Esther Ballestrino

Esther Ballestrino de Careaga, Teresa, (* 20 de enero de 1918, en Encarnación, Paraguay - f. 17 o 18 de diciembre de 1977) fue una maestra, bioquímica y activista social paraguaya, notable por ser una de las fundadoras de la asociación de las Madres de Plaza de Mayo, dedicada a buscar a los " desaparecidos" durante el terrorismo de Estado en Argentina, motivo por el cual fue secuestrada, torturada y asesinada.

Su vida

Esther Ballestrino nació en Paraguay donde su familia se mudó[ ¿dónde?] cuando era pequeña. Allí se recibió de maestra y de Doctora en Bioquímica y Farmacia en la Universidad Nacional de Asunción. Según el escritor paraguayo Roberto Paredes, Esther nació en el Uruguay y su infancia la pasó en el Paraguay, específicamente en la ciudad de Encarnación. En Paraguay Esther se identificó con las ideas del Partido Revolucionario Febrerista, un movimiento de ideas socialistas y, en la década del '40 fundó el Movimiento Femenino del Paraguay, del que fue su primera secretaria general. Perseguida por la dictadura militar de Higinio Morínigo se refugió en la Argentina en 1947, donde contrajo matrimonio con Raymundo Careaga, con quien tuvo tres hijas.

El 24 de marzo de 1976 se produjo un golpe de estado en la Argentina que instaló un régimen fundado en el terrorismo de estado. Sus dos yernos, Manuel Carlos Cuevas e Yves Domergue fueron secuestrados y desaparecidos, y su hija Ana María Careaga, con tres meses de embarazo, fue secuestrada el 13 de junio de 1977, para ser llevada y torturada en el centro clandestino de detención Club Atlético.

Esther comenzó entonces a organizarse con otros familiares de desaparecidos y a participar de las rondas en la Plaza de Mayo que originaron la asociación Madres de Plaza de Mayo y a colaborar con Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

En octubre de 1977 Ana María fue liberada y tanto Esther como sus tres hijas se refugiaron primero en Brasil y luego en Suecia. Sin embargo, volvió a la Argentina poco después. Las otras madres entonces quisieron persuadirla que era muy peligroso quedarse y que debía volver a Suecia. Su hija Ana María cuenta que su madre contestó: "No, voy a seguir hasta que aparezcan todos".[1]

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