Estado Libre del Congo

État Indépendant du Congo ( Francés)
Kongo Vrijstaat ( Neerlandés)
Estado Libre del Congo

Flag of the Kingdom of Kongo.svg
Bandera
Bandera

1885-1908

Flag of Congo Free State.svg

Bandera Escudo
Bandera Escudo
Ubicación de Estado Libre del Congo
Capital Boma (sede del Gobierno en Bruselas ( Bélgica)
Idioma oficial Francés
Gobierno Monarquía
Líder y Propietario
 • 1885- 1908 Leopoldo II de Bélgica
Período histórico Nuevo Imperialismo
 • Establecido 1885
 • Anexión por Bélgica 15 de noviembre de  1908

El Estado Libre del Congo o Estado Independiente del Congo (en francés: État Indépendant du Congo) fue un antiguo dominio colonial africano, propiedad privada del rey Leopoldo II de Bélgica, cuyas fronteras coinciden con la actual República Democrática del Congo. El Congo fue administrado privadamente por el rey Leopoldo II entre 1885 y 1908, año en que el territorio fue cedido a Bélgica.

Durante el período en que fue administrado por Leopoldo II, el territorio fue objeto de una explotación sistemática e indiscriminada de sus recursos naturales (especialmente el marfil y el caucho), en la que se utilizó exclusivamente mano de obra indígena en condiciones de esclavitud. Para mantener su control sobre la población nativa, la administración colonial instauró un régimen de terror, en el que fueron frecuentes los asesinatos en masa y las mutilaciones. Debido a esto y otros factores relacionados, hubo un elevadísimo número de víctimas mortales: aunque es imposible realizar cálculos exactos, la mayoría de los autores mencionan cifras de entre cinco y diez millones de muertos.

A partir de 1900, la prensa europea y estadounidense comenzó a informar acerca de las dramáticas condiciones en que vivía la población nativa del territorio. Las maniobras diplomáticas y la presión de la opinión pública consiguieron que el rey belga renunciase a su dominio personal sobre el Congo, que pasó a convertirse en una colonia de Bélgica, bajo el nombre de Congo Belga.

Historia

Antecedentes

Mapa histórico del Reino del Congo (existente durante los ss. XV, XVI y XVII), y situado en la región del estuario del río Congo.

En 1482, el navegante portugués Diogo Cão descubrió la desembocadura del río Congo. Tres años después, en 1485, remontó el río hasta la actual ciudad de Matadi. Los portugueses, que establecieron un productivo contacto con el reino del Congo, convirtieron la región en uno de los centros del comercio de esclavos.[a] Sin embargo, debido a las presiones de los países abolicionistas, a mediados del siglo XIX el tráfico de esclavos con destino a Brasil y al Caribe quedó interrumpido. Tras la abolición de la trata continuó en la región el llamado legitimate trade ("comercio legítimo") de productos como el aceite y las pepitas de palma, el marfil y el caucho. En la zona de la desembocadura del Congo habían establecido sus bases casas comerciales de diferentes países europeos ( Francia, Portugal, Inglaterra y Países Bajos, principalmente). Aunque las empresas comerciales más prósperas eran las de ingleses y neerlandeses, el dominio político del territorio correspondía a los portugueses —descubridores de la zona, y a los que correspondía teóricamente la soberanía de todo el territorio entre Cabinda y Moçamedes— y franceses, establecidos en Gabón.

La región oriental del Congo estaba dominada por comerciantes musulmanes de lengua swahili procedentes de Zanzíbar que se abastecían de esclavos en la zona. El más poderoso de estos comerciantes fue Tippu Tip, soberano de un reino junto al río Lualaba.[1] Teóricamente, acabar con el comercio de esclavos en África Central sería uno de los objetivos de los colonizadores europeos.

La creación del Estado Libre

Leopoldo II de Bélgica

Leopoldo II de Bélgica.

Bélgica, un estado reciente que se había independizado de los Países Bajos en 1830, era en la segunda mitad del siglo XIX uno de los países más desarrollados de Europa, cuya prosperidad se basaba más en la industria que en el comercio. Carecía de colonias, y la opinión pública era fuertemente anticolonialista.

Sin embargo, el rey de Bélgica, Leopoldo II, no era de la misma opinión que sus compatriotas. Desde antes de acceder al trono había mostrado un gran interés por la empresa colonial. Su modelo era la explotación holandesa de Java, a la que consideraba "una inagotable mina de oro".[b]

Leopoldo, rey desde 1865, comenzó a interesarse por África en 1873, pero sus planes empezaron a concretarse en 1875. En agosto de ese año, el monarca asistió en París al congreso de la Asociación Geográfica francesa, lo cual le dio la idea de celebrar su propia conferencia en Bruselas. Al año siguiente, el 12 de septiembre, inauguró en el palacio real de Bruselas la reunión que sería conocida como Conferencia Geográfica de Bruselas, a la que asistieron geógrafos y exploradores de las principales naciones europeas.

