Escándalo Faurisson

El escándalo Faurisson es el nombre con el que se conocen los eventos en los que estuvo envuelto a principios de 1979 el negador del Holocausto Robert Faurisson (n. 1929), de nacionalidad francesa.

En 1979, Robert Faurisson (50), profesor universitario francés, escribió un libro donde se concluye que los nazis no utilizaron cámaras de gas, ni intentaron realizar un genocidio de los judíos (ni de ningún otro grupo), y que el mito de las cámaras de gas fue montado por la propaganda aliada durante y después la guerra en los juicios de Nüremberg. Grupos sionistas se aprovecharon financieramente de las mentiras post-guerra para beneficiar la creación del estado de Israel en detrimento de Alemania y del pueblo palestino.

Tras la aparición del libro, Faurisson fue atacado por una multitud de estudiantes y, poco después, suspendido de deberes de enseñanza en su universidad. La razón aducida fue que la universidad no poseía los medios para garantizar su protección. Posteriormente fue procesado por falsificación de la Historia. Como resultado de una entrevista en televisión, también fue encontrado culpable de difamación e incitación al odio racial, recibiendo una condena condicional de tres meses, 21.000 francos (3.200 €) de multa y la obligación de costear la publicación en prensa y televisión del resultado del juicio (esta última parte, demasiado onerosa le fue suspendida tras una apelación).

Serge Thion, en la época investigador del CNRS (destituido en 2000 por violación de las leyes sobre negacionismo), solicitó a Noam Chomsky que firmara una petición solicitando a las autoridades garantizar la seguridad y el ejercicio libre de sus derechos legales de Faurisson. La petición fue firmada por 500 intelectuales extranjeros, incluido Chomsky. El texto de la petición mencionaba la extensa investigación histórica realizada por Faurisson y de sus conclusiones. En este último caso, la polémica provenía del uso de la palabra findings, que puede significar «hallazgos» pero suele significar sólo «conclusiones». La petición fue interpretada por algunos como una defensa de las opiniones de Faurisson, al mismo tiempo que de sus derechos.

En 1980, Serge Thion (n. 1942) escribió un libro sobre el escándalo Faurisson, desde el punto de vista negacionista.

Defensa de Chomsky

En respuesta a las críticas recibidas por su firma en la petición, Chomsky escribió el ensayo Comentarios elementales sobre el derecho a la libertad de expresión, donde discute el derecho a realizar y publicar investigaciones impopulares. También expresa en ese ensayo no haber encontrado evidencia de antisemitismo en las partes del trabajo de Faurisson que revisó. Chomsky escribe:

«Las conclusiones de Faurisson son diametralmente opuestas a mis puntos de vista y que he expresado en publicaciones (por ejemplo, en mi libro Paz en el Oriente Medio, donde describo el Holocausto como la peor muestra de locura colectiva en la historia de la humanidad). Pero es elemental que la libertad de expresión (incluyendo la libertad académica) no sea restringida a los puntos de vista que uno aprueba, y es precisamente en el caso de puntos de vista que son casi universalmente descartados o condenados que este derecho debe ser defendido con mayor fuerza. Resulta sencillo defender aquellos que no necesitan defensa o unirse a una condena unánime de la violación de los derechos civiles cometida por un oficial enemigo.» [1]

Chomsky autorizó el uso de este ensayo para cualquier propósito y el editor de Faurisson, Pierre Guillaume, lo utilizó como prefacio de un libro de éste, sin informar de ello a Chomsky, quien, al enterarse, solicitó que no lo utilizara de esta forma, pero la editorial La Vieille Taupe ya lo estaba imprimiendo. Más adelante, Chomsky comentó que lo único que lamentaba de todo este asunto es el haber solicitado que se eliminara su ensayo del libro.

En su artículo Su derecho a decirlo publicado en The Nation, Chomsky expresa:

«Me parece escandaloso que sea todavía necesario debatir sobre esto dos siglos después que Voltaire defendiera el derecho a la libre expresión de ideas que él detestaba. Al adoptar una doctrina central sobre sus asesinos, se le hace un muy mal servicio a la memoria de las víctimas del Holocausto.»

Su argumento separa la distinción conceptual entre apoyar el punto de vista de alguien y defender su derecho a decirlo'. Dado que lo último no implica lo primero, la condena a la censura no puede ser interpretada como el apoyo al punto de vista del censurado.

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