Imperio se dividió y subdividió entre muchos de sus generales y la Macedonia quedó como estado independiente hasta que en tiempo del rey Perseo la famosa falange griega fue rota por las legiones romanas de Paulo Emilio, a quien por este hecho le dieron el sobrenombre de El Macedonio.

Entre los griegos fue la falange la que constituyó la ordenanza de la infantería y esta grande unidad táctica formaba una masa compacta, profunda y cerrada en la que el "syntagma" era el elemento mas manejable y consistente, batallón formado de a 16 hombres de fondo por 16 de frente, y esta unidad llena y cerrada podía doblarse como reducirse a cuatro hombres de fondo, maniobra que se empleaba para extender la línea.

Cuando el citado Alejandro había llegado al apogeo de su gloria ya existía la formidable República romana, que se había hecho poderosa desde la batalla de Zama dada por dos grandes estrategas Aníbal de Cartago y Escipión de Roma, al cual dieron por esta victoria el sobrenombre de El Africano.

En la batalla de Cannas, descrita por Polibio, evidencian los grandes talentos de Anibal, y la representación de la batalla es explicada por Quintus Icillius en su obra Memorias militares sobre los griegos y los romanos, y aunque los cartagineses hubiesen adoptado el orden profundo de los griegos, sus batallas no se parecen en nada a las de Epaminondas y de Alejandro Magno, debiendo Anibal casi todas sus victorias al empleo de dos maniobras: la una servirse de su superior caballería para rodear o cortar las alas de su enemigo, y la otra en aprovecharse de los accidentes para ocultar una parte de sus fuerzas , que durante la acción venían a caer sobre la retaguardia del enemigo que él batía de frente.

En la citada batalla de Zama, el general romano Escipión de Roma, en lugar de ordenar sus legiones como de costumbre colocó las compañías de preferencia en cuadro a retaguardia de los astarios y desplegó las filas de los triarios para darles un frente igual y separadas las líneas a tres o cuatro pasos de distancia las unas de las otras, y el orden de batalla se halló formado por una serie de columnas por manípulos equidistantes; variación realizada por la necesidad de dejar pasos rectos y capaces a los elefantes de los cartagineses que habían de ser lanzados contra la línea. El orden citado que adoptó en columna Escipión, no solamente era oportuno para hacer frente a los elefantes sino también la mejor disposición para atacar después de haber desalojado a aquellos animales, una manera nueva de presentarse a sus enemigos, lo que no podía dejar de sorprenderles.

La legión romana era un cuerpo espaciado, móvil y maniobrable, ofreciendo sus intérvalos la ventaja de la continuación de los esfuerzos por los pasos de línea y formaba en tres líneas de hastarios, príncipes y triarios, a treinta toesas de distancia entre sí, y por medio de los intérvalos se proporcionaban el continuo ataque y el recíproco socorro.

La legión se dividía o descomponía bajo el aspecto táctico y orgánico en pequeñas tropas o trozos con los nombres de centurias, manípulos, ect. y el mérito principal de la maniobra legionaria era su capacidad de restablecer tres veces el combate, viniendo los hastarios a restablecerse a los intérvalos de los príncipes y en estos, a su vez, en los de los triarios, ó a la inversa, avanzando y encajonándose unos en otros entre los manípulos formando línea llena, orden flexible, extenso y escalonado, que ofrecía de suyo tres tentativas de fortuna.

El arte de los sitios mejorado primero por los rodios y por los cartagineses, fue llevado a su esplendor por Dionisio, Filipo y Alejandro y más tarde por Demetrio Poliocertes y los Tolomeos, y Poliorcetes introdujo grandes novedades en el arte militar aplicando la ciencia de su tiempo a las máquinas de guerra y estableció almacenes y arsenales.

Anteriormente a las guerras púnicas, el examen de las tres batallas que sostuvo Roma en las Guerras Pírricas prueba la razón que tuvo Polibio al decir que cuando la irrupción de Pirro de Epiro, los romanos por sus guerras contra los galos y samnitas habían llegado a perfeccionar mucho el arte militar, y los vencedores aprendieron de los campos de Pirro a alienar sus tiendas y a separarlas por pequeñas calles y a observar un orden militar que solo los griegos conocían hasta entonces[3] y se ve por este tiempo órdenes de batallas bien razonadas, diversiones bien combinadas y el uso de reservas.

La Iliria, país dilatado de las costas del Mar Adriático, tenía diversos soberanos, pero el más poderoso era la reina Teuta, viuda de Argón, que como regente gobernadora se hizo dueña del Peloponeso, también de la Fenicia y dio orden a sus piratas que apresasen todas las embarcaciones romanas. La República romana resolvió un plan estratégico consistente en que sus cónsules Lucio Postumio Albino y Cneo Fulvio Centumalo se embarcasen para la Iliria y atacasen en combinación, por mar con su flota Fulvio, compuesta de 200 galeras y por tierra el ejército de Postumio. Tras ser derrotada, la reina Teuta se retiró a Rhizon, villa fuerte situada en un pequeño golfo del mar Adriático.