En el discurso con el que inauguró el congreso, Leopoldo planteó la necesidad de civilizar África Central. Para ello, se decidió crear bases de operaciones tanto en el este —en Zanzíbar— como en el oeste —la desembocadura del río Congo —; se establecieron las posibles rutas para la exploración del interior del continente; y se decidió crear una asociación internacional, la Asociación Internacional Africana (Association Internationale Africaine, AIA), que coordinaría las acciones de los distintos comités nacionales.

La AIA se constituyó el 14 de septiembre de 1876, con sede en Bruselas y bajo la presidencia de Leopoldo II. La asociación era, en apariencia, meramente filantrópica. El comité ejecutivo de la asociación lo formaban, además del propio Leopoldo, un alemán ( Gustav Nachtigal), un inglés (Sir Barthe Frere) y un francés (Quatregages). Los comités nacionales, sin embargo, no tuvieron demasiado éxito, excepto en Francia, donde su presidente era Ferdinand de Lesseps, el constructor del canal de Suez.

La exploración del Congo

Desde que en 1482 Diogo Cão había descubierto la desembocadura del río Congo (al que él denominó, basándose en las palabras de sus informantes nativos, río Zaire), apenas se habían hecho intentos de explorar el río. Cão llegó sólo hasta la altura de la actual Matadi. Siglos después, en 1816, la expedición del capitán de la marina británica James Tuckey fracasó en el intento de remontar el río, lo cual retrajo durante décadas a los europeos de esta empresa.

Sin embargo, al mismo tiempo que Leopoldo perfilaba sus planes en Bruselas, tuvieron lugar tres viajes que contribuirían eficazmente al conocimiento de la región que el monarca belga se había propuesto "civilizar":

Henry Morton Stanley.
  • El inglés Verney Lovett Cameron llegó en 1873 a Nyangwe, a orillas del río Lualaba, partiendo del lago Tanganika. El potentado esclavista de Zanzíbar Tippu Tip se negó a prestar ayuda a la expedición, pese a lo cual Cameron continuó viaje hasta Benguela, en la costa atlántica, adonde llegó en octubre de 1875. Regresó a Europa en abril de 1876 y se entrevistó con Leopoldo II el mes siguiente. Es muy posible que la idea de convocar la Conferencia Geográfica de Bruselas tuviese relación con las informaciones que Cameron suministró al monarca, según las cuales África Central era un medio favorable para la actividad europea, cuya población estaba ya relativamente avanzada y donde era posible la navegación con barcos de vapor a través de la red fluvial. Sin embargo, Cameron no descubrió ninguna vía factible de acceso al interior desde la costa.
  • Henry Morton Stanley, mundialmente famoso desde que en noviembre de 1871 localizó a David Livingstone, había emprendido en 1873 un nuevo viaje, por encargo de los periódicos New York Herald y Daily Telegraph, para atravesar de costa a costa África Central. El viaje, que duró casi tres años, concluyó el 9 de agosto de 1877. Stanley hizo un importante descubrimiento: demostró que el río Congo era, a partir de Stanley Pool (actual Pool Malebo), una eficaz vía de acceso al interior de África Central. La intención de Stanley era proponer la colonización del Congo al gobierno británico, pero su propuesta fue desestimada. Leopoldo II, en cambio, mostró por ella un gran interés, y contrató de inmediato al explorador angloestadounidense.
  • El italiano nacionalizado francés Savorgnan de Brazza emprendió el 13 de noviembre de 1875 un viaje, por encargo del gobierno francés, remontando el río Ogooué. Brazza descubrió otra vía de acceso al Congo desde la colonia francesa de Gabón, y logró despertar el interés de Francia por colonizar la región.

La empresa comercial

En 1878, Stanley expuso su plan a Leopoldo de Bélgica. Para abrir al comercio europeo la región del Congo, proponía construir una línea de ferrocarril que permitiera eludir la parte no navegable del curso del río (las cataratas Livingstone), y abrir en el curso alto, donde el Congo volvía a ser navegable, asentamientos comerciales. Leopoldo dio su aprobación al proyecto. Para obtener los fondos entró en negociaciones con la compañía neerlandesa Afrikaansche Handels-Vereeniging (AHV, Asociación Comercial Africana), la empresa comercial más importante de la región de la desembocadura del Congo, con 44 factorías en la zona, y un capital de 24.000.000 florines, una cantidad elevadísima para la época.

