Epigrafía griega

Dedicatoria a Ptolomeo VI, rey de Egipto, s. II a. C.

El término epigrafía ha sido acuñado modernamente para designar la ciencia que estudia lo que ya los griegos llamaban epigraphai y, más frecuentemente, epigrammata, que eran textos inscritos. Es precisamente la naturaleza de la superficie inscrita lo que sirve para distinguir la epigrafía de otras ciencias que también se ocupan de los textos.

De forma convencional la ciencia moderna ha establecido que la epigrafía estudie en principio todos los textos inscritos en material duro, ya sea piedra, cerámica o metal, material que en cierta manera condiciona un tipo de contenidos. En cambio los textos papiráceos, que forman un grupo cronológica y geográficamente bastante limitado aunque muy numeroso y en el que abundan, a diferencia de en la epigrafía, los testimonios literarios, pasan a ser objetivo de otra ciencia llamada papirología. Incluso en los textos inscritos en material duro hay algunas excepciones. Las leyendas monetales por ejemplo las estudia la numismática y los ostraka egipcios la papirología.

Relieve votivo para la cura de una pierna enferma, s. II a. C.

No es difícil imaginar a qué corresponden los tipos de epígrafes griegos si pensamos en el mundo actual. Las lápidas funerarias presentes en un cementerio, los letreros que indican el nombre de las calles, la numeración de los portales, la estatua de un gran general en una plaza, un conquistador, un poeta o un ciudadano modélico que ha ofrecido su tiempo y dinero en beneficio de sus conciudadanos y la dedicatoria que la ciudad ha inscrito en la base tienen su correlato en el mundo antiguo. En una iglesia, quizá mejor una rural, las leyendas que acompañan a algunos de los exvotos que cubren las paredes. En una casa privada encontraríamos los epígrafes, desde los sellos de "made in", los epígrafes de "recuerdo de" o explicativos de imágenes, los nombres de propietario en las puertas, los vasos etc. hasta los epígrafes en anillos de compromiso, colgantes, amuletos etc. Cuando viajemos por las carreteras fijémonos en los mojones kilométricos o los fronterizos. En el mundo griego se inscribían todos estos epígrafes y además muchos otros que ahora se recogen simplemente escritos en hojas en archivos o en soporte informático. Entre éstos destacan sobre todo los documentos de tipo público y oficial, leyes, decretos, que en la antigüedad se exponían públicamente grabados en piedra, aunque los originales se escribieran en tablillas de madera estucada o blanqueada, o, mucho más raramente, en papiros o tablillas de arcilla y se guardasen en archivos. También documentos privados que actualmente se escriben en papel son objeto de la epigrafía griega, como cartas inscritas en plomo, contratos en uno u otro metal, o en piedra, etc. Además hay que destacar la gran cantidad de epigrafía sacra (exvotos, himnos, catálogos de bienes de santuarios, leyes sagradas, etc.) que había en la antigüedad en comparación con la actual.

Inscripción sobre un címbalo.

A esta enorme diversidad de contenido corresponde una gran diversidad también en el soporte epigráfico. De hecho una de las características de la epigrafía es que su estudio abarca textos escritos sobre soporte cuya finalidad es meramente la de ser superficie para escribir ( pinakes, laminillas de bronce, plomo u otros metales, ciertas estelas de piedra) y textos sobre soporte cuya función primaria es otra ( vasos cerámicos, estatuas, todo tipo de objetos domésticos, proyectiles, etc.). Las estelas funerarias son un ejemplo de esta doble función pues por un lado sirven para marcar el lugar donde está enterrado el muerto y por otro sirven de superficie para dar información sobre el difunto, dedicarle un poema o incluso meditar sobre la muerte.

Ámbito de la epigrafía griega

La más antigua inscripción ática proveniente de la Acrópolis de Atenas, datada en el siglo VIII a .C. Bustrofedon de dos líneas.

La epigrafía griega abarca todos los tipos de epígrafes señalados escritos en griego (ya sea griego dialectal o koiné), desde la adopción del alfabeto por los griegos, hasta un período que podría ser el actual, pero que hablando de Grecia antigua suele abarcar hasta la época imperial o a veces incluso la bizantina. Las tablillas micénicas son en sentido estricto también competencia de la epigrafía griega, pero puesto que se trata de un fenómeno particular tanto desde el punto de vista cronológico como del de la escritura y el contenido, su estudio compete a una disciplina particular llamada micenología.

Los límites geográficos que abarca la epigrafía griega comprenden cualquier lugar donde se hablara o escribiera en griego, es decir que se extienden a medida que se extienden las fronteras del mundo griego e incluso en época imperial romana siguen abarcando toda la parte oriental del imperio, donde el griego sigue siendo la lengua normal de comunicación y la lengua oficial en todo lo que no es competencia del gobernador o del ejército. Para hacerse una idea basta ver el índice de un tomo del Supplementum Epigraphicum Graecum (SEG), ordenado geográficamente, o de un año del Bulletin Épigraphique que se publica en cada número de la Revue des Études Grecques. En todo caso, un epigrafista delimitará los márgenes cronológicos y geográficos de su estudio dependiendo del período o acontecimiento histórico, o del dialecto, zona o período lingüístico que quiera estudiar.

El interés de las inscripciones radica principalmente en las siguientes ventajas.

Decreto honorífico de la ciudad de Olonte. Siglo III a. C.-II a. C. Son testimonios directos que, a diferencia de los manuscritos, han llegado a nosotros mejor o peor conservadas, pero con el mismísimo texto que el grabador inscribió en ellas. En el caso de los documentos públicos y oficiales se trata de textos objetivos en el sentido de que, a diferencia de los literarios, se limitan a presentar los datos y acontecimientos de forma clara para el conocimiento de los ciudadanos. No se trata de expresiones del pensamiento de un autor sobre éste o aquel asunto, sino de documentos que presentan una ley, un decreto, la carrera política de un personaje y un número infinito de otros aspectos de una forma escueta. Para muchas facetas del mundo antiguo son, si no la única fuente, la fuente primordial de que se dispone. El estudio epigráfico puede avanzar y mejorar no sólo reinterpretando y reestudiando los textos existentes, sino sobre todo gracias a la inmensa cantidad de material nuevo todavía por descubrir y que va saliendo a la luz poco a poco. Es fundamental para el estudio lingüístico, bien sea del griego dialectal, bien de la lengua hablada en cualquier momento y lugar de la evolución del griego, lo que hace su estudio inevitable para un filólogo. Pero además es fundamental para otros aspectos de tipo histórico, cultural o social como son la religión, la prosopografía, el derecho público, las instituciones, los asuntos políticos etc. Y no sólo es una fuente básica para el conocimiento de tales aspectos, sino también de muchas zonas y momentos del mundo griego, ventaja fundamental de la epigrafía frente a la papirología por ejemplo, limitada a Egipto y de forma aislada a unos pocos lugares más, y concentrada fundamentalmente entre los siglos III a. C. y II-III d. C., aunque hay papiros griegos ya del siglo IV a. C. y hasta de época medieval.

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