Erotismo

Athenais, con un vestido de transparencia, pintura de John William Godward, 1908.

El término Erotismo (del Griego ἔρως: érōs) designaba originalmente al amor apasionado unido con el deseo sexual, sentimiento que fue personificado en el dios Eros. Tiene una relación evidente con la sensualidad, con la sexualidad y con las capacidades de atracción entre los seres humanos.[1]

En español y en otros idiomas modernos, el término «erotismo» es una palabra compleja que puede tener dos sentidos, ya que queda definida por dos conceptos distintos, por lo que se puede hablar de dos tipos diferentes de erotismo según el sentido que lo define:

Por un lado, por la picardía (entendida como acción o dicho en el que hay malicia o atrevimiento, aunque no una clara insinuación) y la propia insinuación, al cual puede designarse como erotismo poético o erotismo romántico, y se entendería como una respuesta a la búsqueda de interacción social.

Por el otro lado, por la pornografía, al cual podríamos denominar erotismo sexual, ya que estaría relacionado directamente con los preludios del acto sexual, (específicamente, con los juegos sexuales) con los que se pretende desarrollar la excitación de la pareja y la lubricación de los órganos genitales, lo cual facilita el coito y otros tipos de comportamientos sexuales.

Erotismo y sensualidad

Los términos erotismo y sensualidad están muy relacionados, aunque no signifiquen lo mismo, debido a que tienen una gran conexión entre sí, pues ambos hacen referencia a buscar atraer e incitar a otras personas. El erotismo va más allá de la sensualidad, dado que comprende expresiones faciales complejas, acciones corporales y manifestaciones verbales. Lo que significa que abarca señales sonoras o visuales especializadas y simbolizadas por el lenguaje. El erotismo puede adoptar mayor o menor tendencia a la sexualidad, en función de la intimidad y de la intencionalidad con que se emplee.

El erotismo puede verse tanto en algo completamente sutil e inocente (una mirada profunda y sostenida en un momento inesperado, pasar al lado de la persona deseada y susurrarle algo bonito al oído, rozarla como “sin querer”), como en algo profundamente íntimo y sexual (ser sorprendido por tu pareja al llegar a casa y encontrarla con un conjunto muy sensual, preparada para ofrecerte una noche interminable).

Por consiguiente, es posible decir que el erotismo es más un comportamiento cultural que sexual. No es posible rebajar al erotismo todo lo relacionado con la sexualidad y con el acto sexual físico o, del mismo modo, descontextualizarlo de la fase de relación interpersonal en que se dé, sea esta social (fase del galanteo y formación de la pareja) o íntima (actividad precopulativa).[1] Además, es difícil precisar un rasgo que distinga claramente el adjetivo erótico de los que lo flanquean en una escala valorativa continua (de términos coloquiales o técnicos) que todo ser humano emplea cotidianamente y que comprendería, de menor a mayor carga polémica: travieso-picante-erótico-obsceno-soez- pornográfico-etcétera.

Las puertas del ocaso de Herbert James Draper.
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