Esgrafiado

Esgrafiados vegetales y antropomórficos en las bóvedas de la iglesia del Salvador, de Teruel.

Esgrafiado es una técnica ornamental arquitectónica utilizada para la decoración en el enlucido y revestimiento de muros, tanto en el exterior como en el interior de edificios.[4] En los revestimientos de fachadas y decoración de algunos interiores suelen utilizarse plantillas con motivos geométricos seriados. En la península ibérica, este oficio, de algún modo heredero del arte decorativo parietal, tuvo su origen en el trabajo artesano de los alarifes mudéjares, que dejaron diferentes ejemplos en Andalucía, Aragón, Castilla, Cataluña, Levante y Portugal.

El esgrafiado, además de su aplicación arquitectónica, se ha documentado en restos arqueológicos de distinta antigüedad en su aplicación sobre objetos de cerámica y, en la Edad Media, sobre manuscritos en las ilustraciones en oro.[5]

Origen y técnica

El término proviene del italiano sgraffiare, ‘hacer incisiones o rascar con una herramienta especial llamada grafio’.[nota 1] El esgrafiado arquitectónico es una técnica muy antigua que utilizaron ya las civilizaciones del IV milenio a. C.. Los romanos usaron también esta decoración con dibujos sencillos. Su difusión en Italia durante el Renacimiento quedó reflejada en fachadas, bóvedas, muros interiores y otros espacios nobles de palacios, iglesias y monasterios, y acuñando el término sgrafitto.

En España el oficio del artesano del esgrafiado está documentado desde la mitad del siglo XVII en Cataluña, dentro de las cofradías que reunían a "esgrafiadores, estofadores y doradores". En Castilla, estos maestros albañiles pertenecían al círculo de revocadores o estucadores. En algunas provincias de la Meseta española como Segovia,[7] Toledo o Guadalajara han dejado abundantes ejemplos, algunos de ellos bien conservados o restaurados.

Ejemplo del proceso técnico

La iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Vallanca, en la Comunidad Valenciana (España) ofrece un ejemplo particular de esgrafiado con el siguiente proceso de elaboración:[8]

Se extendió un "rebozo" oscuro —negro— sobre la pared usando los mismos materiales de la técnica del fresco, pero mezclando el pigmento con el mortero; una vez seco, fratasado y áspero, para que agarrase el enyesado, se cubrió el primer "rebozado" con otra capa fina del mismo color, y antes de que secase del todo, se extendió sobre la segunda otro estrato de color más claro —esta vez blanco—, variando su grueso en función del relieve deseado. Más tarde, con la obra bien seca, se procedió al estarcido, estampando los dibujos sobre la superficie, mediante unas plantillas o calcos sobre las que se pasó una brocha; como los dibujos se hallan perforados en la línea que los define, al pasar el "cisquero o muñequilla" por la plantilla las formas o figuras quedan punteadas sobre el muro. Con estas referencias se procedió al rascado o incisión, desprendiendo la capa superior o "contra-trepa", quedando al descubierto las capas inferiores —trepa— más oscuras.

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