Estadista

Estadista, también hombre de Estado, distingue entre todos los responsables políticos de un país, aquellos que dirigen el Estado y controlan en forma significativa al Poder Ejecutivo o al Poder Legislativo, junto al Jefe de Estado (aun cuando ese cargo reúna pocas funciones concernientes más bien a representación y a imagen pública, como por ejemplo las que se encuentran implementadas en las monarquías constitucionales), así como junto al Jefe del gobierno y a sus ministros.

El citado término también puede designar a personalidades políticas, aunque no se encarguen directamente de alguna función del Estado, pero reputados como con capacidad suficiente en caso de acceder al poder, y/o con suficientes contactos e influencias políticas (por ejemplo, presidentes o secretarios de partidos políticos que se encuentran en la oposición).

Este calificativo engloba o comprende asimismo a las personas que están por encima de las divisiones partidarias y de los sectores, en inquieta y creativa búsqueda del bien común y asumiendo plenamente sus propias responsabilidades. Evocando a Charles de Gaulle, René Rémond explica así sus cualidades más nobles:

Charles de Gaulle también osciló entre la aspiración a la unanimidad nacional y la obligación de ser el Jefe de una fracción enfrentada a otra. Solos, sin duda, los políticos que tienen talla de hombre de Estado, conocen por cierto esta ambivalencia. Pero para el político común todo es simple, pues él no se plantea tantos interrogantes. «Lui aussi a oscillé entre l'aspiration à l'unanimité nationale et l'obligation de devenir le chef d'une fraction contre une autre. Seuls, sans doute, les politiques qui ont l'étoffe d'un homme d'État connaissent ce partage. Au politicien tout est simple, et il ne se pose pas tant de question. » [1]

La figura del estadista según pensadores clásicos

Platón

Platón, como Sócrates, es muy crítico en relación a los hombres de Estado. Por ejemplo, este pensador griego, refiriéndose a Gorgias, compara a los hombres de Estado de su época con malos cocineros.[2]Referencia vacía (ayuda) 

La crítica de Platón sobre este asunto reposa sobre la idea que

esos hombres de Estado tan gallitos y orgullosos han sido incapaces de enseñar los propios valores políticos de las funciones que cumplen [4]

y en consecuencia, ellos mismos no ilustran dichos valores. Y hacia el fin del diálogo Menón, no se excluye que puedan aparecer algún día hombres de Estado verdaderamente valiosos, que

sean capaces de comunicar su ciencia, en vista que dicha ciencia realmente existe.[5]

Aristóteles

Según Aristóteles,

si el primer deber de un hombre de Estado es de conocer la constitución y de aplicarla. También es necesario decir que, con frecuencia, los escritores políticos, dando pruebas de un gran talento, se han equivocado al interpretar las cuestiones capitales; no es suficiente con imaginar un gobierno perfecto e ideal, pues lo que se necesita sobre todo es un gobierno practicable, que impulse medidas de sencilla y segura implementación. [6]

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