Resultado de estas negociaciones fue la fundación, el 24 de noviembre de 1878, en Bruselas, del Comité de Estudios del Alto-Congo (CEHC), una "société en participation" con un capital social de un millón de francos, cuyos principales suscriptores eran el propio Leopoldo, con más de la cuarta parte del capital (260.000 francos), y la AHV, con 130.000. Aunque la finalidad del Comité, según se definía en sus estatutos, era principalmente filantrópica y científica, se hablaba ya abiertamente de fomentar el comercio y la industria en la zona. El objetivo del Comité era, primero, financiar una nueva expedición de Stanley para determinar las posibilidades de la zona; si tales posibilidades eran favorables, se proyectaba construir la línea de ferrocarril e iniciar la actividad comercial.[3]

Stanley partió a África en enero de 1879. Desembarcó primero en Zanzíbar para reclutar el personal de la expedición, y luego continuó viaje hacia el Congo por vía marítima, a través del canal de Suez. Mientras Stanley realizaba este viaje, ocurrió algo inesperado: la AHV hizo suspensión de pagos; de sus dos gerentes, uno se había suicidado, y el paradero del otro era desconocido. Leopoldo, sin embargo, no se arredró, sino que vio en este suceso la oportunidad de tomar por completo las riendas de la empresa. Hizo una oferta a los demás accionistas del Comité, quienes aceptaron sin dudarlo, y se convirtió en el único propietario de la sociedad, que terminaría por desaparecer un año después. Para enmascarar sus propios intereses, Leopoldo fundó la Asociación Internacional del Congo, cuyo nombre estaba pensado para inducir al público a confusión con la filantrópica Asociación Internacional Africana.[4]

Stanley llegó a la desembocadura del Congo el 14 de agosto de 1879. Leopoldo le había encargado firmar acuerdos con los principales jefes tribales de la región del Congo, para fundamentar su poder político en la región. Su plan era agrupar a todas las tribus de la zona en una unidad política, que concebía como una "Federación republicana de negros libres" —con un presidente nombrado por él mismo— para facilitar sus actividades comerciales.

A partir de 1880 Stanley firmó varios tratados con jefes locales. En un principio, en los convenios no se mencionaba la cesión de la soberanía; se trataba sólo de lograr un monopolio comercial. Pero cuando, en 1882, el explorador Brazza hizo públicos en París los tratados que había firmado con varios jefes de la orilla izquierda del río, y que implicaban la cesión de la soberanía a Francia, Leopoldo modificó su estrategia. En los siguientes documentos que firmó Stanley con los jefes locales, estos traspasaban sus derechos sobre sus territorios a la Asociación Internacional del Congo "para el avance de la civilización y del comercio"[6] Ya sólo necesitaba que las potencias occidentales reconociesen su soberanía.

Reconocimiento internacional

Gerson von Bleichröder, quien intervendría en favor de Leopoldo para eliminar los obstáculos de Alemania a su proyecto colonial.

Los agentes de Leopoldo trabajaron intensamente para lograr el reconocimiento internacional de sus derechos sobre el nuevo territorio. Leopoldo jugó a fondo la baza de su fama como rey filántropo, y permitió que se produjese un útil equívoco entre la antigua y altruista Asociación Internacional Africana, y la actual Asociación Internacional del Congo.

Gracias a las gestiones de Henry Shelton Stanford, antiguo embajador estadounidense en Bélgica que ahora trabajaba para Leopoldo, Estados Unidos fue el primer país que reconoció los derechos del rey Leopoldo II sobre el Congo el 22 de abril de 1884.[7]

Más difícil fue lograr el reconocimiento por parte de las potencias coloniales, especialmente Francia y el Reino Unido, que, a diferencia de Estados Unidos, tenían intereses en la zona. Sin embargo, Leopoldo supo aprovechar el enfrentamiento entre ambos países para salirse con la suya. El Reino Unido mantenía un viejo contencioso con Portugal por la zona de la desembocadura del Congo. Sin embargo, cuando, en 1882, tras las exploraciones de Brazza, Francia reclamó la propiedad de la región al oeste del río, la estrategia del Reino Unido cambió y aceptó reconocer la soberanía de Portugal sobre el territorio entre los 8º y los 5º 12' de latitud sur, de Ambriz a Pointe Noire, territorio que abarcaba la región de la desembocadura del Congo. El tratado anglolusitano se firmó el 26 de febrero de 1884. Sin embargo, debido a la fama de proteccionistas que tenían los portugueses, suscitó amplia repulsa, tanto en el resto de los países de Europa como en el propio Reino Unido. Se temía que los portugueses impidieran el libre comercio en la zona.[8] La situación fue hábilmente aprovechada por Leopoldo, quien anunció que su Estado Libre gozaría de completa libertad de comercio, ganándose así el favor de la opinión pública europea.

