Escudo del Principado de Asturias

Escudo del Principado de Asturias
Escudo de Asturias.svg
Entidad Principado de Asturias
Adoptado 1984
Blasón Cruz de la Victoria
Timbre Corona real cerrada
Lema Hoc signo tuetur pius - Hoc signo vincitur inimicus
Con este emblema se defiende al piadoso - Con este emblema se vence al enemigo
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El escudo del Principado de Asturias es rectangular, cuadrilongo y con los extremos del lado inferior redondeados y una punta o ángulo saliente en el centro de dicho lado, con la proporción de seis de alto por cinco de ancho y trae sobre campo de azur o azul la Cruz de la Victoria, de oro, guarnecida de piedras preciosas de su natural color, y las letras alpha mayúscula y omega minúscula, también de oro, pendientes de sus brazos diestro y siniestro, respectivamente; y en sendas líneas, con letras de oro, la leyenda «HOC SIGNO TVETVR PIVS - HOC SIGNO VINCITVR INIMICVS» (Con este emblema se defiende al piadoso - Con este emblema se vence al enemigo) la primera al flanco diestro y la segunda al flanco siniestro. Al timbre, corona real, cerrada, que es un círculo de oro, engastado de piedras preciosas compuesto de ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpoladas de perlas, y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas que convergen en un mundo de azur o azul, con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz de oro. La corona forrada, de gules o rojo.

El escudo del Principado de Asturias fue adoptado el 27 de abril de 1984, basado en el que la Diputación Provincial de Oviedo adoptó en el año 1857. En 1985 se creó una versión simplificada del escudo, acorde con el estilo gráfico de los logotipos corporativos, para uso exclusivo de la Administración del Principado.

Historia

En la Foncalada de Oviedo puede apreciarse una talla similar a la Cruz de la Victoria que hoy figura en el escudo del Principado de Asturias.

En la época del Reino de Asturias ( 718- 925) la heráldica no había nacido aún y por lo tanto no es apropiado hablar de escudos propiamente dichos, aunque sí pueden verse bastantes dibujos y tallas en los ejemplos del Prerrománico asturiano de cruces acompañadas de las letras alfa y omega. La Foncalada de Oviedo muestra una cruz similar a la Cruz de la Victoria junto a las inscripciones de «(HOC SIGN) O TVETVR PIVS, HOC SIGNO VI (NCITVR, INIMICVS) - (SIGNVM SALVTIS PO) NE DOMINE IN FONTE (ISTA VT NON PERMITAS) INTROIRE ANGELVM PERCV (TIENTEM)» (Con este emblema se defiende al piadoso, con este emblema se vence al enemigo - Señor, pon el emblema de la salvación en esta fuente para que no permitas entrar al ángel golpeador). Sin embargo no sería hasta finales del siglo XVIII cuando tendría lugar el antecedente historiográfico más directo cuando Gaspar Melchor de Jovellanos identifcó la Cruz de la Victoria como el elemento que mejor podría verse como un símbolo representativo de Asturias, hecho que llevaría finalmente a la adopción del escudo heráldico del que dispone el Principado en la actualidad.

Jovellanos publicó un estudio sobre el escudo de Asturias por encargo del Francisco Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado, con el fin de adoptar un emblema para el Regimiento de Nobles Asturianos que combatió durante la Guerra de la Independencia. En este estudio Jovellanos recapitulaba la historia de los diferentes blasones que se atribuyeron al Principado por diferentes autores y realizó una propuesta que a la postre sería determinante para su difusión en el tiempo y posterior adopción oficial.

Entre los blasones descritos en el estudio, el más antiguo sigue la siguiente descripción heráldica: «De oro (en ocasiones de gules), tres o cinco suelas de sable o leonadas». Respecto a este primer escudo Jovellanos, después de analizar las fuentes disponibles y realizar una búsqueda de representaciones de carácter público del mismo, llegó a la conclusión que en realidad se trataba de las armas de un linaje, el de los Álvarez de Asturias.

Escudo del reino de Asturias según blasonan varias publicaciones europeas desde el siglo XV al XVIII. Esta atribución fue demostrada infundada por Jovellanos.

Jovellanos tampoco encontró evidencias para considerar fiable un posterior blasón, en el que se cuartelaban las armas de los reinos de Castilla y de León (Asturias formaba parte de este último), con las del vecino Reino de Galicia. Estas armas fueron difundidas hasta el siglo XVIII en diferentes obras impresas, fundamentalmente de carácter cartográfico y llegó a reproducirse en la L'Encyclopédie de Denis Diderot. Se ha comprobado que durante el siglo XV un heraldo que utilizaba el título de «Asturias» empleaba este escudo en su tabardo. El heraldista Vicente Castañeda consideró que se trataba de las armas del Príncipe de Asturias pero hasta la fecha, como demostró Jovellanos, no ha sido hallada ninguna prueba que documente que este escudo llegó a tener en algún momento carácter oficial como emblema asturiano o del heredero.

Jovellanos recopilaba igualmente los blasones descritos en la obra de Lázaro Díaz del Valle, uno de los cuales tomaba la Cruz de los Ángeles, reliquia custodiada en la Catedral de Oviedo, como figura de las armas del Principado en campo de gules, un emblema que ya figuraba en las armas del Concejo de Oviedo. Jovellanos coincidía con las conclusiones de un segundo cronista sobre que en el escudo asturiano debía figurar la Cruz de la Victoria al tratarse de la «divisa del Principado» y haber sido utilizada como insignia por monarcas asturianos y leoneses.

Reconstrucción de uno de los blasones propuestos para el Principado de Asturias en una composición alternativa en campo de gules o «encarnado». Jovellanos hizo dos propuestas con diferente color de fondo, una en azul, que terminó por ser la aceptada, y otra en rojo que fundamentaba en el color del campo de la antigua descripción de Lázaro Díaz del Valle y en la que figuraba la cruz de los Ángeles.[1]

Jovellanos defendió la adopción de un escudo con la Cruz de la Victoria argumentando que, con la creación del Reino de León, ésta se había convertido en un símbolo propio de Asturias y recordando que los blasones aunque aparecieron durante el siglo XII, la heráldica de reinos y provincias poseía símbolos con antecedentes preheráldicos.[1]

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