A pesar de que la guerra romana es característica de invasión, iniciativa, actividad, sorpresa y tino, hay ejemplos de cálculo retardado y victoriosa lentitud como Fabio con su estrategia hábil y prudente, defensa ardidosa y sistemática de esquivar batallas y abrumar con maniobras y estratagemas al ejército de Aníbal para ganar tiempo.[4]

El ordenamiento de los romanos era ajustado a sus miras particulares y a su constitución política, y en ocasiones adoptaban las armas y los usos de las mismas naciones que vencían si mejoraban su organización político- militar, llegando a adquirir una preponderancia por mucho tiempo sobre los demás pueblos en toda clase de ciencias y artes y por consiguiente en el de la guerra.[5]

El arte militar romano tiene una vocación de universalidad y permanencia que falta al griego, más circunscrito, siempre especial, local, y favorecía la audacia y la ambicionada rapidez de las empresas de los romanos lo pequeño de su ejército consular, su severa disciplina y su fácil manejo.

Los romanos hicieron al patriotismo base de su severa disciplina y la sostuvieron con el castigo y el rigor por un lado, y con el honor y la recompensa lucrativa por otro. Unidas en su mente las dos ideas de patria y Dios, el juramento militar romano no era vana fórmula de disciplina, sino la consagración absoluta a los dioses que velaban por la patria, y con tal elevación de pensamientos inútiles eran los códigos y reglamentos ya que la distancia jerárquica se establecía por si misma, la insubordinación podía mirarse como muy poco probable, el cumplimiento del deber se convertía en costumbre y el jefe, desembarazado y temido, podía con toda holgura imprimir a su capricho el movimiento a la maquinaria legionaria, seguro del juego perfecto de todos sus engranajes.

Salustio describe militarmente la guerra de Yugurta y expone con claridad el orden oblicuo empleado en la batalla dada a orillas del Mutul entre aquel númida y Metelo.

La guerra de Yugurta es la última época en que se hallan las legiones formadas por clases, ya que luego se las ve formadas por cohortes, y no se formaron al principio más que en dos líneas como se ve en el orden de batalla de Catilina contra Petreyo, y posteriormente César, Pompeyo el Grande y todos los buenos generales volvieron pronto al uso de formarse sobre tres líneas.

Con las reformas de Mario se reunieron en uno los tres manípulos de hastarios, príncipes y triarios, se extinguió la distinción de todas las clases y se formó la verdadera cohorte que vino a ser por fin la subdivisión única, la verdadera unidad táctica y orgánica de la legión, batallón de 500 a 600 individuos divididos en seis centurias, con fuerza bastante para no necesitar reunirse a otros elementos semejantes a ella.

En Hispania sobresalen como líderes militares el proscrito Sertorio que fatigaba con prontas e improvisadas marchas a los soldados romanos, cortándoles los suministros, acampando con habilidad y ventaja, no aventurándose con presentar batalla alguna sin estar muy seguro de ganarla, o el célebre jefe de los lusitanos Viriato, organizando un ejército, el cual, con sus correrías, acciones parciales y retiradas hábiles desconcertaba a los romanos, para finalmente refugiarse en las montañas y con la guerra de partidas supo hacerse tan temible que Quinto Servilio Cepión acudió al artificio y a la traición para terminar con su vida.

Los romanos se instruyeron de estrategia en las guerras púnicas y gran maestría estratégica manifiesta Mario contra los Cimbrios y Teutones, Sila en el Asia y sobre todo Cayo Julio César en las Galias, donde acampado siempre entre enemigos, se ejercitó para triunfar en la guerra civil romana y someter a la aristocracia, y sus Comentarios son la más importante de las obras militares antiguas, requiriéndose no obstante para su entendimiento conocer las instituciones militares y políticas de los romanos.

Según un oficial y tratadista militar de Prusia del siglo XIX, Ciriacy, la constante iniciativa de César, su imprevista aparición, su vista de águila para utilizar en la defensiva las faltas del enemigo, contribuían para hacer brotar del desastre la victoria.

Con el auxilio de las naves originarias de Liburnia, Dalmacia, liburnas, venció Octavio a Marco Antonio en la batalla de Actium y desde entonces se les dio preferencia en las Armadas de Roma, construidas con las maderas del ciprés y del pino larice y el abeto y con clavazón de cobre con preferencia a la de hierro, y las mayores llevaban de avanzada una falúa de cuarenta remos para hacer la descubierta, sorprender las naves enemigas, avisar de su derrota y de sus intenciones.

