Espacio natural protegido de las Sierras de la Paramera y Serrota

Sierras de la Paramera y Serrota
Adaja 01 by-dpc.jpg
Nacimiento del río Adaja en la Serrota
Situación
País Flag of Spain.svg  España
Comunidad autónoma Flag of Castile and León.svg  Castilla y León
Provincia Bandera de la provincia de Ávila.svg  Ávila
Coordenadas 40°29′54″N 5°05′07″O / 40.49833333, 40°29′54″N 5°05′07″O / -5.08527778
Datos generales
Administración Junta de Castilla y León
Grado de protección Espacio natural
Legislación

Ley 8/1991, de 10 de mayo, de Espacios Naturales de la Comunidad de Castilla y León.[1]

Orden de 27 de abril de 1992, de iniciación del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Espacio Natural de Sierras de la Paramera y Serrola.[2]
N.º de localidades 19 municipios
Superficie 41.000 ha
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Las Sierras de la Paramera y Serrota son un espacio natural protegido[2] de la provincia de Ávila, en Castilla y León, España.

La Sierra de la Paramera y La Serrota conforman una de las tres alineaciones que tiene el Sistema Central en la provincia española de Ávila, separadas por fosas. Son sierras muy deforestadas por las quemas realizadas por los pastores mesteños para conseguir pastos desde muy antiguo. En la Edad Media todavía debían de quedar bosques densos, ya que en textos medievales como El libro de la Montería de Alfonso XI se cita al oso como habitante de La Serrota y de La Paramera, concretamente en la Garganta de Santa María y El Barrialejo, en el término municipal de Navalmoral de la Sierra.

Paralelas y al norte de la Sierra de Gredos se levantan este conjunto de alineaciones montañosas entre las que destacan las sierras de La Paramera y La Serrota. Sus cumbres más elevadas rozan los 2.300 metros y conservan las huellas dejadas por la intensa erosión de los glaciares cuaternarios.

En las laderas de estas sierras abulenses, que todavía conservan unas buenas manchas de roble rebollo, tienen sus fuentes tres importantes ríos: el Adaja -que discurre por el Valle de Amblés-, el Alberche y el Corneja. También destaca un endemismo exclusivo de la Serrota: el Acanthorrhinum rivas-martinezii. Entre su fauna sobresale el águila real.[3]

Geomorfología

Glaciares meridionales y orientales de La Serrota
La Serrota desde Mironcillo

Las Sierras de Paramera y Serrota, como pertenecientes a la Cordillera Central, se caracterizan por formar parte del zócalo hercínico constituido por materiales ígneos y donde la tectónica de fractura es fundamental al elevar estos dos horst con una orientación longitudinal preferente E-O, sobre las fosas del Amblés y del Alberche a la vez que otra falla con dirección N-S los individualiza, la del Puerto del Pico que se prolonga por el collado del Puerto de Menga. Junto a ella destacar la presencia de diversas formas de modelado: arrasamientos erosivos, alteraciones de las rocas, encajamientos fluviales, pero reseñar especialmente el modelado glaciar y periglaciar, más importante el segundo (valles en cuna, nichos de nivación, pedreras, ...) que el primero, reducido a formas de transición del modelado glaciar al nival.[3] Predominan los paisajes graníticos, con su clásico modelado en berrocales (bolos, piedras caballeras, tors, etc). También quedan restos de morfología glaciar sobre todo en La Serrota (2.294 m), con pequeños circos orientados a NE y E y morrenas terminales a 1.600-1.800 m. Los ríos que nacen en estas sierras se encajan formando algunas gargantas excavadas en granito, desprovistas de acumulaciones en su fondo, en las que se pueden observar algunos saltos de agua. La red fluvial está bien adaptada al sistema de fallas. El periglaciarismo fue importante en áreas por encima de los 1.600 m, donde puede observarse todo tipo de morfología relacionada con estos procesos fríos, tales como laderas de bloques, grèzes litées, solifluxión, etc. En la actualidad todavía siguen vigentes muchos de estos procesos, especialmente los debidos a la gelifracción, como es el caso de los canchales; o la crioturbación y cuñas de hielo, como micropolígonos y césped almohadillado; o por acción de la solifluxión (guirnaldas, lóbulos).

Sierra de la Paramera. Silueta del Castillo de Manqueospese
Restos de la Calzada Romana de Navalmoral de la Sierra a lo alto del Puerto de Navalmoral 1.514 m.

Otro aspecto destacable es el modelado granítico generado por la covergencia de varios factores favorables, tales como la composición mineralógica de estas rocas granudas, la red de diaclasado o los climas (o paleoclimas) adecuados para su alteración. El resultado es la elaboración de grandes formas graníticas, con una variada tipología: cúpulas o domos, lanchares, dorsos de ballena , formas fungiformes, tors residuales, piedras caballeras, bolos etc., formando berrocales o pedrizas, también son frecuentes los pasillos o callejones y los bloques partidos, que ayudan a conferirle un carácter caótico a estos paisajes.[4]

Los procesos dominantes son el lajamiento, la descamación y la disgregación granular por procesos físico-químicos. En muchos casos se trata de formas heredadas, generadas bajo potentes horizontes de arenización, en condiciones climáticas subtropicales de sabana, seguramente en el Terciario superior, y posteriormente exhumadas.

A estas morfologías se le sobreimponen formas menores de meteorización, como las gnammas o pilancones, con formas muy evolucionadas (aros de piedra o rock doughnuts), tafonis, estrías y surcos de disgregación a modo de un pseudo-lapiaz.

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