Estado de Palestina

Estado de Palestina
دولة فلسطين
Dawlat Filasṭin

Flag of Palestine.svg
Coat of arms of State of Palestine (Official).png

Himno: بلادي
Biladi
(en árabe: «Mi país»)

State of Palestine (orthographic projection).svg

CapitalJerusalén Este[2](proclamada, de iure)
Ramala
(administrativa, de facto)
31°53′49″N 35°12′06″E / 31°53′49″N 35°12′06″E / 35.201666666667 Ver y modificar los datos en Wikidata
Ciudad más pobladaGaza[2]
Idioma oficialÁrabe
GentilicioPalestino, -a
Forma de gobiernoRepública parlamentaria (de iure)
República semipresidencialista (de facto)
Presidente
Primer Ministro
Mahmud Abás
Rami Hamdallah
Órgano legislativoConsejo Legislativo Palestino Ver y modificar los datos en Wikidata
Independencia
 • Proclamada
 • Reconocida

15 de noviembre de 1988
30 de noviembre de 2012
(por las Naciones Unidas, con limitaciones)
SuperficiePuesto 172.º
 • Total6520 km²
Población totalPuesto 125.º
 • Censo4,816,503 [3]​ hab. (2016)
 • Densidad731,76 hab./km²
IDH (2015)Crecimiento0,684[4]​ (114.º) – Medio
MonedaNuevo shéquel israelí
(₪, ILS)
Dinar jordano
(JD, JOD)
Huso horarioUTC +2
 • En veranoUTC +3
Código ISO275 / PSE / PS
Dominio internet.ps Ver y modificar los datos en Wikidata
Prefijo telefónico+970[2]
Siglas país para automóvilesPS
Código del COIPLE Ver y modificar los datos en Wikidata
  1. Las estadísticas de población y económicas se basan en los Territorios palestinos.

  2. También se usa +972.

Palestina[17]

El 29 de noviembre de 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 67/19 (proyecto de resolución A/67/L.28) en virtud de la cual concedió a Palestina la condición de «Estado observador no miembro» de la organización,[19]​ Esta resolución no implica aún la admisión de Palestina como miembro pleno de la organización, pues para ello se necesitaría de la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el cual Estados Unidos se opone.El 17 de diciembre de 2014 el Parlamento Europeo apoyó públicamente el reconocimiento del Estado de Palestina,[26]

Historia

La Palestina histórica

Origen del topónimo

El término "Palestina" proviene del antiguo pueblo de los filisteos, mencionados en la Biblia y otros textos antiguos, como ocupantes de la faja costera al sur de Siria y Fenicia. Esta etnia, integrada por emigrantes vinculados a los Pueblos del Mar (quizás de procedencia egea, aunque no es seguro) se asentó en el territorio conocido como Canaán durante la transición entre la Edad del Bronce y del Hierro; aproximadamente en el siglo XII a. C.[31]​ Merced a su uso del hierro, dominaron a las poblaciones del interior, las tribus hebreas, con las cuales libraron cruentas batallas. Esta enemistad quedó reflejada en la Biblia y transformó el término filisteo en una designación peyorativa.

Según el diccionario etimológico Douglas Harper,

"la palabra "Palestina" proviene del latín Palestina (nombre de una provincia romana), y este del griego "Palaistine" (Herodoto), y este del hebreo P'lesheth (que significa Filistea, tierra de los filisteos)".[32]

A su vez, el origen de la palabra "filisteos" es, según la misma fuente:

"Del francés antiguo (comienzos del s.XIV) "Philistin", y este del latín tardío "Philistinus", y este a su vez del griego tardío "Philistinoi" (plural), que a su vez deriva del hebreo "P'lishtim", que se traduce como "pueblo de P'lesheth" (Filistea). Puede compararse con el acadio "Palastu" o el egipcio "Palusata". La palabra probablemente hace alusión al nombre que el propio pueblo se daba a sí mismo."[33]

Antigüedad

La historiografía del territorio llamado Palestina está marcada en gran medida por dos factores relacionados que son las tradiciones religiosas y las disputas territoriales. Algunos autores, como Dever o Pfoh, sostienen que para evitar la lectura fundamentalista o nacionalista debe interpretarse de manera crítica la evidencia arqueológica y epigráfica utilizando los textos bíblicos con extrema cautela, dado su carácter secundario. Pfoh destaca que: "... la historia que obtendremos siguiendo esta metodología será bastante diferente de la que podemos leer en la narrativa bíblica, o incluso en ciertos estudios históricos modernos"[34]​.

