Ermitaño

Representación de Pablo de Tebas, conocido como Pablo el ermitaño o Pablo el egipcio, venerado por la Iglesia católica y la Iglesia copta como el primer santo en llevar una vida eremítica.

Un ermitaño o eremita es una persona que elige profesar una vida solitaria y ascética, sin contacto permanente con la sociedad. El vocablo ermita procede del latín eremīta, que a su vez deriva del griego ἐρημίτης o de ἔρημος, que significa «del desierto». En sentido laxo, el término se extendió para significar a todo aquél que vive en soledad, apartado de los vínculos sociales.

En el cristianismo, la vida eremítica tiene por finalidad alcanzar una relación con Dios que se considera más perfecta. La vida del ermitaño está por lo general caracterizada por valores que incluyen el ascetismo, la penitencia, el alejamiento del mundo urbano y la ruptura con las preferencias de éste, el silencio, la oración, el trabajo y, en ocasiones, la itinerancia. Se considera que el eremitismo en el cristianismo nació a fines del siglo III y principios del siglo IV,[1] particularmente tras la paz constantiniana, cuando los llamados « Padres del Desierto» abandonaron las ciudades del Imperio romano y zonas aledañas para ir a vivir en aislamiento y en el rigor de los desiertos de Siria y Egipto, sobresaliendo el desierto de la Tebaida.

La práctica del eremitismo también se encuentra presente en la historia del hinduismo, el budismo, el sufismo y el taoísmo.

En el mundo moderno suele verificarse una variante que, si bien no puede catalogarse como eremitismo propiamente dicho, mantiene algunas de sus características. En este caso, no se verifica una «fuga geográfica» del mundo, sino un aislamiento respecto del estilo o de la forma de vida que el mundo presenta. Se trata de un «eremitismo en medio del mundo», impregnado por rasgos de soledad, oración y trabajo, que huye de cualquier tipo de publicidad y que florece, en el decir del periodista Vittorio Messori, como «reacción a la borrachera comunitaria».[2]

El ermitaño cristiano

El eremitismo en el cristianismo temprano

El eremitismo es un modo de vida nacido en Oriente, particularmente en Egipto y Siria, hacia el siglo III, pero con algunos precedentes precristianos, como el de la comunidad judía de los Terapeutas, curadores de almas, con asiento en Alejandría, que propugnaba la soledad y el aislamiento como camino para alcanzar la perfección espiritual.[3]

Ermitaño fue el nombre dado desde el siglo III al V al cristiano que, para entregarse con toda libertad a la vida contemplativa y penitente en busca de Dios, se apartaba de los vínculos sociales usuales, para habitar en los desiertos de la Tebaida (a unos mil kilómetros del delta del Nilo) y en las comarcas vecinas. La norma de vida de aquellos eremitas era de un ascetismo llevado a sus límites: vivían en el desierto, se alojaban en albergues precarios o en cuevas, y subsistían gracias al trabajo manual. Sus ayunos eran muy prolongados y mantenían una vida espiritual durísima.

El modelo inicial de eremitismo, propio de los anacoretas orientales del siglo III, tendría más tarde imitadores -aunque con reservas- en la vida monástica occidental.[1] Sucesivamente y por extensión, se asignó el mismo nombre a todos los que se retiraron a lugares solitarios para vivir una vida libre de las ataduras de la sociedad. Algunos fijaban su misión en el cuidado y protección de una ermita dedicada a algún santo, por lo general, en algún territorio despoblado y poco visitado. El retiro del ermitaño se consideraba parte de su vida espiritual y de su entrega cristiana.

En su evolución posterior, la Iglesia generó una tendencia hacia la transformación de aquellas primeras comunidades eremíticas en órdenes religiosas estables, que permitieran una vida ascética pero evitando prácticas extravagantes o exageradas, reglando las horas de oración, de trabajo y de estudio. Se mantenía la pobreza, pero con vestimenta y comida adecuadas. Así, se dio el nombre de ermitaños a ciertas órdenes religiosas como las de San Pablo, San Jerónimo o San Agustín.

Ejemplos de eremitismo temprano

Se dice que el primer ermitaño fue Pablo, el egipcio que vivió noventa años en el desierto (desde 250 a 340 d. C.).[4]

Entre los ejemplos más notables de eremistisno de los siglos III a VI se cuentan:

San Onofre

El eremitismo en los siglos XI y XII

Cueva eremítica cerca de Marquínez, Álava

En la Edad Media, el eremitismo consistió principalmente en la renuncia ascética a una patria, a lo que se unía la llamada peregrinatio pro Christo (la condición de itinerante por amor a Cristo).

