Escuela Bruguera

Escuela Bruguera, según expresión acuñada por el escritor Terenci Moix en 1968 y asumida por el resto de críticos del medio, es el nombre con el que se designa al conjunto de historietistas españoles que se dedicaron al cómic de humor en el seno de la editorial Bruguera a partir de la Posguerra española.[2] constituyendo una de las tres grandes escuelas historietísticas de su época en el país, junto a la Valenciana y el TBO. Ostentó, además, una honda influencia en el desarrollo de la historieta española posterior.

Características

Los autores cómicos de la Editorial Bruguera lograron configurar un estilo fácilmente reconocible, a medio camino entre el entretenimiento infantil y el costumbrismo satírico. Era habitual que, al entrar en la editorial, se fogueasen con las páginas de chistes, también muy demandadas por el público, antes de que se les permitiera desarrollar su propios personajes.[4] El resto de historietas tenían una extensión de una o dos páginas y eran poco más que el desarrollo de un chiste sencillo. Con el paso del tiempo, fueron enriqueciéndose los argumentos y se escribieron historietas de mayor extensión.

La estructura narrativa de estos cómics humorísticos seguía siempre una misma pauta: al comenzar, se presentaba un deseo del protagonista, que terminaba indefectiblemente frustrándose. El final era casi siempre desgraciado para el protagonista, lo que a menudo se reflejaba gráficamente con un golpe, unas veces físico (persecución, golpe, caída), y otras psíquico (estupefacción, sorpresa, decepción). Eran historietas autoconclusivas, en las que la última viñeta, que contenía el desenlace, era la más trabajada desde el punto de vista gráfico. Se repetían unas mismas escenas tipo, y se utilizaba lenguaje mojigato y paródico, con expresiones recurrentes y poco verosímiles (interjecciones como "corcho", "córcholis", "cáspita", "zambomba", "zapateta", etc.)

Los decorados eran fundamentalmente urbanos, con fondos apenas esbozados, minimalistas y esquemáticos. El grafismo de las historietas se centraba sobre todo en las expresiones de los personajes, y se empleaban abundantemente las onomatopeyas y símbolos cinéticos. Como consecuencia de la producción a gran escala de historietas, a partir de los años 1960, los bocadillos dejaron de rotularse a mano y pasaron a ser mecanografiados, lo que limitaba su expresividad.

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