Estado del bienestar

Estado de bienestar, Estado benefactor, Estado providencia o sociedad del bienestar es un concepto de las ciencias políticas y económicas con el que se designa a una propuesta política o modelo general del Estado y de la organización social, según la cual el Estado provee servicios en cumplimiento de los derechos sociales a la totalidad de los habitantes de un país.[2]


Definiciones de Estado de Bienestar

El Estado del bienestar, en relación a los Derechos económicos, sociales y culturales, considerados como Derechos humanos, se define como:

El paso de una seguridad social solo para algunos, a una seguridad social para todos los ciudadanos, marca la aparición del Estado de bienestar. Los derechos de seguridad social, es decir, las pensiones, la sanidad, el desempleo, junto a los servicios sociales, el derecho a la educación, la cultura y otros servicios públicos aplicados al conjunto de los ciudadanos y no solo a los trabajadores, definirán la política de bienestar social como sello de identidad de las democracias europeas más avanzadas.[2]

En la ciencia política, el término Estado del bienestar (Wohlfahrtsstaat) tiene en parte usos o significados distintos y se considera que es principalmente una categoría empírica para el análisis comparativo de las actividades de los Estados modernos.[3]

Los estudios acerca del Estado del bienestar se pueden dividir entre los dedicados a su origen, características o función general y los que se centran en la implementación específica por los Estados de tales esquemas y en ambos casos tanto de forma aislada como de forma comparativa.

La noción de «Estado benefactor» tiene su origen en el año 1946, como consecuencia de la experiencia traumática de la crisis generalizada producto de la Gran Depresión, que, generalmente, se considera que culminó en la Segunda Guerra Mundial. que trajo el desempleo y la miseria a millones, fueron fundamentales en el cambio al estado de bienestar en muchos países. Durante la Gran Depresión, el estado de bienestar fue visto como un "camino intermedio" entre los extremos del comunismo de la izquierda y el laissez-faire del capitalismo de la derecha.[4]

De acuerdo a Claus Offe, es uno de los dos factores ―junto a la existencia de partidos políticos masivos y en competencia― que hace posible la existencia del capitalismo democrático o «Estado de economía mixta».[5]

David Anisi sugirió que es un tipo de pacto social en el que se estableció un reparto más equitativo de los beneficios y de la riqueza entre toda la población con objeto de evitar el malestar social que llevó a las sociedades europeas a la Segunda Guerra Mundial. La expresión económica del Estado del bienestar fue el pacto keynesiano que durante la postguerra pretendía un desarrollo económico equilibrado socialmente, así como el pleno empleo.[8]

El Estado del bienestar, en relación a los Derechos económicos, sociales y culturales, considerados como Derechos humanos, se define como:

El paso de una seguridad social solo para algunos, a una seguridad social para todos los ciudadanos, marca la aparición del Estado de bienestar. Los derechos de seguridad social, es decir, las pensiones, la sanidad, el desempleo, junto a los servicios sociales, el derecho a la educación, la cultura y otros servicios públicos aplicados al conjunto de los ciudadanos y no solo a los trabajadores, definirán la política de bienestar social como sello de identidad de las democracias europeas más avanzadas.[2]


Orígenes y evolución del término

Las nociones actuales de «Estado del bienestar» corresponden al término inglés Welfare State (del que se traduce literalmente), cuyo uso quedó acuñado a partir de 1945, en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, a partir de una expresión original de William Temple, entonces Arzobispo de Canterbury, en la que contraponía las políticas keynesianas de posguerra al Warfare State (‘Estado de guerra’) de la Alemania Nazi.

Sin embargo, con anterioridad ya se venían utilizando otros términos que expresan aproximadamente las mismas aspiraciones. En Inglaterra se hablaba de asistencia social o asistencia pública (social assistance o public assistance) organizada bajo las «leyes de pobres» poor laws»). En Francia, durante el Segundo Imperio (1852-1870), el término «Estado-providencia» («État-Providence») fue acuñado por los republicanos que preconizaban un «Estado social» (État social) y criticaban la filosofía individualista de ciertas leyes (como la Ley Le Chapelier, que prohibía los sindicatos). En la Alemania del Segundo Reich (1871) los « socialistas de cátedra» (universitarios) introdujeron el término Wohlfahrtsstaat para describir el sistema diseñado por las políticas bismarckianas en materia social (ver Estado Social).

