Especiación alopátrica

Se conoce por especiación alopátrica o especiación alopátrida a la especiación por aislamiento geográfico. Del griego Állos, otro diferente, hace referencia al mecanismo por el cual una especie origina otra u otras especies en áreas diferentes.

Mediante una barrera geográfica (por ejemplo, una nueva cadena montañosa, continentes que se separan por deriva continental, una corriente de agua dulce que separa regiones costeras marinas). Las dos poblaciones se desarrollan separadamente, y dado que es probable que estén sometidas a ambientes diferentes evolucionan por caminos diferentes. Estas diferencias pueden ser tales que los individuos de una de las poblaciones no puedan aparearse ni tener descendencia con los de la otra. Una vez alcanzado este punto se considera que se ha formado una nueva especie.[1]

Durante mucho tiempo se consideró este esquema como el mecanismo de especiación más importante. En la actualidad se lo considera menos frecuente que los muchos mecanismos de especiación simpátrica (formación de especies sin aislamiento geográfico).

Alopatría o aislamiento geográfico

La alopatría, o aislamiento geográfico, es un término usado en el estudio de la evolución. Cuando parte de una población de una especie se aísla geográficamente del resto puede, con el tiempo, evolucionar con características diferentes de la población parental, debido a la acumulación de mutaciones y a la selección natural. Este fenómeno es particularmente importante cuando la población aislada es pequeña, debido a la deriva genética (por ejemplo, al efecto fundador), o si la población se aísla en un ambiente que le provoca nuevas demandas. Muchos investigadores han mostrado que esta es la mayor razón de porqué hay tantas y diferentes especies en el mundo.

Si hay suficiente diferenciación genética durante el periodo de alopatría, si las barreras geográficas desaparecen (quizás por una actividad humana), los miembros de las dos subpoblaciones serían incapaces de cruzarse con éxito entre ellos. A ese punto, habría emergido una nueva especie. Así, el aislamiento geográfico es un factor clave en la especiación, la formación de nuevas especies (también llamada especiación alopátrica). Sin embargo, es más común que la diferenciación no sea suficiente para que se pierda la interfertilidad; en ese caso las subpoblaciones serían solo subespecies.[2]

Ejemplos

El elefante africano, por ejemplo ha sido siempre visto como una sola especie. Debido a diferencias morfológicas y de ADN algunos científicos clasifican a los elefantes dentro de tres subespecies. Investigadores de la Universidad de California (UCSD) han argumentado que la divergencia debida al aislamiento geográfico ha ido más allá, y que los elefantes de África Occidental deberían ser considerados como una especie separada de los de sabana de África Central, del este y del sur, o de los elefantes de bosques de África central.[3]

Otros casos apuntados de dos poblaciones muy distintas morfológicamente, y nativas de diferentes continentes, han sido clasificadas como especies diferentes; pero cuando miembros de una especie se introducen dentro del área de distribución de la otra, puede cruzarse, mostrando que en realidad son solo subespecies geográficamente aisladas.[4] Este es el caso del ánade real ( Anas platyrhynchos); cuando fue introducido en Nueva Zelanda se cruzó libremente con la especie nativa Anas superciliosa, que había sido clasificada como una especie separada; y sigue la controversia sobre si su estatus específico debe cambiarse.

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