Uno de los antecedentes más remotos de asentamientos humanos en la región del levante mediterráneo corresponden a la Cultura Natufiense que tuvo presencia entre el 12,500–9,500 a.C., extendiéndose por los actuales territorios de Siria, Jordania, Líbano, Israel y Palestina[35]​.

Los cananeos por su parte, serían los primeros habitantes históricos de la región, conocida entonces como Canaán (un término que aparece en documentos egipcios del Antiguo Imperio)[42]​.

En la misma época aparecieron en la región interior las tribus hebreas, seminómadas y ganaderas emparentadas con los posteriores arameos, las cuales formaron una confederación que aparece testimoniada hacia el 1210 a. C. (estela de Merenptah). Según sus propios relatos, conservados en la Biblia y puestos por escrito siglos después, estas tribus habían sido oprimidas en Egipto hasta que el profeta Moisés, por orden de su dios Yavé, las liberase y condujera hasta Canaán. El lugarteniente y sucesor del Moisés, Josué, habría conquistado la mayor parte de Canaán, la "Tierra Prometida" por Yavé a los Patriarcas hebreos.

Estas tribus hebreas tenían el mismo origen que los cananeos y hablaban su mismo idioma, por lo que los investigadores se inclinan a considerarlas un emergente de las poblaciones locales que tomó el control del territorio a expensas de las ciudades estado al final de la edad de Bronce.

Los israelitas, una confederación de tribus hebreas, parecen haber controlado el territorio interior en torno al siglo XII a. C., pero no ocurrió lo mismo con los filisteos, que habrían establecido un estado propio en la costa meridional de Palestina y controlaban varias ciudades al norte y al este, mas siempre en la costera, quedando sus límites territoriales aproximadamente entre la franja terrestre de Gaza, Ascalón y Asdod. Con una organización militar superior y gracias al uso de armas de hierro, derrotaron severamente a los israelitas en torno al 1050 a. C. La amenaza filistea obligó a los israelitas a unirse y a establecer una monarquía. Según la Biblia, David, rey de Judá e Israel, derrotó a los filisteos poco después del año 1000 a. C.

La federación filistea perdió su autonomía temporalmente durante el siglo X a. C. bajo la hegemonía egipcia, y definitivamente tras la conquista asiria de 722 a. C. Nabucodonosor II devastó el territorio filisteo en 604 a. C. y, como el resto de Oriente Medio, cayeron en manos del imperio de Alejandro Magno. Para dicho momento, parece que los filisteos ya habían perdido buena parte de o prácticamente toda su identidad cultural. Con todo, el término Pəlešet (y posteriormente sus versiones griega; Παλαιστινή, Palaistinḗ y latina;Palæstina) siguió utilizándose como término geográfico, referido a un área cada vez más extensa, en la cual se solía incluir las ciudades de la costa además de Samaria y Judea.

La unidad de Israel y la debilidad de los imperios adyacentes permitió a David , según el relato bíblico, establecer un gran reino independiente, cuya capital fue Jerusalén. Bajo su hijo y sucesor, Salomón, Israel disfrutó de paz y prosperidad, pero a su muerte en el año 922 a. C. el reino fue dividido en dos: Israel, al norte, y Judá, al sur. Algunos autores como Finkelstein y Silberman, sin embargo, basándose en la interpretación de los restos arqueológicos y el estudio crítico de los textos bíblicos, consideran problemática esta reconstrucción de la historia de Israel. Sostienen que el reino de Israel, basado en las ciudades de la región central (la tribu de Efraím) surgió en torno al siglo IX a. C. y que Judá, el reino del sur, era un estado menor hasta la invasión asiria[42]​.

Cuando los imperios cercanos reanudaron su expansión, los israelitas, divididos, no pudieron mantener durante más tiempo su independencia. Israel cayó ante Asiria en los años 722 y 721 a. C., y Judá fue conquistado en el año 586 a. C. por Babilonia, que destruyó Jerusalén y exilió a gran parte de los judíos que la habitaban. Las tribus israelitas fueron deportadas y, según la Biblia, su lugar fue ocupado por una población extranjera; los samaritanos. Este pueblo, sin embargo, sostiene que es descendiente directo de los antiguos israelitas[43]​.