Para lograr el reconocimiento de Francia, Leopoldo estableció, en abril de 1884, un derecho de preferencia (Droit de préference) sobre el Congo en beneficio del país galo. Esto quería decir que, en caso de que la Asociación Internacional del Congo debiese renunciar a sus posesiones, éstas pasarían a ser administradas por Francia. Como resultado, Leopoldo obtuvo el apoyo tanto de Francia, que esperaba salir beneficiada a largo plazo, como de Portugal, a quien no interesaba el fracaso de la AIC pues beneficiaría a Francia, su principal rival en la zona.[9]

Un rival inesperado surgió en la persona del canciller alemán Bismarck, decidido a que la recién nacida Alemania tomase parte en la carrera colonial. Bismarck desconfiaba de las pretendidamente filantrópicas intenciones de Leopoldo. Sin embargo, el rey de Bélgica tenía un importante aliado en las altas esferas alemanas: Gerson von Bleichröder, el principal banquero de Bismarck. Gracias a las gestiones de Bleichröder, Bismarck accedió a reconocer las pretensiones de Leopoldo, solicitando únicamente garantías sobre la libertad de comercio.[10]

Conferencia de Berlín

Se necesitaba, sin embargo, que todas las potencias europeas llegasen a un acuerdo acerca de la cuestión del Congo. Bismarck pretendía que el Congo quedase bajo control internacional, y la AIC de Leopoldo le parecía la mejor garantía de que la zona iba a estar abierta al libre comercio.[11]

La conferencia se inauguró el 15 de noviembre de 1884. La Asociación Internacional del Congo de Leopoldo no fue convocada, ya que no era un estado, pero Leopoldo contó con varios aliados en la reunión. Los dos representantes de Bélgica —uno de los cuales desempeñó el cargo de secretario de la reunión— eran subordinados suyos. Además, contaba con aliados en la representación británica (el consejero legal sir Travers Twiss) y en la estadounidense (el delegado Henry Shelton Stanford —el mismo que había logrado que Estados Unidos reconociese los derechos de Leopoldo sobre el Congo— y el propio Henry Morton Stanley, que actuó como asesor técnico de la representación de Estados Unidos).[12]

Mapa que sitúa el Estado Libre del Congo en 1890.

En la conferencia, clausurada el 26 de febrero de 1885, Leopoldo obtuvo el reconocimiento de su soberanía sobre el Estado Libre, cuyas fronteras había trazado, con ayuda de Stanley, en agosto del año anterior.[14] Inglaterra no reconoció el nuevo estado hasta el 1 de septiembre de 1885.

Inicialmente, el Estado Libre del Congo no incluía la provincia de Katanga. No figuraba en el mapa que fue aprobado por Bismarck. Sin embargo, Leopoldo lo incluyó después, como contrapartida por ceder a Francia la región de "Niari-Kwilu", en el Bajo Congo. El nuevo mapa fue aceptado sin problemas por el resto de las potencias, con lo cual el estado, cuya extraordinaria riqueza minera era aún desconocida, pasó a formar parte de la propiedad privada de Leopoldo de Bélgica, a despecho de las posteriores pretensiones de imperialistas británicos como Cecil Rhodes o Harry Johnston.[16]

La explotación del Estado Libre

La administración del territorio

Tras la Conferencia de Berlín, el rey Leopoldo se convirtió en el único propietario de un territorio que tenía 80 veces la extensión de Bélgica. El 1 de agosto de 1885 nació oficialmente el Estado Libre del Congo (État Indépendant du Congo). Leopoldo asumió el título de "rey soberano" del nuevo estado con la aprobación del Parlamento belga.