Desarrollo del Estado del bienestar

A pesar de que existen algunos antecedentes en sistemas políticos anteriores, se ha alegado que la percepción del mejoramiento del bienestar material general de la población, como una de las funciones centrales de la Sociedad o Estado, realmente se inició con los orígenes de la Ilustración.[9]​ En ese período, a pesar de que el poder de los monarcas llegó a ser absoluto, aparece el concepto del déspota ilustrado, cuya función era, especialmente en Alemania, traer progreso y bienestar social y económico a su pueblo[10]​ ―ver Características y evolución del cameralismo―.

De acuerdo a Gertrude Himmelfarb ―historiadora neoconservadora―, esto culminó alrededor del comienzo del siglo XIX:

La tesis es que los 1800 marcó un quiebre intelectual, después del cual la pobreza llegó a ser crecientemente reconocida por los conscientes y autodesignados portadores del «espíritu de la época» como un problema del sistema más que del trabajador. [...] Éxitos futuros en resolver la pobreza requerirán reconocer tanto el aspecto material como moral del problema.

Gertrude Himmelfarb[11]

A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, en la mayor parte de los países de la Europa Occidental, la llamada «cuestión social» ―expresada en la presión política de movimientos sociales, especialmente los movimientos obreros― impulsó a los Gobiernos a adaptar la legislación sobre la condición social de la clase trabajadora y el trabajo, legislación que fue progresivamente modificada. La mayor parte de estas medidas fueron puntuales y de alcance mínimo, con características que dependen tanto de la historia como de las circunstancias político-sociales de cada país. Sin embargo, es posible notar un movimiento hacia servicios incrementalmente más comprensivos.

Esta situación culmina en las crisis económicas del Período de entreguerras y concomitantes crisis sociopolíticas (ver Gran Depresión), dado que las dictaduras que surgieron demostraron ser capaces de resolver las crisis de forma más efectiva que las democracias. Tanto la Unión Soviética con el Plan Quinquenal, como la Alemania Nazi de preguerra, la Italia de Mussolini (quien fue elogiado por «hacer que los trenes funcionaran a tiempo», es decir, por poner fin a las huelgas y el caos económico que había dominado a ese país) y el Japón imperial, países todos que impusieron fuertes controles estatales a la economía, resolvieron la crisis a mediados de los años treinta. Esto llevó al auge de proyectos políticos totalitarios, y no solo entre el ciudadano común y corriente. Por ejemplo, el 20 de enero de 1927, durante una visita a Roma, el entonces conservador y autodeclarado «constitucionalista y antisocialista» Winston Churchill declaró que si él hubiera sido italiano, se habría unido a Mussolini:

Agregaré una palabra sobre el aspecto internacional del fascismo. Externamente su movimiento ha rendido un servicio al mundo entero. [...] Italia ha demostrado que hay maneras de luchar contra las fuerzas subversivas, maneras que pueden llevar las masas populares, propiamente dirigidas, a apreciar y defender el honor y la estabilidad de una sociedad civilizada. Ha previsto el antídoto necesario al veneno ruso. De ahora en adelante, ninguna gran nación estará desprovista de un último medio de protección contra el crecimiento canceroso del bolchevismo.