Los judíos deportados a Bablionia, sin embargo, mantuvieron su identidad nacional y religiosa en el exilio; algunos de sus mejores escritos teológicos y muchos libros históricos del Antiguo Testamento fueron escritos durante este periodo. El recuerdo de la tierra de Israel estaba patente en sus escritos. Cuando Ciro II el Grande de Persia conquistó Babilonia en el año 539 a. C. les permitió regresar al antiguo territorio. Bajo el dominio persa los judíos recibieron una considerable autonomía. Reconstruyeron las murallas de Jerusalén y codificaron la ley mosaica, la Torá, que se convirtió en el código de la vida social y la práctica religiosa[44]​.

A la dominación persa, le siguió el gobierno griego cuando Alejandro Magno conquistó la región en el 333 a. C. Los sucesores de Alejandro, miembros de la dinastía Tolemaica de Egipto y de la Seléucida de Siria, continuaron gobernando la zona. Estos últimos intentaron imponer la cultura y religión helenística a la población. En el siglo II a. C., sin embargo, los judíos, dirigidos por la familia de los Macabeos, se rebelaron y organizaron un estado independiente (entre el 141 y el 63 a. C.) que sería llamado o conocido como el Reino Asmoneo hasta que Cneo Pompeyo Magno conquistó el Reino Asmoneo para Roma y la convirtió en una provincia gobernada por dirigentes judíos cambiando su nombre a Provincia de Judea. Durante el reinado del rey Herodes el Grande (desde el 37 hasta el 4 a. C.), nació Jesús de Nazaret, figura central del cristianismo.

Estallaron dos revueltas judías contra la dominación romana (del 66 al 73 d. C. y del año 132 al 135), pero fueron reprimidas. Después de la segunda, la destrucción de Jerusalén y la dura represión sobre los judíos provocó su diáspora hacia otros territorios. Según algunos autores el territorio de la provincia de Judea pasó a llamarse Palestina con el fin de desligar a los judíos del territorio. Prohibiéndoseles, además, entrar en la ciudad de Jerusalén que fue renombrada Aelia Capitolina.

La región, ahora conocida como Palestina, recibió una atención especial cuando el emperador romano Constantino I el Grande legalizó la actividad de la hasta entonces perseguida Iglesia cristiana en el año 313 a través del denominado Edicto de Milán. Su madre, Elena, visitó Jerusalén. Palestina, considerada la Tierra Santa, se convirtió en el centro de las peregrinaciones cristianas. La consecuencia de esto fue una época de prosperidad, seguridad y desarrollo de la actividad cultural. La mayor parte de la población se helenizó y cristianizó. No obstante, el gobierno bizantino fue interrumpido durante una breve ocupación persa (614-629) y finalizó por completo cuando los ejércitos musulmanes conquistaron Jerusalén en el año 638.

La llegada de los árabes

Jerusalén es ciudad santa para los judíos pero también para los musulmanes ya que la tradición sitúa aquí el punto donde Mahoma ascendió al cielo. En la imagen la Mezquita de la Roca que alberga el punto exacto.

La conquista árabe inició mil trescientos años de presencia musulmana en Palestina, un territorio sagrado para los musulmanes porque el profeta Mahoma había designado Jerusalén como la primera quibla, dirección hacia la que los musulmanes deben dirigir sus plegarias; si bien posteriormente y hasta la actualidad, la oración debe efectuarse con los fieles orientados hacia la ciudad de La Meca.[45]

Los gobernantes musulmanes, en un principio, no obligaron a los habitantes locales a adoptar su religión; de hecho, pasó más de un siglo antes de que se convirtiera la mayoría al islamismo. Los cristianos y judíos eran considerados dhimmi (‘pueblos del Libro’). Se les concedió el control autónomo de sus comunidades y se les garantizó seguridad y libertad de culto. Tal tolerancia (con raras excepciones) no ha sido habitual a lo largo de la historia de las religiones, especialmente en la historia de la religión Islámica. La mayor parte de los habitantes adoptaron la cultura árabe e islámica. Palestina se benefició del comercio entre los territorios musulmanes y de su trascendencia religiosa durante el gobierno de la primera dinastía musulmana, los Omeyas de Damasco. Cuando el califato pasó a manos de los Abasíes de Bagdad en el año 750, Palestina quedó olvidada. Sufrió desórdenes y la dominación sucesiva de los selyúcidas, los fatimíes y los cruzados europeos. Con todo, participó del esplendor de la civilización musulmana del momento, en concreto, en lo relativo a la ciencia, el arte, la filosofía y la literatura. Con posterioridad, Palestina decayó bajo el reinado de los mamelucos y comenzó su decadencia.

