Escándalo de la CHADE

Tapas de fusibles de la CHADE y la CADE en un barrio del oeste de la Ciudad de Buenos Aires. Testigos de la amplia extensión de la empresa, miles de estas tapas sobreviven hoy en día en el Gran Buenos Aires.

Se conoce como escándalo de la CHADE, en Argentina, a una serie de actos de corrupción política-empresarial sucedidos en las décadas de 1920 y 1930, durante las primeras presidencias radicales y la Década infame, con motivo de la concesión del servicio eléctrico de la Ciudad de Buenos Aires a la Compañía Hispano Americana de Electricidad (CHADE), renombrada en 1936 como Compañía Argentina de Electricidad (CADE). El escándalo también alcanzó los términos similares de la concesión y prórroga otorgada a la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad (CIAE).

La CHADE-CADE era presidida por el empresario y político español Francisco Cambó. La empresa llevó a cabo una gestión empresarial en Argentina, Chile y Uruguay caracterizada por recurrir a la corrupción político-empresarial con el fin de garantizar mercados monopólicos, falsificar costos en perjuicio de los usuarios y el Estado, sobornar funcionarios para evitar controles y obtener ventajas ilegítimas. Entre los involucrados en el escándalo de la CHADE estuvieron los presidentes radical Marcelo T. de Alvear y conservador Agustín P. Justo.

Los actos de fraude y corrupción cometidos por la CHADE-CADE, la CIAE y la ANSEC, entre las décadas de 1920 y 1940, fueron investigados durante la Revolución del 43 por dos comisiones presididas una por el coronel Matías Rodríguez Conde (CHADE y CIAE) y la otra por el teniente coronel Alfredo Intzaurgarat (ANSEC). Los informes de ambas comisiones revelaron oficialmente la serie de delitos, operaciones fraudulentas y actos de corrupción cometidos sistemáticamente por las grandes empresas eléctricas en perjuicio de los consumidores y el Estado, recomendando la cancelación de las concesiones.

Pese a que el Informe Rodríguez Conde tuvo amplia aceptación en todos los partidos políticos, ni la justicia, ni los gobiernos siguientes, castigaron a las empresas, ni hicieron cesar las concesiones de la CADE y la CIAE. La ANSEC en cambio fue nacionalizada por Perón. En 1961, el presidente Arturo Frondizi ordenó comprar las acciones de la CHADE-CADE en Segba, y habilitó a la CIAE a continuar con la concesión, sin límite de tiempo. La decisión de Frondizi sobre la CIAE fue anulada por la presidenta María Estela Martínez de Perón en 1976. Pero la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, dejó sin efecto este último decreto, y por decisión del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, exdirectivo también de la CIAE, ordenó comprar la CIAE, en otra operación escandalosa, que incluyó el secuestro-desaparición de Juan Carlos Casariego, un alto funcionario del Ministerio de Economía. Según Jorge Lanata "El escándalo de la CHADE –o CADE– fue una combinación magistral del comienzo del desguace del Estado argentino".[1]

Antecedentes

«Instale un calefón eléctrico». Publicidad de la CHADE de 1930.

El monopolio eléctrico

Como en la mayor parte del mundo, la red eléctrica en la Argentina comenzó a instalarse en las dos últimas décadas del siglo XIX. Pero en la Argentina, a diferencia de lo que sucedió en Uruguay y Brasil, el proceso fue dominado por grandes trusts internacionales que impusieron un sistema monopólico privado. El resultado fue que las empresas obtuvieron mediante actos de corrupción, concesiones excesivamente ventajosas y perjudiciales para los usuarios y el Estado, con plazos muy largos y tarifas muy altas, que además utilizaron casi con exclusividad centrales termoeléctricas consumidoras de hidrocarburos, evitaron electrificar el campo y bloquearon el desarrollo de la energía hidroeléctrica.[4]

La trustificación del mercado eléctrico argentino se produjo en las décadas de 1910 y 1920, consolidada por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Tres grupos internacionales se repartieron el mercado eléctrico: la ANSEC, una subsidiaria del holding estadounidense Ebasco se quedó con la mayor parte del interior del país, mientras que la CHADE –subsidiaria del holding europeo Sofina– y la Ítalo –controlada por la suiza Motor Columbus, se dividieron el enorme mercado de la Ciudad de Buenos Aires y su conurbano bonaerense.[6]

La CHADE y la Ítalo eran titulares de la concesión del servicio eléctrico de Buenos Aires, debido a contratos realizados en 1907 para la primera y 1912 para la segunda. Ambas concesiones tenían cláusulas que establecían plazos extremadamente largos (cincuenta años) y tarifas muy altas, justificadas con lo que se llamó la "cláusula de reversión", que establecía que los edificios, terrenos, maquinarias, red de cables, cajas de distribución, conexiones, estaciones secundarias y de transformación pasarían automáticamente al patrimonio de la Municipalidad de Buenos Aires sin cargo al término del contrato, igual que todas las ampliaciones y extensiones.[7]

