Erasmismo en España

Fachada del Colegio de San Gregorio (Valladolid) que acogió el debate entre Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda sobre la polémica de los naturales y las Leyes de Indias (1550-1551), o la conferencia que cuestionó el erasmismo (1527).

Con erasmismo en España se alude a la notable influencia que las ideas de Erasmo de Rotterdam tuvieron en España, sobre todo en la primera mitad del siglo XVI, con el apoyo del emperador Carlos I. Tuvieron más influjo en España que en cualquier otro país, incluido el suyo.[ cita requerida]

El periodo de mayor influencia del erasmismo español se sitúa entre 1527 y 1532, y cabe considerarlo como un aglutinante de las ideas (literarias, políticas, científicas, legales, etc.) que afloraban de la sociedad española del siglo XVI, dando lugar posteriormente al Siglo de Oro español.

Historia

El humanismo en España alcanzó un importante desarrollo —su impacto fue reducido aunque significativo— gracias a los humanistas italianos que como Pedro Mártir de Anglería o Lucio Marineo Sículo impartieron sus enseñanzas en Castilla, y a estudiosos que marcharon a Italia, como Antonio de Nebrija, o a Francia, como Pedro de Lerma, y que luego volvieron. Asimismo fue muy importante el apoyo que encontraron en el cardenal Cisneros quien fundó la Universidad de Alcalá, que junto con la Universidad de Salamanca, se convirtió en el principal centro de estudios humanísticos –entre sus profesores se encontraban Juan de Vergara y Francisco de Vergara- y que llevó adelante el ambicioso encargo que le hizo el propio Cisneros: la Biblia políglota complutense.[1]

Buena parte de los humanistas españoles fueron seguidores de Erasmo de Rotterdam y encontraron el apoyo de la corte de Carlos V –empezando por el gran canciller Mercurino Arborio Gattinara y su secretario Alfonso de Valdés-[3] El Enchiridion fue traducido con el título: "Manual del caballero cristiano".

Según Joseph Pérez, además de su reputación de humanista, son las ideas religiosas de Erasmo lo que atrae a la élite intelectual española. "Frente a Roma, Erasmo afirma la necesidad y la urgencia de una reforma de la Iglesia y de la religión, a la que hay que despojar de sus aspectos dogmáticos y formalistas: el exceso de especulaciones teológicas y una práctica rutinaria que está en el límite de la superstición. Erasmo defiende un retorno al Evangelio, a una religión espiritual y a un culto interior. Frente a Lutero, sale en defensa del libre arbitrio y se esfuerza por preservar la unidad del mundo cristiano. Su ideal sería una reconciliación irenista sin vencedores ni vencidos, que aseguraría la reforma necesaria de la Iglesia evitando el cisma".[4]

Gracias al emperador se libró de la consideración de herejes un grupo de presión erasmista cercano a su persona, entre los que estaban los hermanos Juan de Valdés (autor del " Diálogo de la lengua") y Alfonso de Valdés y algunos prestigiosos humanistas. Erasmo fue invitado por el Cardenal Cisneros para dar clases en la Universidad de Alcalá pero rechazó la invitación con una célebre Non placet Hispania (España no me dice nada).

En las épocas iniciales aparece una nueva edición del "Nuevo Testamento" edición recomendada en 1516 por el abad García de Bobadilla. La difusión sobre el territorio es tan grande que ya en 1524 el propio Erasmo de Rotterdam se manifiesta sorprendido por el éxito español, lamentando no haber aceptado la invitación inicial de Cisneros. Lucio Marineo Sículo elabora una lista de humanistas disponibles para la reforma. El erasmismo sigue presente en la corte gracias a Juan Calvete de Estrella, instructor del príncipe Felipe.

La persecución de los erasmistas por la Inquisición

El alcance del erasmismo fue bastante limitado ya que no sobrepasaba la corte del emperador y sólo un pequeño número de clérigos y eruditos se dedicaron al cultivo de las letras clásicas, además de que seguía teniendo un peso enorme la escolástica medieval. Los métodos de exégesis de Erasmo y sus ideas religiosas, que algunos consideraban próximas a las de Lutero, fueron objeto de críticas por parte de amplios sectores eruditos y eclesiásticos. En 1527 el inquisidor general Manrique, presionado por las órdenes mendicantes que habían sido objeto de las sátiras de Erasmo, se vio obligado a convocar una junta en Valladolid para debatir sobre sus supuestas "herejías", aunque en la misma no se llegó a ninguna conclusión.[5] Uno de los primeros detractores de Erasmo fue Diego López de Zúñiga quien en 1519 publica Annotationes contra Erasmus Dottordanum in defensionem translationis Novis Testamenti en la Universidad de Alcalá. Otro contrario es Sancho de Carranza.

Cuando en 1529 Manrique dejó de ser inquisidor general y el emperador Carlos V marchó a Italia llevando consigo a los principales erasmistas, los conservadores aprovecharon su oportunidad. El primero en ser detenido por la Inquisición española fue Diego de Uceda, chambelán de un alto cargo de la Orden de Calatrava, que fue denunciado por un desconocido con el que había hablado de religión y de Lutero durante el viaje que había hecho de Burgos a Córdoba. Fue torturado y condenado, abjurando de sus "errores" en el auto de fe celebrado en Toledo el 22 de julio de 1529.[6]

Diálogo de la Doctrina christiana (1529) de Juan de Valdés.

Mucho mayor impacto tuvo el proceso contra Juan de Vergara, eminente estudioso de las letras clásicas y catedrático de filosofía de la universidad de Alcalá. Fue detenido en 1530 y condenado, acusado de "luteranismo" entre otras alegaciones –también de iluminismo como su hermano Bernardino Tovar-.[8]

En 1530 Juan de Valdés –del que Joseph Pérez afirma que en realidad era un alumbrado y que usó de pantalla el erasmismo-[10]

A finales de 1533 Rodrigo Manrique, hijo del antiguo inquisidor general, escribió desde París al erasmista Juan Luis Vives en Brujas –donde se había refugiado huyendo de la Inquisición por ser judeoconverso-, sobre el encarcelamiento de Juan de Vergara:[11]

Dices muy bien: nuestro país es una tierra de envidia y soberbia; y puedes agregar: de barbarie. Pues, de hoy en más, queda fuera de duda que nadie podrá poseer allá cierta cultura sin hallarse lleno de herejías, de errores, de taras judaicas. Así se ha impuesto silencio a los doctos; en cuanto a los que corrían al llamado de la ciencia, se les ha inspirado, como tú dices, un gran terror. En Alcalá se trata de extirpar completamente el estudio del griego

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