Imperio otomano

El Mar Muerto en los tiempos de dominación británica.

Los turcos otomanos de Asia Menor derrotaron a los mamelucos en 1517 y, con pocas interrupciones, gobernaron Palestina hasta 1917. El país quedó dividido en varios distritos (denominados sanjaks o sanjacados), como el de Jerusalén. La administración de estos distritos se confió en su mayor parte a los palestinos arabizados, descendientes de los cananeos y de los colonizadores posteriores. No obstante, las comunidades cristiana y judía recibieron una amplia autonomía. Palestina participó del esplendor del Imperio otomano durante el siglo XVI, pero perdió toda importancia con la decadencia de éste en el siglo XVII —lo que afectó a la actividad económica en el territorio y provocó el consiguiente descenso demográfico—, que continuó hasta el siglo XIX. En esa época, las potencias europeas, en busca de materias primas y mercados, y llevadas también por intereses estratégicos, llegaron a Oriente Próximo, estimulando el desarrollo social y económico. Entre 1831 y 1840, Mehmet Alí, el virrey (pachá) de Egipto, partidario de la modernización, expandió su área de influencia hasta Palestina. Sus reformas políticas supusieron la eliminación del orden feudal, el incremento de la agricultura y la mejora de la educación. El Imperio otomano reafirmó su autoridad en 1840 e instituyó sus propias reformas. A partir de 1880 colonos alemanes e inmigrantes judíos llevaron a la zona la maquinaria moderna y el capital que la región necesitaba urgentemente.

El auge del nacionalismo europeo durante el siglo XIX, y especialmente la intensificación del antisemitismo a partir de 1880, estimuló a los judíos europeos a buscar refugio en su "tierra prometida" (Eretz Israel). El escritor y periodista Theodor Herzl, autor de El estado judío (1896), fundó la Organización Sionista Mundial en 1897 para resolver el “problema judío” en Europa. Como resultado, la emigración judía a Palestina se incrementó de manera espectacular. En 1880, los árabes palestinos constituían alrededor del 95 % de una población total de 450.000 habitantes. No obstante, algunos dirigentes palestinos reaccionaron con alarma ante la emigración, la compra de terreno y las reivindicaciones judías, y desde entonces se convirtieron en inexorables opositores al sionismo.

Mandato Británico

Frontera egipcio-palestina durante el dominio británico
Bandera del Mandato Británico de Palestina (1927 - 1948).

La promesa que los británicos hicieron a los dirigentes árabes, en especial a través de la correspondencia mantenida (1915-1916) con Husein ibn Alí —gran jerife (perteneciente a la familia de Mahoma) de La Meca—, de conceder la independencia de sus territorios tras la conclusión de la Primera Guerra Mundial, permitió la expulsión de los turcos de Palestina entre 1917 y 1918. Los británicos, sin embargo, no mantuvieron sus promesas a los árabes. Así, en el tratado secreto Sykes-Picot firmado con Francia y Rusia en 1916, Gran Bretaña se comprometía a dividir y gobernar la región con sus aliados. Posteriormente, a través de la Declaración Balfour (1917), Gran Bretaña declaró que

El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina...

Esta declaración se incorporó posteriormente como promesa al mandato conferido a Gran Bretaña por la Sociedad de Naciones en 1922.