Mientras que en Bélgica Leopoldo era un monarca constitucional, en el Congo tenía todos los poderes de un rey absoluto. El gobierno central del territorio se estableció en Bruselas, con un gabinete formado por tres departamentos: Interior (Maximilien Strauch), Exteriores (Edmond Vaneetvelde) y Finanzas (Hubert Vanneuss).[17]

La gestión del territorio se llevaba a cabo desde Bruselas. Sin embargo, se estableció la capital administrativa del Congo en la ciudad portuaria de Boma, el punto del que partían las exportaciones. En Boma residía el gobernador general del Congo, representante directo del rey (Leopoldo no viajó jamás a África). El estado se dividió en catorce distritos, que a su vez se dividían en zonas. Las zonas se dividían en sectores, y cada sector constaba de varios campamentos.[18] De la autoridad del gobernador general dependían los comisionados, nombrados directamente por el rey, y encargados de la administración de los diferentes distritos. Estos funcionarios actuaban como una mezcla de administradores coloniales y agentes comerciales: su única misión era conseguir todo el marfil y el caucho que les fuera posible con el menor gasto.

Inicialmente existía un sistema de primas que permitía a los funcionarios doblar su salario si conseguían el suficiente marfil o caucho. Con el tiempo, este sistema fue sustituido por la llamada allocation de retraite, por la cual una gran parte del pago se realizaba al final del servicio, y sólo a aquellos agentes cuya gestión el estado consideraba suficientemente satisfactoria.

A comienzos de los años 1890 el número total de funcionarios europeos era de 175.[19] La mayoría eran belgas, pero algunos procedían de otros lugares de Europa, especialmente de los países escandinavos. La mortalidad entre los funcionarios blancos del Congo fue muy elevada: aproximadamente un tercio murieron en África durante el desempeño de sus funciones.

El Estado Libre tenía también su bandera: la misma que habían llevado la Asociación Internacional Africana y la Asociación Internacional del Congo. una estrella dorada sobre fondo azul. Irónicamente, esta estrella simbolizaba los beneficios que la civilización habría de llevar al África Central.

Marfil y caucho

Aldea nativa arrasada para construir una carretera que comunicase con una explotación cauchera.

Cuando el Estado Libre fue reconocido por las potencias europeas, en 1885, una de las primeras medidas de Leopoldo fue declarar propiedad del estado toda la "tierra vacante".[20] Es decir, todas las tierras no cultivadas, en las que se hallaban los principales productos de valor: el marfil y el caucho.

El territorio del Estado Libre quedó dividido en dos zonas: la zona de libre comercio (en torno a un tercio del territorio total), en la cual las empresas europeas podían obtener por concesión del estado el monopolio en el comercio de una determinada mercancía durante un período de 10 ó 15 años; y el domaine privé (dominio privado), explotado directamente por los funcionarios de la administración. Más adelante, en 1893, en pleno auge del caucho, Leopoldo, deseoso de incrementar sus beneficios, creó, a expensas de la zona de libre comercio, una nueva demarcación, el llamado domaine de la Couronne (dominio de la Corona), de unos 250.000 kilómetros cuadrados. Los beneficios generados en este nuevo dominio no correspondían al estado, sino al propio monarca.

Las empresas que obtuvieron las principales concesiones monopolísticas fueron la Sociedad de Amberes de Comercio del Congo (Société Anversoise du Commerce au Congo) y la Compañía Anglo-Belga del Caucho y la Explotación (Anglo-Belgian India Rubber and Exploration Company). Leopoldo tenía una importante participación en las dos compañías, directamente o por medio de testaferros. El otro gran capitalista detrás de estas empresas era el banquero Alex de Browne de Tiège, poseedor de 1.100 de las 3.400 acciones de la Sociedad de Amberes, y de 1.000 de las 2.000 de la Compañía Anglo-Belga. De Browne era además uno de los principales acreedores del rey, que en 1894 le debía más de dos millones de francos belgas.[21]

Los agentes coloniales en el Congo llevaron a cabo un sistemático saqueo de los recursos naturales del territorio. Acabaron con los modos de producción propios de las sociedades indígenas, especialmente con la agricultura, implantando un modelo económico basado exclusivamente en la caza y en la recolección. Se cazaban elefantes para obtener marfil y se sangraban las enredaderas del género Landolphia para obtener caucho. Para la realización de estas tareas se utilizó siempre a los nativos como mano de obra esclava. En teoría, se les pagaba por el marfil o el caucho que conseguían; el precio, sin embargo, era fijado por estado y estaba muy por debajo del valor real de la mercancía. Se forzaba a trabajar a los nativos mediante procedimientos represivos que incluían la toma de rehenes o las expediciones punitivas contra los poblados que no cumplían las expectativas de los administradores coloniales.

