Estamento

El entierro del Conde de Orgaz (1588), Domenico Teotocopuli El Greco. Los estamentos privilegiados, nobleza y clero, se legitiman mutuamente en la cúspide social, y se les abren las puertas del cielo, de cuyo orden divino pretenden ser el reflejo terrenal. Los no privilegiados, a pesar de ser la gran mayoría de la población, están poco representados (lo que da su peso exacto en el sistema político y social): quizá solo los dos únicos personajes que miran de frente al espectador (el pintor y su hijo) serían miembros de la burguesía; no aparece ningún campesino (los vecinos de la villa de Orgaz a los que hubo que obligar a pagar las rentas de las que salió el cuadro y la Iglesia de Santo Tomé).

Estamento es el estrato de una sociedad, definido por un común estilo de vida o análoga función social.[1] Es la división social que responde a los criterios propios del feudalismo y el Antiguo Régimen. Los estamentos ( nobleza, clero y " tercer estado" o "común", en su conformación clásica) tienden a ser agrupaciones cerradas, pues se entra en ellos normalmente por las circunstancias del nacimiento (la familia e incluso la primogenitura –determinada por el sexo y orden de nacimiento–), a diferencia de las clases sociales, que se definen por intereses económicos. A pesar de ello, los estamentos no son absolutamente cerrados, a diferencia de las castas, y existe la posibilidad de promoción social por méritos extraordinarios ( ennoblecimiento a cargo del rey por servicios militares o de otro tipo, incluso por compra a cambio de dinero – venalidad de oficios y dignidades–); por matrimonio (aunque las relaciones desiguales son mal vistas socialmente) y por los mecanismos de reclutamiento eclesiástico (que se justifican espiritualmente con el término vocación -llamada divina-).

El estamento puede recibir también el nombre de estado (como en estado laico y estado eclesiástico –no confundir con el concepto político de Estado, referido a lo estatal y no a lo estamental–), pues se identifica con una característica definitoria e intrínseca a la persona (como el estado civil). También puede denominarse orden, y a la sociedad que se divide según ese criterio se suele llamar sociedad estamental o sociedad de órdenes.[2]

Sociedad estamental: los tres estamentos

El concepto de sociedad estamental se identifica con una organización social basada en la desigualdad de condiciones, sancionada por el sistema jurídico-político y legitimada tradicional y teológicamente (por la costumbre y por una ideología de base religiosa), en la que los individuos permanecen adscritos a diferentes categorías (los estamentos), ordenadas jerárquicamente dentro de su grupo humano, que prescriben la esfera de actividades a las que se pueden dedicar y sus limitaciones políticas, y que son en principio relativamente inflexibles a las variaciones e independientes de las acciones o logros (económicos, políticos, militares, intelectuales) de los individuos.

La sacralización de la sociedad estamental se fue desarrollando como un lento proceso durante la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media (como medio de mantener el orden dentro de la decadente e inestable sociedad tardorromana): Primeramente, a partir de la crisis del siglo III, el Imperio latino (diferenciándose cada vez más de la parte griega) se fue ruralizando económicamente, siendo las ciudades arrasadas, desapareciendo el comercio y la destrucción de fábricas, en gran medida como consecuencia de la respuesta a la propia crisis que se dio por el propio Imperio ( reformas de Diocleciano); y mientras que los latifundistas prosperaban en sus lujosas villae decaían las ciudades, al tiempo que ascendía el papel social y político del cristianismo primitivo, con el monacato y la institucionalización de la Iglesia (especialmente por el apoyo de emperadores como Constantino y Teodosio, siglo IV). A partir de las invasiones bárbaras del siglo V se añadieron nuevos elementos que definieron la nobleza de sangre como estrato social superior en los reinos germánicos (reinos anglosajones y nórdicos) y prefecturas bizantinas de Italia y España que sustituyeron al Imperio latino; y especialmente en las formaciones sociales que se establecieron en Europa como consecuencia de las "segundas invasiones" de los siglos VIII y IX ( árabes, vikingos, magiares) en el contexto político de la formación y disolución del Imperio carolingio.[3] Ya en los siglos centrales de la Edad Media, con la plena conformación de las instituciones feudo-vasalláticas y las reformas eclesiásticas impulsadas por el papado ( reforma gregoriana, orden cluniacense, concilio de Letrán), quedó definida una sociedad estamental en las monarquías feudales de Europa Occidental y en el amplio espacio de Europa Central (el Sacro Imperio Romano), extendiéndose hacia el Norte y Este de Europa (la expansión militar de las Cruzadas, aunque estableció efímeros reinos "latinos", no conllevó una implantación profunda del modelo europeo de sociedad en Próximo Oriente).