Durante su mandato (1922-1948) los británicos encontraron difícil reconciliar las promesas hechas a ambas comunidades. Las organizaciones sionistas mantuvieron la emigración judía a gran escala y algunos hablaron de la constitución de un Estado judío en toda Palestina. Además, otras declaraciones de potencias internacionales apoyaban la idea del reconocimiento del estado judío, entre ellas podemos citar la Declaración Cambon, emitida en 1917 por Francia, y una manifestación semejante también fue emitida por el Imperio Alemán, además, de forma paralela, para los años 1920/1930 el futuro estado judío ya disponía de importante infraestructura y desarrollo autónomo judío en Palestina. Esta actitud provocó el rechazo de los palestinos, temerosos de ser desposeídos de sus territorios por los sionistas, a pesar de que el mandato británico ya había divido a Palestina en dos Estados, cediendo en el 70/80 % del territorio de Palestina al estado o Reino de Transjordania (actual Jordania), como una solución para la creación en Palestina de dos estados, uno judío y el otro árabe, y dejando el restante 20/30 % para la creación de un futuro estado judío. Aun así, los pobladores árabes, todavía una amplia mayoría de la población, no quedaron conforme con ello y se produjeron ataques antisemitas en Jerusalén (1920) y Jaffa (1921). Posteriormente, en 1922, a causa de la presión política que ejercían los árabes sobre el Reino Unido y los excesivos y contradictorios compromisos asumidos por Inglaterra con múltiples bandos -que muchas veces eran rivales entre sí- durante la Primera Guerra Mundial, una declaración británica rechazó las reivindicaciones sionistas sobre toda Palestina y limitó la inmigración judía, pero reafirmó el apoyo al “hogar nacional judío”. Los británicos propusieron establecer un consejo legislativo, pero los palestinos rechazaron este consejo por considerarlo contrario a sus intereses, fuertemente promovidos por el líder árabe Amin al-Husayni, Gran Mufti de Jerusalén y estableció conversaciones con Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

Después de 1928, cuando la inmigración judía se incrementó ligeramente, la política británica a este respecto osciló bajo las conflictivas presiones árabe-judías. La afluencia de judíos procedentes de Europa central aumentó bruscamente tras la llegada del régimen nazi a Alemania en 1933; así, en 1935 casi 62.000 judíos entraron en el Mandato de Británico de Palestina. El temor a la dominación judía y la creación de un estado propio judío fue la principal causa de la revuelta árabe que estalló en 1936 y continuó intermitentemente hasta 1939. En esa época Gran Bretaña había restringido de nuevo la inmigración y la adquisición de tierras por parte de los judíos.

Después de la Segunda Guerra Mundial

La lucha por el control de Palestina, que se mitigó durante la Segunda Guerra Mundial, se reanudó en 1945. Los horrores del Holocausto despertaron la simpatía mundial por los judíos europeos y por el sionismo, y, a pesar de que el Reino Unido aún rechazaba admitir a 100.000 judíos supervivientes en Palestina, muchas víctimas de los campos de concentración nazis consiguieron entrar ilegalmente. Varios planes para resolver el problema palestino fueron repudiados por ambas partes. Finalmente, los británicos declararon el Mandato impracticable y traspasaron el problema a la recién creada Organización de las Naciones Unidas en abril de 1947. Judíos y árabes se prepararon para un enfrentamiento.

Aunque los árabes superaban a los judíos en número (1.259.000 frente a 579.000 respectivamente),[46]​ éstos últimos estaban mejor preparados, habiendo desarrollado en los años precedentes las estructuras necesarias para alcanzar el umbral estatal. Los judíos tenían un gobierno semiautónomo, dirigido por David Ben Gurión, y una milicia bien entrenada y experimentada, la Haganá, mas con escaso y mediocre armamento, llegando al caso de tener un rifle por cada tres soldados. Los árabes, por otra parte, nunca se habían recobrado de la fallida revuelta ya que los intereses y aspiraciones propias los tenían fuertemente divididos, además de que la mayoría de sus dirigentes habían sido apresados, habían muerto en combate o se hallaban en el exilio. El muftí de Jerusalén, su principal portavoz, se negó a aceptar el ONU elaborado en noviembre de 1947 y que establecía la división de la zona en dos estados, uno árabe y otro judío, mientras que los judíos lo aceptaron. La lucha militar posterior sería conocida como la guerra árabe-israelí de 1948. En este conflicto, los intereses árabes fueron defendidos por organizaciones militares palestinas o por pequeños contingentes de países árabes de la zona, mientras que el recién creado Estado de Israel, con su ejército y sus grupos paramilitares. A pesar de tener una fuerza política y militar aparentemente mayor que los judíos palestinos, ya que disponían de fuerte armamento (disponiendo de aviones y vehículos de combate), especialmente las tropas de Transjordania y Egipto, la implicación de los países árabes fue simbólica y, en el caso de Transjordania, incluso pactó con Israel una división del Mandato británico de Palestina por la que Cisjordania quedaría en manos jordanas y la legión jordana no atacaría al Estado de Israel. Se impuso un parcial bloqueo internacional de venta de armamento militar hacía el nuevo estado judío, aunque Checoslovaquia fue el único país que aceptó vender armamento al Estado de Israel durante el conflicto. Los árabes palestinos fueron finalmente derrotados por el ejército israelí.

