Epicureísmo
English: Epicureanism

Epicuro de Samos, fundador de la escuela del epicureísmo.

El epicureísmo es un movimiento que abarca la búsqueda de una vida feliz mediante la búsqueda inteligente de placeres sexuales, la ataraxia (ausencia de turbación) y las amistades entre sus correligionarios. Fue enseñada por Epicuro de Samos, filósofo griego del siglo IV a. C. (341 a. C.), el cual fundó una escuela llamada Jardín y cuyas ideas fueron seguidas por otros filósofos, llamados "epicúreos".[1]

Doctrina

El gusto, para el epicureísmo, no debía conformarse al cuerpo, como preconizaba el hedonismo cirenaico, sino que debía ser también intelectual. Además, para Epicuro la presencia de placer o felicidad era un sinónimo de la ausencia de dolor o de cualquier tipo de aflicción: el hambre, la tensión sexual, el aburrimiento, etc. Era un equilibrio perfecto entre la mente y el cuerpo que proporcionaba la serenidad o ataraxia.

Física

La física epicúrea sostenía que todo el universo consistía en dos cosas: materia y vacío. La materia está formada por átomos, que son cuerpos diminutos que solo tienen las cualidades inmutables de la forma, el tamaño y el peso.[3]​ Epicuro explica esta posición en su carta a Heródoto:

Además, la suma de las cosas es ilimitada tanto por la multitud de los átomos como por la extensión del vacío. Porque si el vacío fuera infinito y los cuerpos finitos, los cuerpos no se habrían quedado en ningún lugar, sino que se habrían dispersado en su curso a través del vacío infinito, sin tener ningún apoyo o contraprotección para enviarlos de vuelta en su rebote ascendente. Nuevamente, si el vacío fuera finito, la infinidad de cuerpos no tendría donde estar.

Debido al suministro infinito de átomos, hay una cantidad infinita de mundos, o cosmoi. Algunos de estos mundos podrían ser muy diferentes a los nuestros, otros bastante similares, y todos los mundos estaban separados unos de otros por vastas áreas de vacío (metakosmia).[4]

El epicureismo afirma que los átomos no se pueden dividir en partes más pequeñas, y los epicúreos ofrecieron múltiples argumentos para apoyar esta posición. Los epicúreos argumentan que debido a que el vacío es necesario para que la materia se mueva, cualquier cosa que consista tanto en el vacío como en la materia puede descomponerse, mientras que si algo no contiene ningún vacío, entonces no hay forma de separarse porque ninguna parte de la sustancia podría estar desglosado en una subsección más pequeña de la sustancia. También argumentaron que para que el universo persista, lo que está compuesto en última instancia no debe poder cambiarse o, de lo contrario, el universo se destruiría esencialmente.[5]

Los átomos se mueven constantemente de una de cuatro maneras diferentes. Los átomos pueden simplemente chocar entre sí y luego rebotar entre sí. Cuando se unen entre sí y forman un objeto más grande, los átomos pueden vibrar a medida que se mantienen uno al otro mientras se mantiene la forma general del objeto más grande. Cuando no son prevenidos por otros átomos, todos los átomos se mueven a la misma velocidad naturalmente hacia abajo en relación con el resto del mundo. Este movimiento hacia abajo es natural para los átomos; sin embargo, como cuarto medio de movimiento, los átomos a veces pueden desviarse aleatoriamente de su camino descendente habitual. Este movimiento de desvío es lo que permitió la creación del universo, ya que a medida que más y más átomos se desviaban y chocaban entre sí, los objetos podían tomar forma a medida que los átomos se unían. Sin el viraje, los átomos nunca habrían interactuado entre sí, y simplemente continuaron moviéndose hacia abajo a la misma velocidad.[6]

Epicuro también sintió que el viraje era lo que explicaba el libre albedrío de la humanidad. Si no fuera por el viraje, los humanos estarían sujetos a una cadena interminable de causa y efecto. Este fue un punto que epicúreos utiliza a menudo para criticar a Demócrito.[7]