La mala calidad y altas tarifas de los servicios de la CHADE y la Ítalo generaron una gran cantidad de conflictos y quejas de los usuarios, que llegaron a ser debatidos en el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires en los años 1924, 1927 y 1932. Los abusos de las empresas eléctricas habían impulsado también la formación en 1933 de una organización de consumidores denominada Junta de Sociedades de Fomento y Centros Comerciales e Industriales Pro-Reducción de Tarifas Eléctricas, presidida por Jorge Del Río, quien desde entonces se destacaría por sus denuncias sobre las prácticas monopólicas en el servicio de electricidad.

La CHADE

El político catalanista Francisco Cambó fue el presidente de la CHADE. Impuso una política sistemática de corrupción en Argentina, Chile y Uruguay, llegando a sobornar a los presidentes radical Marcelo T. de Alvear y conservador Agustín P. Justo.

La CHADE, sigla correspondiente a la Compañía Hispano Americana de Electricidad, había sido creada en 1920, en España, por el poderoso holding europeo Sofina, con el fin de desplazar a la empresa alemana CATE, de la concesión eléctrica de Buenos Aires. La derrota alemana en la Primera Guerra Mundial le había traído a la CATE problemas financieros de los que no pudo reponerse. Pese a su nombre, los capitales españoles no eran mayoritarios en la empresa, que se había constituido en España por razones de estrategia empresarial.

Pero en su constitución, desempeñó un papel técnico importante el político español Francisco Cambó, de pensamiento catalanista y conservador,[9]

Las autoridades políticas

El escándalo sacaría a la luz los sobornos que la CHADE ofreció, en muchos casos con éxito, a encumbrados políticos argentinos, que incluyeron a dos presidentes de la Nación, ministros, secretarios de Estado, intendentes y concejales de la Ciudad de Buenos Aires y funcionarios de los organismos de control.[cita requerida][10]

La CHADE había adquirido la concesión del servicio eléctrico de la Ciudad de Buenos Aires en 1921. En ese momento gobernaba el país el presidente Hipólito Yrigoyen, de la Unión Cívica Radical (UCR), primer presidente democrático de la historia argentina. Por entonces el presidente de la Nación, tenía también la responsabilidad de designar al intendente de Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, sin período de mandato establecido. La Municipalidad tenía también un órgano legislativo, el Concejo Deliberante, que era elegido por el voto popular de los ciudadanos varones.

El presidente radical Marcelo T. de Alvear fue uno de los funcionarios sobornados por la CHADE.

Yrigoyen finalizó su primer mandato como presidente en 1922, siendo sucedido por otro miembro de la UCR, Marcelo T. de Alvear, que sería uno de los funcionarios sobornados por la CHADE. Alvear finalizó su mandato en 1928, oportunidad en la que Yrigoyen volvió a ganar las elecciones por una amplia mayoría.

Los intendentes de la ciudad designados por Alvear fueron Virgilio Tedín Uriburu, Carlos M. Noel y Horacio Casco, mientras que Yrigoyen designó a José Luis Cantilo.

Dos años después, el 6 de septiembre de 1930 se produjo un golpe de estado que derrocó a Yrigoyen, dando origen a la llamada Década infame. Simultáneamente el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires fue cerrado y permaneció sin funcionamiento por casi dos años. El panorama político fue controlado entonces por una alianza conservadora denominada Concordancia, integrada por el Partido Demócrata Nacional (PDN), la Unión Cívica Radical Antipersonalista (UCR-A) y el Partido Socialista Independiente (PSI).

En 1932 fue elegido presidente en elecciones fraudulentas el general Agustín P. Justo (1932-1938), que designó como intendente de Buenos Aires a Mariano de Vedia y Mitre, mientras que el principal partido de la oposición era la Unión Cívica Radical, liderada por el expresidente Marcelo T. de Alvear. Borja de Riquer, biógrafo de Cambó, menciona los sobornos constantes a políticos y las relaciones según él «escandalosas» de la CHADE con el presidente Justo, el expresidente Alvear y el intendente Vedia y Mitre:

La propia CHADE, durante los años en que fue presidida por él (Francisco Cambó), recurrió constantemente al soborno de políticos argentinos, uruguayos y chilenos para defender sus grandes intereses económicos. Fueron especialmente escandalosas las relaciones de la CHADE con el partido Radical argentino, con el presidente Marcelo T. Alvear, así como con el intendente de Buenos Aires, Mariano de Vedia y Mitre y, más tarde, con el presidente Agustín P. Justo.[8]

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