La disolución de la sociedad estamental (entendida como soporte de los " privilegios" y el " oscurantismo" que obstaculizaban el libre desarrollo de la sociedad según la novedosa idea de " progreso") fue una parte esencial del programa ilustrado de los intelectuales enciclopedistas de mediados del siglo XVIII y de los revolucionarios franceses de 1789. A lo largo del siglo XIX se fue construyendo una sociedad industrial, de clases, con distinto ritmo, intensidad y grados de oposición (distintos tipos de mecanismos de defensa de la sociedad preindustrial, reaccionarismo, tradicionalismo, conservadurismo, etc.) en cada nación del mundo occidental.[4]

Justificación ideológica

El triestamentalismo fue el paradigma más difundido, aunque no el único, para pensar la sociedad durante la Edad Media.[5]

Las funciones de los órdenes feudales estaban fijadas ideológicamente por el agustinismo político ( Civitate Dei, 426), en búsqueda de una sociedad que, aunque como terrena no podía dejar de ser corrupta e imperfecta, podía aspirar a ser al menos una sombra de la imagen de una "Ciudad de Dios" perfecta de raíces platónicas[8] (traducible como "trabajadores") su mantenimiento.

La formulación primera, y acabada, de este esquema trifuncional aparece en un comentario de la De consolatione philosophiae de Boecio, atribuido a Alfredo el Grande y datado en 892:[9]

Debe de haber gebedmen ["hombres de oración"], fyrdmen ["hombres de guerra"] y weorcmen ["hombres de trabajo"], sin los cuales ningún rey puede mostrar su poder.

Posteriormente, Wulfstan, arzobispo de York, retomaría tal pensamiento:

Todo trono real que rija sabiamente se apoya en tres elementos: uno son los oratores; otro, los laboratores; el tercero, los bellatores. Los oratores son hombres de oración, que día y noche deben rezar a Dios y rogarle por todo el pueblo. Los laboratores son hombres de trabajo, que proporcionan todo lo necesario para que el pueblo pueda vivir. Los bellatores son hombres de guerra, que luchan con las armas para defender la tierra. Sobre estos tres pilares debe regirse con justicia cualquier trono real.

Wulfstan de York, Institutes of Polity (1008-1010).[10]

Tales términos se mantienen en el campo de lo secular, por cuanto no se establece prelación entre los órdenes, cuya división trinitaria evoca esquemas de pensamiento teológico que será traspuesto a la jerarquización de la sociedad por Gerardo, obispo de Cambrai, y sobre todo Adalberón, obispo de Laon, en el siglo XI:[12]

[...] desde sus orígenes el género humano está dividido en tres, los oradores, los labradores y los guerreros [...] cada uno es objeto por parte de los otros de una solicitud recíproca.

Geràrd de Cambrai, Gesta episcoporum cameracensium (1024).

Triple es la casa de Dios que creemos una: en este mundo unos oran, otros combaten y otros, además, trabajan; estos tres están juntos y no toleran estar desunidos, de manera tal que sobre la función de uno descansan las obras de los otros dos, todos a su turno ayudando a los otros dos

Adalberón de Laon, Carmen ad Robertum regem francorum (1027-1031).

En el plano ideológico, el triestamentalismo medieval suele, pero no siempre, presentarse como un esquema de solidaridad funcional, donde se pone de realce lo que cada estado aporta a los demás, lo que tiene por efecto difuminar la jerarquía y la desigualdad, tanto más cuanto que se señala lo penoso y las cargas de cada estado. Por enmascarar la desigualdad, dicho esquema pudo tener más aceptación que los paradigmas abiertamente jerárquicos. Además no es infrecuente que los autores mencionen la autoridad divina, como legitimadora de la distinción estamental.

En el ámbito da la cristiandad hispana, Isidoro de Sevilla puede considerarse como un precursor del paradigma de los tres órdenes con su tripartición senatores, milites, plebs ( Etimologías, voz "tribus", 627-630); retomada y adaptada en la Borgoña del siglo IX por el monje Haimón de Auxerre.[13] El surgimiento del triestamentalismo en la época feudal clásica correspondería por tanto primero a Inglaterra, pero el foco francés parece independiente y se explica por la adaptación de Isidoro en la Borgoña.

Posteriormente, se halla una formulación de dicho esquema en los Fueros de Aragón (la llamada Compilación de Huesca redactada bajo Jaime I)[14]

El formador del sieglo assí lo ordenó e mandó que todos los hombres fuessen departidos por ciertas e por departidas ördenes en el sieglo, ço es assaber que los clérigos veylassen continua-mentre en el servicio de Dios, e que los caualleros fuessen siempre defensores de los otros e de las tierras, e los otros omnes que usasen siempre lur menester, quiscuno el suyo

Libro 3, n. 153.

También están citados en el Código de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio:

Defensores son uno de los tres estados por que Dios quiso que se mantuviese el mundo: ca bien así como los que ruegan á Dios por el pueblo son dichos oradores; et otrosí los que labran la tierra et facen en ella aquellas cosas por que los homes han de vivir et de mantenerse son dichos labradores; et otrosí los que han á defender á todos son dichos defensores: por ende los homes que tal obra han de facer tovieron por bien los antiguos que fuesen mucho escogidos, et esto fue porque en defender yacen tres cosas, esfuerzo, et honra et poderío. Onde pues, que en el título ante deste mostramos qual debe el pueblo seer á la tierra do mora, faciendo linage que la pueble et labrándola para haber los frutos della, et enseñorándose de las cosas que en ella fueren, et defendiéndola et cresciéndola de lo de los enemigos que es cosa que conviene á todos comunalmente; pero con todo eso á los que más pertenesce son los caballeros á quien los antiguos decian defensores, lo uno porque son más honrados, et lo al porque señaladamente son establescidos para defender la tierra et acrescentarla.

