Ernesto Giménez Caballero

Ernesto Giménez Caballero

COA Spain under Franco 1938 1945.svg
Procurador en Cortes
16 de marzo de 1943- 24 de marzo de 1946

Información personal
Nacimiento 2 de agosto de 1899
Madrid, España Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg
Fallecimiento 14 de mayo de 1988 (88 años)
Madrid, España
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político JONS
FET y de las JONS
Familia
Cónyuge Edith Sironi (1925)
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Escritor, periodista, profesor y diplomático
Miembro de
Distinciones
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Ernesto Giménez Caballero ( Madrid, 2 de agosto de 1899 – íd., 14 de mayo de 1988) fue un escritor, intelectual y diplomático español, destacado representante del vanguardismo e introductor del fascismo en España.[2]

Biografía

Orígenes, formación y primeros pasos literarios

Nació en Madrid el 2 de agosto de 1899[4]

Ernesto Giménez Caballero hizo el bachillerato en el Instituto de San Isidro. Cursó la licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid e inició el doctorado (que no culminaría hasta los años 40). Entre sus maestros en la Universidad se contaron Américo Castro, Miguel Asín Palacios, García Morente, Ortega y Gasset, Menéndez Pidal, Besteiro y Julio Cejador.[6] Sus primeros escarceos literarios aparecieron en la revista de carácter universitario Filosofía y Letras, dirigida, de hecho, por otro aventajado estudiante, Pedro Sainz Rodríguez. Colaboró fugazmente en el Centro de Estudios Históricos y por recomendación de Américo Castro, en 1920, recién acabada la Gran Guerra, inauguró el puesto de lector de español en la Universidad de Estrasburgo, como ayudante del romanista Eugen Kohler.

Más tarde, en 1935, ganaría la cátedra de Literatura del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, con un tribunal presidido por Unamuno.[7] Fue también profesor de Literatura en la Escuela Oficial de Periodismo, fundada por su amigo Juan Aparicio y ejerció durante varios años como diplomático (agregado cultural, primero, y embajador, después) en Iberoamérica.

En 1923 publica su primer libro: Notas marruecas de un soldado, donde narra sus impresiones y experiencias personales en la guerra de África. Editado por él mismo en la imprenta paterna, le reveló súbitamente al público, no sólo por sus méritos literarios sino por su fuerte contenido crítico frente a la actuación política y militar española en el protectorado. Por esa razón, le fue incoado un proceso militar por injurias al ejército e incitación a la sedición. El libro fue ampliamente comentado por destacados intelectuales del país. Siempre tuvo a gala recordar que en sus páginas había reclamado, por vez primera en España, la asociación con fines políticos de los excombatientes de la Guerra de Marruecos. Tras el pronunciamiento del general Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923, su causa fue sobreseída y pudo regresar a la Universidad de Estrasburgo, donde desempeñó un segundo curso como lector de español. Allí conoció a quien sería su mujer, la italiana Edith Sironi. Desde la ciudad alsaciana se abrió un hueco en la vida periodística con las colaboraciones que enviaba al diario madrileño La libertad, dirigido por Luis de Oteyza. Y nada más vuelto a España, terminado el curso 1923-1924, introduciéndose en el selecto círculo orteguiano que contaba con medios tan prestigiosos como el diario El Sol y la Revista de Occidente.

Actividad vanguardista

Animador de la vida intelectual de la segunda mitad de la década de 1920, fue un impulsor de las vanguardias artísticas en España, tanto en la órbita del futurismo, influido por Marinetti sobre todo, como del surrealismo. Su empresa más ambiciosa en ese campo fue la fundación y dirección de La Gaceta Literaria en 1927, revista que congregó a las tres generaciones activas en la vida artística de los años 20, y que pudo prolongar su existencia hasta mayo de 1932. Seis de sus últimos números aparecieron bajo el rótulo de El Robinsón literario de España, redactados íntegramente por él.[8]

Además de su labor crítica y organizativa, su contribución a la literatura específicamente vanguardista tiene uno de sus hitos en el libro Yo, inspector de alcantarillas (1928), acaso la primera publicación de relatos surrealistas en España. Otras obras de vanguardia fueron: Los toros, las castañuelas y la Virgen (1927); Hércules jugando a los dados (1928); Julepe de menta (1929) y Trabalenguas sobre España (1931). También se interesó por el cine, fundó el primer Cineclub en España y realizó varios cortometrajes, como «Esencia de Verbena» y «Noticiario del Cineclub» (ambos en 1930).[10]

Precursor y teórico del fascismo español

Giménez Caballero fue también uno de los primeros intelectuales españoles en abrazar abiertamente las ideas fascistas, de las que se consideraba el «precursor hispanida». Hizo explícita ya su adhesión al fascismo en la etapa italiana de su «circuito imperial» de 1928; y el 15 de febrero de 1929 publicó la «Carta a un compañero de la Joven España», como prólogo a una traducción de textos de Curzio Malaparte,[12]

El 22 de octubre de 1930 tuvo la que habría de ser su primera entrevista con Mussolini. «Se llegó a ella merced a la solicitud en tal sentido de Bottai y tras ser salvado —con una información favorable de la embajada de Madrid— el obstáculo que suponía su carácter de colaborador en El Sol, periódico que se tenía en Roma por poco favorable a Italia».[13]