En un primer momento, el producto más buscado por su valor en los mercados internacionales fue el marfil. Sin embargo, el descubrimiento de las numerosas aplicaciones industriales del caucho tuvo como consecuencia una demanda creciente de este producto, especialmente desde comienzos de la década de 1890, que multiplicó los beneficios de Leopoldo y de sus socios. Hasta 1896 la economía del Estado Libre fue deficitaria, y Leopoldo tuvo que solicitar varios préstamos al Parlamento belga para sufragar sus cuantiosas inversiones. En contrapartida por estos préstamos, Leopoldo acordó legar el Estado Libre a Bélgica en su testamento.[24]

El ferrocarril Matadi-Léopoldville

Entre Léopoldville y el puerto de Matadi, las mercancías debían ser transportadas por porteadores africanos, a causa de la infranqueable barrera para el tráfico fluvial que suponían las cataratas Livingstone. Los porteadores morían en gran número, y el transporte era lento (llevaba unas tres semanas)[25] e ineficaz, por lo que se decidió llevar a cabo la construcción de una línea de ferrocarril. El 31 de julio de 1887 se fundaron la Compagnie du Congo pour le Commerce et l'Industrie (CCCI) y la Compagnie du Chemin de Fer du Congo (CCFC). Los trabajos, dirigidos por Albert Thys, comenzaron en 1890 y culminaron en 1898. Se calcula que las obras causaron la muerte de 1.932 seres humanos (1.800 negros y 132 blancos), pero la cifra de víctimas africanas está con toda probabilidad muy por debajo de la realidad.

La Force Publique

Desde principios de la década de 1880, ante la falta de población belga en disposición de trasladarse y la oposición de los partidos constitucionalistas, Leopoldo había contratado a mercenarios europeos para servir a sus intereses en el Congo. En 1888 quedaron organizados en un ejército privado denominado Force Publique ("Fuerza Pública"), que llegó a convertirse en la fuerza militar más importante de África Central. A finales de siglo constaba de unos 19.000 hombres.[26] Todos los oficiales eran blancos y todos los soldados rasos, negros, contratados a la fuerza y obligados a servir en la Force Publique por un mínimo de siete años. Los reclutas eran a veces comprados a los jefes de sus tribus; en otras ocasiones eran simplemente secuestrados. También se destinaba con frecuencia al servicio en el ejército a los esclavos "liberados" en enfrentamientos con los mercaderes de esclavos que operaban en la zona.

La Force Publique actuaba al mismo tiempo como ejército de ocupación y como policía al servicio de las empresas comerciales. Debió hacer frente a varias sublevaciones de pueblos indígenas, que fueron reprimidas con inusitado salvajismo.[28]

Entre 1891 y 1894 la Force Publique libró una guerra contra el poderoso comerciante de esclavos Tippu Tip, procedente de Zanzíbar, por el control de la zona oriental del Estado Libre, que se denominó "guerra contra los árabes". Gracias a la superioridad de su armamento, el ejército de Leopoldo fue capaz de imponerse, y acabó con el dominio de los esclavistas. El conflicto se cobró las vidas de un elevado número de nativos, que constituían la práctica totalidad de los efectivos de los ejércitos enfrentados.[30]

La represión

Castigo a un nativo con el chicotte.

La administración colonial empleó sistemáticamente la violencia para obligar a trabajar a la población nativa. En la práctica, el Estado Libre del Congo funcionó como un gigantesco campo de concentración.[19]

Como castigo por no haber cumplido las expectativas en la recolección del caucho eran frecuentes los asesinatos masivos por parte de la Force Publique. Como prueba de que estos asesinatos se habían llevado a cabo, los soldados de la Force Publique amputaban una mano a los cadáveres. En otras ocasiones se les cortaba la cabeza, o, para demostrar que los asesinados eran varones, los genitales. Las manos eran ahumadas y entregadas a los jefes de puesto como prueba de que la Force Publique había hecho su trabajo.

En ocasiones, los soldados no mataban a los nativos, sino que sólo les amputaban la mano derecha, y empleaban las balas para cazar. Varias fotografías de la época documentan estas mutilaciones.

Además de las matanzas, se empleaban asiduamente castigos físicos contra la población nativa. El instrumento de uso más extendido era la llamada chicotte, una especie de látigo que desgarraba las carnes del reo. Las primeras noticias de su uso se remontan a 1888. Este castigo se aplicaba incluso a niños, y no eran infrecuentes las muertes por su empleo. El uso de la chicotte perduró durante la administración belga del Congo y no fue abolido hasta 1959, en vísperas de la independencia.

