Escribas en el antiguo Próximo Oriente

Escritura sumeria.

Los escribas del antiguo Próximo Oriente eran las personas que conocían la Escritura especialmente la escritura cuneiforme, encargados de redactar textos y también de leerlos y organizar su clasificación en los archivos. Todo sabio tenía que haber recibido una formación de escriba a los que se llamaba en sumerio DUB.SAR (compuesto de DUB “la tabla” y SAR “inscrita”: “aquél que esribe sobre una tablilla”) y en acadio tupsrrum (forma acadia de DUB.SAR, del sumerio).

La complejidad de la escritura cuneiforme y la necesidad de formar escribas especializados en diferentes temas precisaba de una larga formación. Los escribas, una vez preparados, ejercían su profesión que podía cubrir prácticas diferentes. Su cometido particular, esencial en las civilizaciones del antiguo Próximo Oriente ( Mesopotamia, Siria, Hatti, Elam, etc.) les confería una posición social particular.

Formación

Organización de la enseñanza

La enseñanza se recibía en una escuela especializada, el EDUBBA/bït tuppi (m) (“casa de las tablillas”) en la época de Ur III. Estas escuelas dependían, casi siempre, de un palacio o un templo (en este caso la enseñanza corría a cargo de un sacerdote), verdaderos templos de sabiduría, que servían para formar a las futuras plantillas de la administración de un reino. Pero no siempre el organismo de enseñanza dependía del Estado: se formaban escribas, sobre todo, en los templos, y existían también, algunas escuelas privadas abiertas por algún escriba que trabajaba por su cuenta. Los estudios en estas escuelas eran muy caros, por lo que estudiar en ellas constituía un verdadero privilegio reservado para las clases más ricas, y estaban, asimismo, reservadas sólo para los hombres (muy pocas mujeres llegaron a ser escribas). Las escuelas, en la época de Ur III estaban dirigidas por un UMMIA/ummanu(m) (“especialista” en sumerio), llamado “padre de la escuela” (los alumnos eran los “hijos” de la escuela). Era ayudado por un maestro llamado “gran hermano” encargado de vigilar a los alumnos y de sus estudios. El “gran hermano” podía, al mismo tiempo, especializarse en algún tema preciso. Tenían, también, unos servidores como los “encargados del látigo” que se ocupaban de la disciplina en la escuela. Los castigos corporales eran, efectivamente, normales y aceptados. Algunos textos explican la dura vida que llevaban los estudiantes: trabajo agotador (levantarse a la salida del sol, con una pausa para la comida y un poco de reposo) castigos corporales (con el látigo), la férrea disciplina impuesta.

Contenidos de la enseñanza

Gracias a las numerosas tablas escolares encontradas en las ruinas de las escuelas mesopotámicas, se conoce el tenor de las escuelas en las que se formaban los escribas. Es llamativo el hecho de que los restos encontrados alrededor de Mesopotamia, especialmente en Siria, demuestren una enseñanza idéntica. El aprendizaje de la escritura cuneiforme era obligado, los escribas que no eran mesopotámicos tenían, por tanto, que combinar el conocimiento de su lengua materna, así como la escritura de la misma ( elamita hitita, hurrita, ugarítico, arameo, etc.) con la del sumerio (por lo menos en un nivel básico para poder interpretar los ideogramas y el acadiano.

Se descubren, en las diversas tablas escolares encontradas, los ejercicios realizados en diversas materias: recopilación de signos, de textos, aprendizaje de la escritura, traducciones, ejercicios aritméticos, y numerosas listas lexicales que servían para aprender las diferentes partes de la gramática y de la lengua. Esta cantidad de documentos resulta muy útil para el conocimiento de las civilizaciones del antiguo Oriente, ya que los numerosos textos encontrados por los arqueólogos proceden de las propias escuelas y se puede tener un conocimiento científico de esta civilización gracias a los textos escolares, especialmente las listas lexicales, en particular las bilingües sin las cuales no se podrían leer lenguas tales como el sumerio o el hurrita.

Durante los primeros años de escolaridad (un poco más de seis años) el alumno tenía que aprender a leer, escribir y contar. Aprendía a manejar el cálamo y las tablas, realizaba trabajos de copia, de signos y, más tarde de textos, para aprender a escribir se iniciaba en el sumerio (el conocimiento de este idioma era necesario, inclusive después de su desaparición), en la ortografía y en las reglas gramaticales, además de aprender también, cálculo.

Una vez adquirida la formación básica (dos años aproximadamente), se pasaba a la enseñanza más práctica. La enseñanza estaba destinada a la formación de escribas, especialmente para las cuestiones administrativas. Su primer objetivo era el de enseñar a los futuros escribas todo lo concerniente a la contabilidad y a las matemáticas en general, la redacción de textos jurídicos y administrativos, religiosos, secretariado, etc. Aprendían así, la práctica de las lenguas extranjeras (gracias a los diccionarios bilingües), en el caso de que el escriba quisiera dedicarse a la traducción. Una vez concluidos los estudios, los escribas podían trabajar en un palacio, un templo, o en casa de algún ricohombre como secretario o contable.

Pero no todos los estudiantes se inclinaban por la formación profesional. Podían especializarse en determinados campos bien para convertirse en maestros, bien para convertirse en investigadores (aunque, frecuentemente, se combinaban ambas cosas, dado que la investigación, por sí misma, no resultaba rentable, lo mismo que sucede actualmente con los catedráticos). Las escuelas eran los grandes templos de la cultura mesopotámica. Se redactaron toda clase de obras eruditas, se recopilaron y analizaron las grandes obras y se escribieron nuevas obras.

El aprendizaje de las escrituras alfabéticas

Hacia la mitad del II milenio a. C. aparecieron los primeros alfabetos en el Levante. El primer alfabeto del que se tiene constatación es el alfabeto ougarítico, de forma cuneiforme y todavía escrito sobre tablas de arcilla. Más tarde apareció el Alfabeto fenicio, lineal y escrito, generalmente, en pergamino o papiro, y sus sucesores, el alfabeto arameo que fue el más conocido imponiéndose como la forma de escritura más utilizada en el Próximo Oriente a partir de la segunda mitad del I milenio a. C. El aprendizaje de esta forma de escritura fue mucho más sencillo que el de la escritura cuneiforme silábica e ideográfica; no tenía más que una veintena de letras alfabéticas, sin duda para facilitar su aprendizaje. Es probable que el sistema de enseñanza fuera el mismo que el empleado anteriormente, pero la desaparición de los soportes sobre los cuales estaban escritos estos alfabetos hace imposible que se conozca bien. El alfabeto ougarítico es el único del que quedan importantes archivos.

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