Colaboró con Ramiro Ledesma Ramos en la creación del semanario La Conquista del Estado en marzo de 1931 y —un mes antes— en la firma del manifiesto del mismo título que lo precedió. No obstante, se separó del periódico al llegar la II República, colaborando únicamente en sus cuatro primeros números.[15] del mismo en la iniciativa de publicación del semanario El Fascio, en marzo de 1933. Dirigido por Delgado Barreto, sólo pudo salir un primer número de la publicación ante la censura gubernamental, que ordenó su recogida. En El Fascio, la contribución escrita de Giménez Caballero consistió en un esbozo de programa político titulado «Puntos de partida» (publicado sin firma, pág. 3), el artículo «Primacía del trabajo. El sentido social del fascismo» (pág. 10) y una reproducción de la semblanza de duce italiano —que había publicado el año anterior en Genio de España— con el título «Los creadores del fascismo. El genio romano de Benito Mussolini» (págs. 9-10).

Integrado en las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista fue partidario en febrero de 1934 de su unificación con Falange Española,[17]

Poseedor de un estilo vibrante y exaltado, fue uno de los ideólogos más excéntricos del fascismo español. Intentó desarrollar un pensamiento de cariz fascista presentado como alternativa al liberalismo y a la experiencia revolucionaria soviética, donde España —históricamente «brazo diestro de Roma»— trascendiese tanto el materialismo socialista de signo oriental como las doctrinas individualistas occidentales. Aunque renuente a utilizar el término fascismo en la década de los veinte, su pensamiento irá basculando objetivamente hacia un fascismo panlatino que siente las bases para un fuerte nacionalismo español, en obras como Genio de España (1932) —su libro más difundido— o La nueva catolicidad (1933). (Un ejemplar de esta obra, con la dedicatoria de su autor, figura entre los libros conservados de la biblioteca de Adolf Hitler con el ex libris del dictador.)[19]

Guerra civil y Franquismo

El estallido de la sublevación militar de julio de 1936 le sorprendió en Madrid. Huyendo de la represión revolucionaria, buscó refugio en distintos lugares; su vivienda fue objeto de registros,[21]

Desde su incorporación al territorio sublevado, en los primeros meses de la guerra civil, defendió la unificación del falangismo con el carlismo y escribió el borrador del discurso pronunciado por Franco en abril de 1937.[24]

Tras la guerra civil, se reintegró a su cátedra del instituto Cardenal Cisneros. Inició una ambiciosa obra pedagógica con la publicación en 1940 de Lengua y Literatura de España y su Imperio, primer volumen de un conjunto de siete (a partir del segundo suprimió del título la coletilla «y su Imperio») que culminó en 1953; la complementó con una serie de publicaciones temáticas auxiliares. Prosiguió su obra propagandística y ante el estallido de la II Guerra Mundial se mostró como un ardoroso partidario de la intervención de España al lado de las potencias del Eje. El 4 de julio de 1941 se ofreció como voluntario para la División Azul, aunque no llegó a enrolarse.[28]

Fue Procurador en las Cortes franquistas, ininterrumpidamente, en las sucesivas legislaturas desde su creación en 1943 (en su condición de Consejero Nacional de FET y de las JONS) hasta la legislatura de 1955-1958, por designación del Jefe del Estado.[29]

En 1947, con sus alumnos de la Escuela oficial de Periodismo, fundó la tertulia del Antiguo Café de Levante, en la Puerta del Sol, donde editó el periódico oral (y en ocasiones impreso) ¡Levante! y reivindicó a los libertadores hispanoamericanos y a Rubén Darío, como «libertador de libertadores».[30]

Pero su acción política, forzado por las circunstancias, hubo de verse orientada al terreno diplomático. En 1948 visitó por vez primera los países de Iberoamérica. En 1954 ocupó la agregaduría cultural en la embajada española en Paraguay, posteriormente en Brasil y, finalmente, en 1958 fue nombrado embajador en Paraguay, cargo en el que se mantuvo hasta su retiro en 1970. Era una forma elegante de mantenerlo apartado de la política española, donde su presencia resultaba más bien incómoda. Regresado a España a principios de los años setenta, colaboró asiduamente en la prensa nacional y reanudó su carrera literaria, alternándola con la reedición de varios de sus libros anteriores a 1936.

Los años postreros

En 1979 publicó Memorias de un dictador, libro no exento de polémica que le devolvió cierta notoriedad cuando estaba casi olvidado en el mundo de las letras. A ese fugaz renacer contribuyó no poco la reimpresión facsímil en 1980 de La Gaceta Literaria a cargo la editorial española Turner y Topos Verlag, de Vaduz, Liechtenstein. En 1985, por último, obtuvo el Premio Espejo de España de la editorial Planeta, por su obra Retratos españoles (bastante parecidos).

Murió en Madrid, en su vivienda de El Viso, a la edad de 88 años, y está enterrado en el panteón familiar de la Sacramental de San Isidro. Dejó inédito su último libro: Bolívar ante España (Y sus autonomías).

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