La Iglesia católica apoyó inequívocamente el régimen colonial. Fueron establecidas varias colonias infantiles regidas por sacerdotes católicos, destinadas presuntamente a huérfanos (en la práctica, se trataba de niños traídos a la fuerza por la Force Publique tras sus incursiones en las aldeas; muchos de ellos eran realmente huérfanos, pero a causa del ejército colonial). El objeto de estas colonias era formar súbditos fieles, y muchos de los niños allí educados eran destinados a engrosar las filas de la Force Publique. En las colonias, se utilizaban frecuentemente castigos físicos, incluida la chicotte, y la mortalidad era muy elevada.[c]

Las voces críticas

George W. Williams

La primera voz que se alzó contra los excesos de la administración de Leopoldo fue la del estadounidense de raza negra George W. Williams. Williams, autor de un libro titulado Historia de la raza negra en América, era un conocido defensor de los derechos de los negros de Estados Unidos. Atraído por la fama de rey filántropo de que gozaba Leopoldo, Williams creyó que en el Congo los negros de Estados Unidos podrían hallar mejores condiciones de vida que en su propio país. En 1890, pese a los impedimentos que le puso Leopoldo, viajó al Congo, donde pasó seis meses, recorriendo el río desde su desembocadura hasta las cataratas Stanley.

El resultado de su periplo por el Congo fue una Carta abierta.[34] como tratante de esclavos.

Tras la Carta abierta, Williams redactó un nuevo documento, dirigido al presidente de los Estados Unidos, Benjamin Harrison, titulado Un informe sobre el Estado y el País del Congo para el presidente de la República de los Estados Unidos de América.[35] en el que repetía sus acusaciones e instaba al presidente a poner fin a la situación.

Las acusaciones de Williams causaron un escándalo en Europa. Sin embargo, Leopoldo organizó rápidamente una campaña para desacreditar al disidente, aprovechando que éste se había atribuido el rango militar de coronel, que nunca había alcanzado en realidad. Para refutar las acusaciones de Williams, los principales funcionarios del Estado Libre publicaron un informe que mostraba un panorama muy diferente. Varios testigos afirmaron que Williams mentía, y que su opúsculo no era más que parte de una campaña orquestada por intereses económicos enemigos de la existencia del Estado Libre.

Afortunadamente para Leopoldo, George W. Williams falleció en agosto de 1891. El eco del escándalo fue desapareciendo, y el rey pudo continuar realizando sus "negocios" ante la indiferencia del resto del mundo.

Joseph Conrad

En 1890, el escritor polaco Joseph Conrad remontó el río Congo desde el lago Stanley a las cataratas de Stanley como segundo oficial de un vapor. Fruto de esta experiencia fue una de las novelas cortas más conocidas del siglo XX, El corazón de las tinieblas, publicada en 1902. Aunque la novela no tiene como intención principal criticar la situación en el Congo, ofrece un cuadro bastante verídico de los atropellos llevados a cabo por los funcionarios blancos encargados de la recolección del marfil y el caucho. El siniestro personaje de Kurtz pudo estar basado en alguno de los funcionarios que Conrad conoció en su viaje por el Congo.[d]

Con posterioridad a la publicación de su obra, Conrad mostró su adhesión al movimiento para la reforma del Congo en una carta dirigida a Roger Casement, fechada el 21 de diciembre de 1903. La carta se publicó en 1904 en un libro de Edmund Dene Morel, King Leopold's Rule in Africa, y en ella se pone en evidencia la oposición frontal de Conrad al régimen establecido en el Congo, en el que, según sus palabras, "la crueldad sistemática hacia los negros es la base de la administración".[36]

Morel y Casement: la Asociación para la Reforma del Congo

En los últimos años de la década de 1890, Edmund Dene Morel, representante en Bélgica de la compañía naviera con sede en Liverpool Elder Dempster, cuyos barcos hacían la ruta del Congo, descubrió que, en tanto que los navíos procedentes del Estado Libre llegaban abarrotados de mercancías, los que partían de Bélgica apenas transportaban objetos de valor y sí, en cambio, una gran cantidad de armas. Sin haber viajado nunca al Congo, Morel dedujo cuál era la situación: en palabras suyas, "sólo unos trabajos forzados continuos y aterradores podían explicar beneficios tan inauditos".[37] Al intentar difundir su descubrimiento, chocó con la censura. En 1901 abandonó su trabajo y decidió dedicarse a explicar al mundo la situación del Congo, para lo cual fundó su propia publicación, el West African Mail.