Winston Churchill, citado en «The menace of Fascism»

Alrededor de esas fechas, Churchill sugirió ametrallar a huelguistas como manera práctica de terminar la huelga. Aun tan tarde como en 1938, en vísperas del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Churchill declaró que si alguna vez Inglaterra llegara a tener los mismos problemas que Alemania de postguerra, él esperaba que llegara a encontrar su «Sr. Hitler»[12]​ amenazando las concepciones del Estado liberal y la democracia, lo que a su vez amenazó la estabilidad mundial, culminando en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).[13]

Es en ese sentido que Waligorsky dice que se propuso la intervención estatal «como un resguardo contra el poder del mercado para socavar nuestras instituciones políticas y sociales más valuables. [...] Un mercado totalmente libre es definitivamente no el mejor mercado para una democracia, un mercado sin regulaciones no garantiza ni justicia ni prosperidad.»[14]

Se admite generalmente que el resumen que Claus Offe hace de ese desarrollo es correcto:

El Estado de bienestar ha sido el resultado combinado de diversos factores (…) El reformismo socialdemócrata, el socialismo cristiano, élites políticas y económicas conservadoras ilustradas, y grandes sindicatos industriales fueron las fuerzas más importantes que abogaron en su favor y otorgaron esquemas más y más amplios de seguro obligatorio, leyes sobre protección del trabajo, salario mínimo, expansión de servicios sanitarios y educativos y alojamientos estatalmente subvencionados, así como el reconocimiento de los sindicatos como representantes económicos y políticos legítimos del trabajo.

Claus Offe[15]

A fin de evitar errores, es necesario agregar específicamente la influencia de sectores liberales y demócrata-cristianos, con personajes tales como David Lloyd George y Konrad Adenauer, respectivamente.

A partir de lo anterior ―y comenzando en 1945― se implementaron en la Europa Occidental las políticas socioeconómicas que llegaron a ser conocidas como «Estado del bienestar» moderno. Esa implementación dio origen a lo que Eric Hobsbawm ―entre otros―[16]​ ha llamado «la edad de oro del capitalismo»,[18]​ ya que ocasionó el período de crecimiento económico sostenido más exitoso en el siglo XX.[19]

Algunas autoridades[20]​ argumentan que tales desarrollos se efectuaron bajo la propuesta general del keynesianismo. Otras[21]​ aducen que fue bajo las propuestas generales del ordoliberalismo (ver Estado Social). Sin embargo. la mayoría de los estudiosos del tema sugieren que hay una similaridad básica entre estas visiones y aun otras, tales como las del dirigismo propuesto en Francia en ese período[22]​ etc. (ver también: Economía del bienestar).

En 1956, Karl Popper describió los logros de esa propuesta en los siguientes términos:

En ningún otro momento, y en ninguna parte, han sido los hombres más respetados, como hombres, que en nuestra sociedad. Nunca antes los Derechos Humanos y la dignidad humana han sido tan respetados y nunca antes ha habido tantos dispuestos a hacer sacrificios por otros, especialmente por aquellos menos afortunados que ellos. Esos son los hechos. [...] Quiero enfatizar que estoy al tanto de otros hechos. El poder todavía corrompe, incluso en nuestro mundo. Empleados públicos todavía se comportan a veces como amos descorteses. Todavía abundan dictadores de bolsillo. [...] Pero todo eso no se debe tanto a la falta de buenas intenciones como a la falta de habilidad e incompetencia.

Karl Popper[23]

Popper continúa:

Pero volvamos nuestra atención a asuntos más importantes. Nuestro mundo libre ha eliminado casi, si no completamente, los grandes males que con anterioridad han asediado la vida social de los hombres. [...] Veamos lo que se ha logrado, no solo aquí en Gran Bretaña a través del Estado del bienestar, sino con algún método u otro en todas partes en el mundo libre.

Karl Popper ( op. cit.

Y da la siguiente lista de lo que él considera ―desde el punto de vista liberal― los males que pueden ser resueltos o remediados por la cooperación social:

  • Pobreza
  • Desempleo y formas similares de inseguridad social.
  • Enfermedad y dolor.
  • Crueldad penal.
  • Esclavitud y otras formas de servidumbre.
  • Discriminación racial y religiosa.
  • Falta de oportunidades educacionales.
  • Diferencias rígidas de clase.
  • La guerra.