Tito Livio es el más poeta entre los historiadores y Flavio Josefo escribió sobre la guerra en Judea, refiriéndose acerca de la táctica y la poliorcética de los romanos en tiempo de los emperadores.

El platónico Onosandro trata el arte militar desde un punto de vista filosófico, aprendiéndose de su obra la parte moral y la observación del proceder humano aplicado a la guerra.

Frontino dejó escritos una colección de planes de batalla y ardides de guerra, y lo mismo Polieno.

Amage, reina de los antiguos sarmatas que habitaban las costas del Ponto Euxino, estableció en las fronteras de su reino guarniciones de tropas, venció y rechazó a los enemigos que le invadieron y no negó socorros a los príncipes vecinos cuando solicitaron su auxilio.

Tácito estudió más bien la conducta humana que las vicisitudes exteriores, aunque son fecundísimos en instrucción los relatos de las campañas de Germánico, de Corbulón, de Vespasiano, de Tito, etc.

Boadicea, mujer de Prasutagus, rey de los icenos, después de derrotar sucesivas veces a los romanos, acudió a su encuentro el ejército de Suetonio, que se arriesgó a dar una batalla a pesar de la desigualdad del número de combatientes y confiando en la táctica y disciplina de las legiones.[6]

Arriano escribió tratados de los más importantes entre los antiguos sobre la ciencia de la guerra y nos revela en la expedición de Alejandro Magno las particularidades de las operaciones estratégicas.

Eliano, como en tiempos de Alejandro Severo quien armó a sus soldados con corazas y yelmos a la griega y largas lanzas formando una gran falange de seis legiones, se volvió a dar preferencia al arte griego, escribió un tratado sobre la Táctica de los Griegos.

Durante el Bajo Imperio romano, cuando Vegecio escribía de arte militar, este yacía casi olvidado, y en vano Trajano vencedor de los dacios y partos, en vano Adriano restaurador de la disciplina, en vano Septimio Severo dominador de los bretones, trataron de conservar las antiguas tradiciones, estas se perdieron bajo Caracalla y sus sucesores, despreciando los soldados el ejercicio del cuerpo y hasta abandonaron las armas defensivas, cuyo peso les era ya insoportable.

Vegecio compuso un tratado de arte militar por mandato de Valentiniano II, y es la obra más completa que del asunto y de los antiguos ha llegado hasta nosotros; sin ser guerrero se mostró hábil escritor, tomando lo que de experiencia le faltaba, de obras de Catón, Cornelio y algunos otros, las cuales no han llegado a nuestros días.

Zenobia, reina de Palmira, después de ser vencida por dos veces por Aureliano, se retiró a Palmira, que fue sitiada por los romanos. Esta reina que había capitaneado ella misma sus ejércitos, infundió aliento a los sitiados y se defendió como grande capitana.

Sedujo a los emperadores la comodidad de hallar siempre entre los germanos individuos dispuestos a servir con un salario, y compuestos ya los ejércitos romanos de tropas mercenarias, enervados con los vicios, desmoralización y reducciones, dignos instrumentos de los caprichos del Jefe del Imperio, que frecuentemente era víctima del furor de sus soldados ( Anarquía del siglo III), las naciones bárbaras que los romanos habían vencido anteriormente, les vencieron a su vez después de varias tentativas de invasión, y derribando un Imperio del que ya no tenía de grande más que el nombre.

La idea de un poder centralizado fue dejado en herencia por Roma y los pueblos bárbaros no pudieron nunca igualarla, debiéndose a la citada herencia el renacimiento de un imperio cristiano en tiempos de Carlomagno.

Atenas: estrategos

Los griegos sobresalieron en la táctica y los romanos en la estrategia, y Atenas nombraba todos los años por elección sus diez estrategos o generales en jefe, uno por cada tribu, y se caracterizaban por lo siguiente:

  • Ser iguales en categoría.
  • Se turnaban diariamente en el mando.
  • A veces una batalla se adelantaba o atrasaba por intrigas del estratego que quería llevarse la gloria. Para evitar esto se decidió dejar en la capital 9 estrategos, cuando se ponía en pie solamente un ejército.

Esparta

En Esparta el polemarca, en general en Grecia, jefe de un cuerpo de ejército, era jefe de una mora, y tenían los lacedemonios poca marina, no tenían ciudades muradas, dormían en campaña armados y los soldados al compás del himno de Castor, acometían al enemigo con denuedo, y no perseguían al enemigo hasta ver asegurada la victoria.