Con el tiempo, Morel encontraría un valioso aliado en la persona del cónsul británico en el Estado Libre, Roger Casement. En 1903, a requerimiento de su gobierno, Casement realizó un viaje de seis meses por el interior del Congo para descubrir qué había de cierto en los rumores cada vez más extendidos sobre las atrocidades que se estaban llevando a cabo por parte de la administración del monarca belga. El informe de Casement se publicó en 1904, a pesar de las presiones de Leopoldo para evitarlo.[e] El informe constataba que se estaban llevando a cabo crímenes terribles, e incluía las declaraciones de varios testigos.

En 1904, Morel y Casement fundaron la Asociación para la Reforma del Congo, consagrada a difundir, tanto a través de la prensa como mediante conferencias, la situación en el territorio africano. La asociación ganó pronto numerosos adeptos tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, y contó con la colaboración de destacados intelectuales. Mark Twain escribió un panfleto irónico que tituló El soliloquio del rey Leopoldo.[39] La Asociación permaneció activa hasta después de la cesión del Congo a Bélgica y no se disolvió sino en 1913.

Los misioneros protestantes

Los misioneros protestantes jugaron un papel fundamental en la divulgación de las atrocidades cometidas en el Congo. Procedían, en su mayoría, de los Estados Unidos, el Reino Unido y Suecia. Un misionero baptista sueco, E. V. Sjöblom, publicó en la prensa de su país una contundente denuncia de la explotación de los nativos.

En 1908 el misionero presbiteriano estadounidense de raza negra William Sheppard fue demandado por libelo cuando publicó, en un boletín destinado al público norteamericano, un artículo denunciando la represión colonial. Defendido, a instancias de Morel, por el abogado y político belga Émile Vandervelde, en un juicio que gozó de la atención de la opinión pública occidental, Sheppard fue finalmente declarado inocente[40] poco antes de la cesión del Congo a Bélgica.

El fin del Estado Libre

El territorio del Estado Libre del Congo (mapa realizado en 1914, con posterioridad a la cesión del Congo a Bélgica).

Leopoldo intentó neutralizar el informe de Casement creando su propia comisión de investigación. Neutral en apariencia, estaba formada por tres jueces: un belga, un suizo y un italiano. El italiano era Giacomo Nisco, juez del tribunal supremo del Estado Libre; según parece, Leopoldo contaba con su lealtad para influir en la opinión de los otros dos miembros de la comisión.

Sin embargo, en 1905, tras varios meses de investigación, la comisión publicó un informe que corroboraba los abusos que habían sido denunciados por Casement. Leopoldo, sin embargo, logró eludir el escándalo enviando a la prensa un resumen del informe que falseaba las conclusiones del mismo.[41]

Leopoldo trató de contraatacar con todos los medios a su alcance. Publicó varios folletos, y durante años pagó a varios periódicos europeos para que secundaran sus intereses.[f] Sin embargo, no pudo evitar que la opinión pública de todo el mundo, incluida Bélgica, mostrase una clara oposición a que mantuviera su propiedad sobre el territorio africano.

En 1906 era ya evidente que Leopoldo debía renunciar a su dominio sobre el territorio del Congo. Durante dos años se negoció la cesión del Congo a Bélgica. Leopoldo impuso una serie de condiciones: el estado belga debía asumir la deuda del Congo, que ascendía a unos 110 millones de francos; debía sufragar varios proyectos de construcción que el rey había emprendido en Bélgica, por valor de 45,5 millones de francos; y se obligaba además a pagar a Leopoldo otros 50 millones en gratitud por los "sacrificios" realizados por él en favor del Congo.[42] El Congo pasó oficialmente a depender de la administración de Bélgica el 15 de noviembre de 1908.

No fue un mal negocio para Leopoldo. Para entonces, la producción de caucho en el sudeste de Asia y Sudamérica había hecho bajar tanto los precios que la recolección del caucho africano había dejado de ser un negocio lucrativo.

Leopoldo murió un año después, el 17 de diciembre de 1909. La cesión a Bélgica del Congo no implicó el final del sistema represivo que él había instaurado en el territorio, que se prolongó, apenas suavizado, durante el período de la administración belga. Aunque el caucho dejó de ser la principal exportación del Congo, pronto se hallaron nuevas riquezas naturales, especialmente en Katanga: el sistema de trabajos forzados se empleó, con medidas represivas que incluían el uso de la chicotte, en las minas de cobre, oro y estaño. Se calcula que sólo en las minas de cobre y las fundiciones de Katanga murieron entre 1911 y 1918 unos 5.000 obreros nativos.[43] La Force Publique continuó durante la administración belga, con métodos de reclutamiento muy similares, y durante la Primera Guerra Mundial sufrió numerosas bajas en sus enfrentamientos con las tropas del África Oriental Alemana (actual Tanzania).

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