Desde un punto de vista conservador, los beneficios del Estado del bienestar son dobles: por un lado, la generación de consenso social de forma que el sistema funcione de forma armónica y eficiente.[24]​ y, por el otro, siguiendo de lo anterior, una función de creación y reforzamiento de valores éticos fundamentales a la existencia y estabilidad de relaciones sociales, llevando así a una creciente integración social: «La provisión de los beneficios (del Estado del bienestar) es sobre la base de ayudar a los menos privilegiados a adquirir la disciplina necesaria para adherirse a los estándares morales (sociales o comunes)»:[25]

La respuesta conservadora es que el debate acerca de si debería haber un Estado del bienestar ha terminado. El debate apropiado a estos días debería ser acerca de las modalidades a través de las cuales las «ayudas recibidas por derecho» (entitlements) son entregadas. Las modalidades importan, porque algunas promueven y otras no los atributos y actitudes ―mirar al futuro, independencia, responsabilidad por la vida saludable― indispensables para una vida digna en una sociedad económicamente vibrante que un Estado del bienestar devorador de ingresos necesita en una época de población que envejece.

George Will[26]

Conviene recordar que la visión conservadora del Estado es que ese existe para satisfacer las necesidades humanas (desde el punto de vista liberal es promover la libertad ciudadana) y como tal los conservadores aceptan el Estado del bienestar[27]​ (ver también Alfred Müller-Armack).

Las ventajas desde el punto de vista de la socialdemocracia son, generalmente, los de un avance reformista ―paulatino pero seguro― hacia el socialismo, asegurando al mismo tiempo la protección y profundización de la democracia a través del reconocimiento del derecho legítimo de los sindicatos y representantes de comunidades y minorías sociales marginadas en la toma de decisiones gubernamentales, así como la creciente integración a esas decisiones de los principios de la justicia social, dignidad humana y participación ciudadana.

Para comenzar, por lo menos en parte debido a esas diferencias de aproximación y como la cita de Popper sugiere, los proyectos en diferentes países se veían como disímiles, posiblemente opuestos.[28]​ Sin embargo, con el paso del tiempo se nota que las políticas practicadas en los países europeos occidentales convergen[30]​}} en relación a dar un rol económico activo al Estado con el fin de obtener ciertos objetivos sociales comunes (tales como el bienestar social y crecimiento económico) y se hace evidente que el progreso y la estabilidad de cada país europeo dependen de la de sus vecinos. Así, se crea un consenso que abarca desde los sectores más izquierdistas de los partidos social demócratas hasta los más derechistas o conservadores en los demócrata cristianos. Ese consenso es lo que llegó a ser conocido como el modelo europeo de gobernanza, basado no solo en la idea de que la sociedad ―a través del Estado― tiene una responsabilidad por sus ciudadanos, sino también en que el bienestar de cada uno, tanto individuos como países, depende del bienestar del vecino y que ese bien común, a pesar de visiones e intereses diferentes, puede lograrse a través de la práctica de la política de los consensos (ver democracia deliberativa). Se empieza a hablar entonces de las "construcciones de comunidades". Véase Tratados de Roma y Comunidades Europeas. El resultado de todo lo anterior es lo que se conoce como el modelo del Estado del bienestar.

Posteriormente, y a partir de una crítica temprana al Estado del bienestar desde el punto de vista de la escuela austriaca,[31]​ algunos políticos ―por ejemplo, Margaret Thatcher en el Reino Unido[32]​ buscaron implementar lo que fue generalmente percibido como una tentativa de «desmantelar el Estado del bienestar».[33]

Más allá de una discusión acerca de las posibles intenciones de Thatcher y otros,[34]​ el hecho es que esos personajes introdujeron modificaciones profundas al Estado del bienestar ―por lo menos tal y como se practicaba en Inglaterra― motivados principalmente ―se ha sugerido― tanto por una malinterpretación de la posición de Hayek[35]​ como lo que algunos consideran una falta de comprensión de las consecuencias socioeconómicas de tales tentativas[36]​ y las dificultades envueltas en las mismas.[38]

