Epifrón

En la mitología griega Epifrón era la personificación de la prudencia, y con ella la sagacidad, la reflexión y la solicitud.

Epifrón era hijo de Érebo y la Noche, como la mayoría de estas deidades que representaban las cualidades y defectos humanos.

Epifrón tenía dos caras, como alegoría del conocimiento del presente y la previsión del futuro. Artistas más modernos, como Gravelot, le añaden atributos como el reloj de arena, el búho (símbolos de la reflexión) y un libro que aludía a la importancia de la instrucción. Asimismo, como ilustración de la importancia de pedir consejo, solía figurar junto a un grueso tronco de árbol que da apoyo a un retoño.

El equivalente egipcio de Epifrón tenía la forma de una serpiente con tres cabezas: una de perro (por su buen olfato), otra de león (por su decisión al tomar medidas) y otra de lobo (que sabe retirarse a tiempo).

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