Vista de Nablus.
Muro israelí cerca de Ramala.

Al finalizar la guerra, y una vez firmados los acuerdos de armisticio con los diversos países con los que había combatido, Israel quedó en posesión del 78 % del antiguo Mandato británico de Palestina, mientras que Jordania ocupó Cisjordania (posteriormente se la anexionaría sin apenas reconocimiento internacional) y Egipto hizo lo propio con la Franja de Gaza. La guerra supuso la expulsión o el exilio de aproximadamente 780.000 árabes palestinos en lo que se ha dado en conocer como la Nakba. Estos refugiados escaparon a los países árabes vecinos, como Líbano o Jordania principalmente, donde crearon una identidad nacional y el deseo de regresar a Palestina y recuperar los bienes que habían dejado atrás con su marcha. Al término de la guerra, Israel negó a estos refugiados el derecho de retorno a los hogares que habían tenido que abandonar, mientras aprobaba la denominada Ley de Retorno que proporcionaba residencia y ciudadanía israelí a todos los judíos que emigrasen a Israel. Poco después nació la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio, conocida comúnmente por las siglas UNRWA, que estableció numerosos campos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania y la Franja de Gaza destinados a dar apoyo a los refugiados palestinos de la guerra árabe-israelí de 1948. En cuanto a los palestinos que habían permanecido dentro de las recién creadas fronteras de Israel, se convirtieron en una minoría y fueron gobernados por una administración militar hasta 1966.

Un año después, en 1967, Israel atacó simultáneamente a Egipto, Siria y Jordania en la Guerra de los Seis Días y obtuvo una victoria aplastante, conquistando Cisjordania y Jerusalén Este de Jordania, los Altos del Golán de Siria y la Franja de Gaza y la península del Sinaí de Egipto. Salvo esta última, que fue devuelta a Egipto tras los Acuerdos de paz de Camp David en 1978, el resto siguen a día de hoy bajo un régimen de ocupación israelí declarado ilegal por la ONU en numerosas resoluciones.

En 1993, tras décadas de conflictos violentos entre palestinos e israelíes, los dirigentes de cada bando aceptaron la firma de un histórico acuerdo de paz. Yasir Arafat, dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina, y el primer ministro israelí Isaac Rabin se reunieron en los Estados Unidos el 13 de septiembre de 1993, para firmar el acuerdo de paz para la región. El plan contemplaba la autonomía de los territorios ocupados por Israel, que debía iniciarse en la Franja de Gaza y Jericó. La administración palestina sobre parte de estas áreas comenzó en mayo de 1994.

Las elecciones celebradas en los territorios autónomos palestinos reafirmaron la dirección de Yasir Arafat y de la OLP, pero las actitudes intransigentes de extremistas judíos (asesinato del primer ministro israelí Isaac Rabin en noviembre de 1995) y del grupo palestino Hamas (que ha llevado a cabo atentados terroristas indiscriminados en las principales ciudades de Israel) han puesto varias veces en peligro todo lo acordado en ese primer tratado de paz global y todos los que le siguieron.

Sello postal de la Autoridad Nacional Palestina.

En ese contexto de avance hacia la plena pacificación de la región, a finales de octubre de 1999 (con cinco años de retraso) los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania bajo control de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) quedaron unidos a través de una carretera de 44 kilómetros de longitud que atraviesa territorio israelí desde el puesto de Erez (al norte de la Franja de Gaza) hasta la ciudad autónoma de Tarqumiyah (en Cisjordania). Su apertura supuso el fin de la incomunicación que habían sufrido durante años tres millones de palestinos de ambos sectores ocupados por Israel en 1967. Entre agosto y septiembre de 2005, en virtud del denominado Plan de Desconexión promovido por el gobierno de Ariel Sharón, Israel desmanteló los asentamientos de la Franja de Gaza y procedió a la retirada de todos sus efectivos militares; se ponía así fin a una situación que perduraba desde la Guerra de los Seis Días. La Franja de Gaza pasó a depender de la ANP, aunque Israel conservó el control de las aguas jurisdiccionales, del espacio aéreo y de las fronteras, y por ello la comunidad internacional sigue considerando a la Franja de Gaza como territorio ocupado.[11]

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