El eremitismo, tal como se generalizó en Europa a partir de las severas reformas monásticas en los siglos XI y XII, se verificó como una alternativa a la regla vivida por los monjes en los grandes monasterios o abadías. Ya no tenía las características del practicado en la Alta Edad Media, sino que se generó en ciertas personas (aristócratas, clérigos o monjes insatisfechos) como reacción de carácter espiritual frente a la vida de opulencias. El «progreso» económico y la vida de opulencia se prodigaba particularmente en las nuevas ciudades y entre los propietarios de campos. El «eremitismo» suponía aquí un cambio o «conversión», que implicaba un salto desde la «opulencia» que se abandonaba a la «suma pobreza» que se asumía sin atenuantes, dejando las ciudades.[5]

Es así como muchos monjes volvieron a la soledad del desierto, solos o en pequeños grupos. A los asentamientos eremíticos que se produjeron en el siglo XI corresponde la aparición de las órdenes de los cartujos y los camaldulenses, en tanto que el siglo XIII surgen los ermitaños agustinos, identificados con las órdenes mendicantes. Así se produce la unión del anacoretismo y el cenobitismo en una orden centralizada.[1]

Además de las distintas formas de eremitismo organizado, existieron hombres y mujeres llamados «inclusos» o «reclusos» que, temporalmente o de por vida, se encerraban voluntariamente en una celda que hacían tapiar.[1] Estas salas carentes de puertas poseían como único medio de acceso una ventana pequeña por la que entraba algo de luz. A través de esa apertura, la gente le hacía llegar alimento y bebida utilizando una polea. Solían gozar de gran prestigio por las virtudes heroicas que se les atribuía. Esta forma perdió prontamente importancia en el siglo XV hasta desaparecer por completo en el siglo XVII. Sin embargo, el eremitismo como tal continuó existiendo.

Ejemplos de eremitismo en los siglos XI y XII

Entre los ejemplos más conocidos de eremistisno de los siglos XI y XII se pueden mencionar:

En los siglos XIII al XV se presentaron casos paradigmáticos de eremitismo, entre los que sobresalen el de Celestino V quien, en una decisión espontánea, renunció al papado para retornar a su vida eremítica,[7]

El eremitismo en tiempos contemporáneos

Luego de la secularización que significó la ilustración alemana del siglo XVIII, surgió en la primera mitad del siglo XIX una nueva fraternidad eremítica en la diócesis de Ratisbona (en alemán, Regensburg), Alemania. Los miembros de la fraternidad vivían como terciarios de San Francisco de Asís, y se extendieron por zonas yermas de Alemania, Suiza y Austria.[1]

En el siglo XX, el eremitismo tomó diferentes formas.

El beato Carlos de Foucauld en 1904, ermitaño en Argelia.

Algunos ermitaños famosos pertenecen a órdenes religiosas, aunque solicitan permiso para llevar una vida eremítica. Tales son los casos de María Boulding (monja benedictina, 1929-2009) o Thomas Merton (monje cisterciense, 1915-1968). Otros ermitaños son consagrados según el canon 603 (ver más adelante), como Scholastica Egan. Hay ermitaños que no pertenecen a ninguna orden religiosa, como la hermana Wendy Beckett (quien perteneció a las Hermanas de Nuestra Señora de Namur), o Jan Tyranowski, figura central en la formación de Karol Wojtyla.

El beato Carlos de Foucauld (1858-1916) constituye un caso emblemático. Habiendo sido un militar de vida disipada y un explorador de Marruecos, se convirtió al catolicismo y vivió como monje trapense, primero en Francia y luego en Siria. Más tarde abandonó la Trapa para llevar una vida eremítica aún más exigente en el desierto del Sahara argelino, aunque su espiritualidad incluyó numerosos rasgos de servicio hacia los más abandonados. Su figura, simbolizada en la célebre Oración de abandono, constituye una renovación del eremitismo y de la llamada «espiritualidad del desierto» en pleno siglo XX.[9]

El Código de Derecho Canónico y el eremitismo

El Código de Derecho Canónico, promulgado por la autoridad de Juan Pablo II el 25 de enero de 1983, contempla el eremitismo diocesano-canónico en el canon 603:

1. Además de los institutos de vida consagrada, la Iglesia reconoce la vida eremítica o anacorética, en la cual los fieles, con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo.


2. Un ermitaño es reconocido por el derecho como entregado a Dios dentro de la vida consagrada, si profesa públicamente los tres consejos evangélicos, corroborados mediante voto u otro vínculo sagrado, en manos del Obispo diocesano, y sigue su forma propia de vida bajo la dirección de éste.[10]

Código de Derecho Canónico, canon 603

En España y en distintos países de América hispana existen hoy ermitaños y ermitañas consagrados según este canon.

Other Languages
العربية: ناسك
asturianu: Freru
български: Отшелничество
brezhoneg: Penitiour
čeština: Poustevník
dansk: Eneboer
Deutsch: Eremit
English: Hermit
Esperanto: Ermito
eesti: Eremiit
euskara: Eremutar
فارسی: زاهد
suomi: Erakko
français: Ermite
furlan: Rimit
Gàidhlig: Aonaran
hrvatski: Pustinjak
Bahasa Indonesia: Eremit
Ido: Ermito
íslenska: Einsetumaður
italiano: Eremita
日本語: 隠者
한국어: 은자
Latina: Eremita
Limburgs: Hièremiet
lietuvių: Eremitas
Nederlands: Heremiet (monnik)
norsk nynorsk: Eremitt
norsk bokmål: Eremitt
occitan: Ermita
polski: Eremita
پنجابی: جوگی
português: Eremita
română: Pustnic
sicilianu: Rimita
Scots: Hermit
srpskohrvatski / српскохрватски: Pustinjak
slovenčina: Pustovník
slovenščina: Puščavnik
shqip: Eremiti
српски / srpski: Отшелник
svenska: Eremit
Kiswahili: Mkaapweke
Tagalog: Ermitanyo
українська: Пустельник
Tiếng Việt: Ẩn sĩ
中文: 隱士