Espíritu del pueblo

El caminante sobre el mar de nubes de Caspar David Friedrich ha sido considerada como una de las obras maestras y más representativas del romanticismo. Se ha hecho una interpretación política y nacionalista de esa obra. En efecto, durante las guerras napoleónicas se logró cierta unificación de los estados alemanes, perdida después del Congreso de Viena Friedrich expresaría la espera de una Alemania libre y mejor. El caminante podría ser un caído en las guerras de liberación (1813-1815). Por ser un símbolo político, viste la típica levita alemana, prohibida en 1818
Johann Gottfried Herder
Johann Gottlieb Fichte

El Espíritu del pueblo (en alemán, Volksgeist) o Espíritu nacional es un concepto propio del nacionalismo romántico, que consiste en atribuir a cada nación unos rasgos comunes e inmutables a lo largo de la historia.

Origen y expansión del concepto

Aunque algunos pensadores ilustrados compartían la idea de que distintas naciones tienen distintas personalidades,[2]

La idea del Volksgeist de Herder fue posteriormente adoptada por el movimiento romántico, en especial por los hermanos Friedrich y Wilhelm von Schlegel, quienes adaptaron esta idea al estudio de las lenguas, la literatura y el arte. Como resultado, los hermanos Schlegel negaron la existencia de unas normas artísticas y literarias universales, como defendía el Neoclasicismo, y dieron importancia a aquellos géneros y elementos en los que, según su punto de vista, se observaba con mayor claridad el espíritu propio de cada nación. A ellos se debe, por ejemplo, la revalorización de la épica medieval, así como del teatro de Shakespeare o Calderón de la Barca, rechazados durante el siglo anterior por no atenerse a las normas aristotélicas.

El Volksgeist para Herder:

Puesto que el hombre nace de una raza y dentro de ella, su cultura, educación y mentalidad tienen carácter genético. De ahí esos caracteres nacionales tan peculiares y tan profundamente impresos en los pueblos más antiguos que se perfilan tan inequívocamente en toda su actuación sobre la tierra. Así como la fuente se enriquece con los componentes, fuerzas activas y sabor propios del suelo de donde brotó, así también el carácter de los pueblos antiguos se originó de los rasgos raciales, la región que habitaban, el sistema de vida adoptado y la educación, como también de las ocupaciones preferidas y las hazañas de su temprana historia que le eran propias. Las costumbres de los mayores penetraban profundamente y servían al pueblo de sublime modelo

J. G. Herder Ideas para una Filosofía de la Historia de la Humanidad 1784-91 [3]

El Volksgeist para Fichte:

He ahí con toda claridad y plenamente expresada nuestra descripción del pueblo alemán. Su rasgo distintivo es la creencia en algo primario, absoluto, original que existe en el hombre mismo, en la libertad y el progreso moral infinitos, en el perpetuo perfeccionamiento de nuestra raza; en todo lo cual no creen los otros pueblos y aún les parece ser evidente todo lo contrario. Los que viven de una vida creadora, los que dejan a un lado la nada cuando otra cosa no pueden hacer, y esperan a que se adueñe de ellos una vida creadora; que, aun sin llegar tan lejos, por lo menos aspiran a la libertad, amándola, en vez de temblar ante ella, todos esos son hombres primitivos, y si se estudia, se les considera como a una colectividad, forman un pueblo primitivo (Urvolk): el pueblo alemán en una palabra.

J. G Fichte: Discursos a la nación alemana[3]

Por su lado, Johann W. von Goethe, miembro del movimiento Sturm und Drang, se opuso al racionalismo de la Ilustración y proclamó la libertad del sentimiento, al tiempo que asumió la tradición alemana[4]​.

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