Partida 2, título XXI, introducción.

Representación política

A partir de la Baja Edad Media, la representación política de los estamentos era función de una institución denominada Cortes (en los reinos cristianos de la península ibérica), Parlamento (en el reino de Inglaterra) o Estados Generales (en el reino de Francia). Estas instituciones, derivadas de la obligación de consilium (consejo) del vasallaje feudal, hacía partícipe de las decisiones políticas del rey a toda la sociedad, representada por "estamentos", "estados" o "brazos", en una imagen organicista en la que la "cabeza" dirige pero tiene en cuenta al " cuerpo político". El número de estos "brazos" podía ser distinto de tres (como ocurría en la Corona de Aragón, donde se subdividía la nobleza en alta - barones y ricoshombres- y baja - caballeros e hidalgos o infanzones-). Esto suponía una clara desproporción entre la representación política de nobleza y clero y su peso demográfico. Se han estimado cifras del 3 al 6% para cada uno de esos estamentos, quedando un resto cercano al 90% para el tercero, compuesto en su gran mayoría de campesinos, hecho necesario dada la escasa productividad del trabajo y rendimiento de las actividades agrícolas en época preindustrial (para que diez coman pan, nueve han de sembrar el trigo). Tampoco puede identificarse la representación del "tercer estado" o "común" con la de las democracias representativas de la Edad Contemporánea; se restringía a los gobiernos municipales de ciertas ciudades, que de hecho se vinculaban a una oligarquía o patriciado urbano muy lejana en poder y riqueza tanto de la plebe urbana como de los campesinos.

El privilegio

La diferencia entre los dos primeros estamentos, o estamentos privilegiados (nobleza y clero) y el tercer estamento, tercer estado o estado llano (equivalente a común o pueblo llano) estaba en la situación de privilegio, que explicitaba la condición desigual de las personas, tanto jurídica como socialmente. Los individuos que pertenecían a estamentos superiores, se casaban entre ellos, tanto para mantener unidas las herencias como para no dejar entrar a miembros del tercer estado en él (en la evolución hacia la sociedad de clases, los burgueses tendieron a buscar enlaces matrimoniales con nobles para que la familia adquiriera títulos, mientras los nobles, que poseían tierras y títulos, que en esa época dejaron de tener mucho valor material, podían unirse a una familia rica, como eran las burguesas). Hasta el siglo XVIII fueron incompatibles los llamados oficios mecánicos con la nobleza. El comercio, actividad sospechosa por la vinculación al pecado de usura, se relegaba al tercer estado o incluso a los judíos (que podían prestar a interés).

Mientras duró la sociedad estamental era determinante incluso la posición entre los hermanos de la misma familia: mientras que el hermano varón mayor (llamado el mayorazgo) heredaría título y propiedades vinculadas a él, el hermano varón menor (llamado el segundón) entraría en el clero, en una posición adecuada al rango de su familia, que se medía justamente por las donaciones a la iglesia. Era habitual también que, si el hermano mayor moría, el hermano clérigo "colgaba los hábitos" para cumplir sus obligaciones familiares (caso que se dio incluso entre reyes: Ramiro II el monje). Las hijas mayores estaba destinadas a casarse con el mayorazgo de una familia de rango similar, mientras que las hijas menores también entrarían al clero, adecuadamente dotadas. Las herencias quedaban aseguradas, las propiedades concentradas, los dos estamentos privilegiados aliados inseparablemente por identidad familiar y el prestigio social de todos ellos garantizado con la posición dominante en la Iglesia, monopolizadora de la cultura y la ideología.

El Clero tenía privilegios similares a los nobles como por ejemplo regirse por tribunales particulares y la exención absoluta del pago de impuestos. Recibían incluso beneficios del resto de la sociedad como el diezmo de todos los productos de la tierra. También poseían grandes extensiones de tierras y gozaban de rentas señoriales. Dentro de este grupo había diferencias sustanciales, por un lado estaba el alto clero ( obispos, abades y canónigos) y por el otro, el clero llano, el más numeroso y extendido por todo el territorio ( párrocos, etc.).

Los votos monásticos (pobreza, castidad y obediencia) y el celibato eclesiástico, extendido al clero secular en la Iglesia Católica durante la Edad Media (no a la Iglesia Ortodoxa), consiguen para Europa Occidental un perfecto enlace entre los estamentos privilegiados al impedir que los clérigos compitan por las herencias con sus hermanos. De la misma manera, convierten en inocua la apertura del clero a individuos no privilegiados, pues no podrían hacer hereditaria su condición. De todas maneras, el ascenso al alto clero de los no privilegiados fue excepcional. La Reforma Protestante, al hacer desaparecer todas estas características del clero en su zona de implantación (el Norte de Europa), fue un eficaz disolvente de la sociedad estamental y con ella del Antiguo Régimen.

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