Roma

En la antigua Roma stratiotes o stratioticus significaba soldado y stratiotica pecunia, caja o erario militar, y en Roma la milicia no era una institución independiente sino que con todo lo demás era la Administración, era el Estado, era Roma y el resultado de esa milicia era su ejército activo y el instrumento de Roma era la legión, cuerpo de tropas con fuerza muy variable en los tiempos, y se fue incubando desde los primeros tiempos en Roma una predisposición a la guerra metódica.

La legión romana que era más movible que la falange griega, facilitaba la conclusión de grandes empresas militares que exigían maniobras a larga distancia y en terreno desigual, y los campamentos de los romanos en las fronteras o en el seno en las provincias conquistadas atestiguan que sabían elegir los puntos estratégicos: Para salir victorioso de las batallas se han de meditar de antemano los preceptos del arte, para pelear según ellos y no fiarse del acaso ( Vegecio).[7]

La milicia romana tiene tres periodos históricos, el que comprende desde la fundación de la Monarquía hasta las reformas de Mario, el de los emperadores y el bizantino, y dentro de cada uno de ellos con multitud de reformas administrativas, orgánicas y tácticas que impiden caracterizar de forma satisfactoria los grados y sus funciones, y alguno de esos grados en la legión eran los siguientes:

Si entre los griegos al jefe supremo de las tropas se le llamó estratego, entre los romanos lo siguiente: cónsul, maestro de la milicia, dictador, imperator, y más tarde conde y duque.

Godos

A las legiones de los Romanos les sucedió una milicia compuesta de propietarios, de Godos que habían llegado a serlo, la cual formó el lazo entre lo romano y lo feudal, soldados que vivían del producto de sus tierras, pero pagaban tributos como los romanos y los feudales al contrario no tenían ninguna carga pero tenían que ir sin paga, fundando los Godos su organización militar en la jerarquía nobiliaria y el sistema decimal y la nobleza se dividía en varias jerarquías ( duques, condes, gardingos,..).

Los Godos se armaban a su costa y el que no podía era equipado por el Estado y el prefecto del pretorio estaba encargado de proveer al ejército, y sabían fortificar plazas y conocían las máquinas de batirlas.

Teodorico defendió las fronteras construyendo fortalezas y presidios y creó una marina de naves de guerra llamadas dromones, galeras pequeñas, y posteriormente Totila creó otra.

Bizancio

En el Imperio bizantino strategium hacía referencia al cuartel de tropas imperiales en Constantinopla, y algún general destacado que brilló con luz propia Belisario, aunque entorpecido en sus empresas por la escasez de los medios que le suministraban y por los caprichos de una Corte intrigante.

La infantería bizantina solo tenía un orden mixto, tomado de la falange y de la legión que no producía ningún de los grandes efectos de los dos métodos, uno fundado en su peso y otro en su flexibilidad, y su caballería era inferior al de los persas y bárbaros, y el fuego griego lo emplearon contra el valor de los sarracenos y francos:

  • El mayor poder de los sarracenos estaba en el valor físico, en su agilidad individual para manejar armas arrojándolas y en la facilidad como guiaban los caballos, inferiores en máquinas de guerra
  • Los francos formaron una sociedad entera guerrera y de aquí resulta que los combatientes tenían una gran intrepidez
  • Los godos, entre los Bárbaros, eran los más adelantados en la disposición de las tropas, los vándalos descollaban en el manejo de la espada, los hunos eran arqueros temibles, los suevos eran buenos infantes, en los alanos despuntaban los soldados pesados y en los hérulos los soldados ligeros

La guerra entre los Godos y los generales bizantinos Belisario y Narsés presenta por ambas partes gran habilidad estratégica y táctica, y según Procopio,[8] obtuvo Belisario gran parte de sus victorias porque la caballería de los Godos combatían siempre de cerca al luchar con espada corta y lanza.

Paralelo entre la falange y la legión

  • La falange macedónica, grueso batallón cuadrado no podía moverse sino de una vez, y el ejército romano estaba más dispuesto y más alerta a todo genero de movimientos
  • Los romanos aprendieron bien el arte de dividir los ejércitos en muchos batallones y escuadrones y el de formar el cuerpo de reserva para ayudar en el avance o para sostener en la defensa cuando vacilaba una parte del ejército
  • La falange macedónica era terrible cuando se iba al choque, aunque necesitaba lugares propios para su solidez y consistencia, y no teniéndolos se rompía por su propio movimiento y estando una vez dividida no tenía forma de reunirse
  • La legión se dividía como ya se ha dicho en diversos cuerpos y se servía de todos los lugares y se separaba como quería, propio para destacamentos, para todo tipo de conversiones y evoluciones, y por tanto tenía mas diversidad de movimientos y por consiguiente mas acción que la falange
  • Los romanos consideraban la disciplina fundamento de su Imperio y no buscaban batallas arriesgadas sin necesidad, ni victorias en la que perdieran muchos soldados
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