Consecuentemente los resultados del proyecto de la Sra. Thatcher no fueron, quizás, los esperados por los partidarios de la «liberación de las fuerzas económicas». En los años que siguieron a la implementación de tales medidas, la inflación en Inglaterra alcanzó un 20 %. Tanto las tasas de interés como las de desempleo subieron excesivamente y la base industrial británica fue diezmada.[39]

Mientras tanto, en Estados Unidos, Ronald Reagan sería elegido con una promesa de “reducir impuestos, aumentar el presupuesto de defensa y equilibrar y reducir el gasto fiscal”.[40]​ implementó políticas similares que, en su conjunto, llegaron a ser conocidas como neoliberalismo. Durante esa presidencia comenzó el aumento desmesurado de la deuda tanto pública como privada en Estados Unidos. Contrariamente a lo esperado por sus partidarios, el déficit fiscal estadounidense creció desde 0,9 billones de dólares a más de 3 billones, la tasa de inversiones industriales declinó precipitadamente ―siendo reemplazada por grandes inversiones en instrumentos financieros en lo que ha sido llamado una orgía especulativa―, el desempleo llegó al 10 % de la fuerza de trabajo y la seguridad de trabajo y los ingresos reales del resto decayeron.[39]​ El continuado desarrollo de esas tendencias llevó finalmente a la crisis de las hipotecas basura, que forzó al ahora presidente George W. Bush (hijo del anterior) a la mayor intervención estatal en la historia de Estados Unidos: la inyección de 700 000  millones de dólares para sostener los bancos amenazados por la quiebra en ese país, duplicando en el proceso la «deuda pública».[41]​ En septiembre de 2007, esa deuda llegó a 8,9 billones de dólares (8,9 trillions, según el sistema inglés).[42]​ En noviembre de 2008, cuando Barack Obama asumió la presidencia, la deuda ascendía a 10,56 billones de dólares.[43]

A nivel mundial, la imposición de tales políticas llevó a la decadencia del crecimiento económico mundial, de una tasa promedio de casi 3 % anual en el periodo 1950-1973 a uno de menos de 1,5 % en el 1973-2000. Al mismo tiempo, el ingreso per cápita del cuartil de mayores ingresos ha sido mucho más rápido que el de menores ingresos, lo que ha aumentado dramáticamente la desigualdad social.[44]​ Situación que ha continuado en la primera década del siglo XXI. En octubre de 2010 el Fondo Monetario internacional publicó una tabla que muestra que el crecimiento económico mundial ha declinado (con la excepción de Asia incluyendo China) incluso en relación a 1980.[45]

A pesar de lo anterior, los mecanismos, logros y objetivos del Estado del bienestar aún se mantienen, en Europa, no solo como fundamento moral de cohesión social, sino también como base realista y necesaria del bienestar socioeconómico común. Por ejemplo, el Libro verde sobre los servicios de interés general, presentado por la Comisión Europea en mayo de 2002, define la noción del interés general europeo como «la satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos y la preservación de bienes públicos, cuando el mercado falla».[46]

Más recientemente, como consecuencia de la Crisis económica de 2008-2009, la demócrata cristiana Angela Merkel ―haciéndose eco del sentimiento keynesiano― proclamó: «Solo el Estado es capaz de restaurar la confianza necesaria»,[47]​ y tanto el socialista no marxista ―con influencia cristiana y fabianaGordon Brown como el conservador Nicolas Sarkozy han opinado que «el laissez-faire tuvo su hora» e incluso el periódico The Economist ―bastión del pensamiento liberal clásico moderno― ha dicho:

Para los liberales, [...] la crisis ha puesto de relieve defectos en la manera en que ellos también implementan sus modelos. Lograr regulaciones adecuadas es tan importante como liberar los mercados; puede que un sector público eficiente cuente tanto como un sector privado eficiente, inversiones públicas en transporte, educación y salud, bien hechas, pueden pagar dividendos. [...] Pragmatismo y eficiencia siempre son de importancia.

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