Los epicúreos creían que los sentidos también dependían de los átomos. Cada objeto emitía continuamente partículas de sí mismo que luego interactuaban con el observador. Todas las sensaciones, como la vista, el olfato o el sonido, se basan en estas partículas. Si bien los átomos que se emitieron no tenían las cualidades que los sentidos percibían, la manera en que se emitieron hizo que el observador experimentara esas sensaciones, por ejemplo, las partículas rojas no eran en sí mismas rojas sino que se emitían de una manera que causaba El espectador a experimentar el color rojo. Los átomos no se perciben individualmente, sino más bien como una sensación continua debido a la rapidez con que se mueven.[9]

Ética

Discípulo epicúreo Metrodoro

Según Adolfo Sánchez Vázquez, «el epicúreo alcanza el bien, retirado de la vida social, sin caer en el temor a lo sobrenatural, encontrando en sí mismo, o rodeado de un pequeño círculo de amigos, la tranquilidad de ánimo y la autosuficiencia».[10]

El placer y el sufrimiento

Epicuro afirmó que es bueno todo lo que produce placer, pues el placer, según él, es el principio y el fin de una vida feliz. Pero para que el placer sea real debe ser moderado, controlado y racional.

Él definió el placer como la satisfacción de las necesidades del cuerpo y la tranquilidad del alma. Para el epicureísmo, lo malo es todo aquello que le produce dolor al ser humano. Son las cosas que nos hacen o nos afectan en el sentido espiritual y corporal, Epicuro señaló que el placer no tiene que ser necesariamente un placer sexual, sino también algo que nos produzca placer el hacerlo, como: respirar tranquilamente en el campo o tomar helado, pero sobre todo los placeres espirituales como la música de calidad o un buen libro también.

El ser humano está compuesto de cuerpo y alma, y los placeres del alma son superiores a los del cuerpo. En su opinión, la paz interior puede alcanzarse al reducir las necesidades del cuerpo y acabar con las inquietudes y temores. La ética epicúrea dice que para vivir una vida feliz, es muy importante superar el miedo a la muerte; Epicuro dijo "La muerte no nos concierne, pues mientras existimos, la muerte no está presente y cuando llega la muerte, nosotros ya no existimos"

Los placeres naturales y no naturales

Para Epicuro, los placeres y sufrimientos son consecuencia de la realización o impedimento de los apetitos. Epicuro distingue entre tres clases de apetitos, por tanto placeres:

  • Los naturales y necesarios, como alimentarse, abrigo y el sentido de seguridad, que son fáciles de satisfacer.
  • Los naturales pero no necesarios, conversación amena, gratificación sexual.
  • Los no naturales ni necesarios, la búsqueda del poder, la fama, el prestigio, dinero.

Los placeres del cuerpo y los del alma

Es importante aclarar que Epicuro no era dualista, es decir, no postulaba la oposición cuerpo-alma; el alma, igual que el cuerpo, es material y está compuesta de átomos. También distinguía entre dos tipos de placeres, basados en la división del hombre entre dos diferentes pero unidos, el cuerpo y el alma:

  • Placeres del cuerpo: aunque se considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es el equilibrio voluntario y consciente de estos placeres, no su eliminación; no es posible conocer el placer si no se conoce el dolor, no se disfruta de un banquete si no se conoce el hambre.
  • Placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo: el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es breve, mientras que los del alma son más duraderos y además pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.

Los placeres cinéticos y catastemáticos

Los epicúreos dividieron aún más cada uno de estos tipos de placeres en dos categorías: placer cinético o móvil y placer catastemático o estable.[11]

  • Placeres móviles: los placeres físicos o mentales que involucran acción o cambio. Comer alimentos deliciosos, así como satisfacer deseos y eliminar el dolor, que en sí se considera un acto placentero, son todos ejemplos de placer cinético en el sentido físico. Según Epicuro, los sentimientos de alegría serían un ejemplo de placer cinético mental.
  • Placeres estables: el placer que uno siente mientras está en un estado sin dolor. Al igual que los placeres cinéticos, los placeres catatemáticos también pueden ser físicos, como el estado de no tener sed, o los mentales, como la liberación de un estado de miedo. El placer catastemático físico completo se llama aponia y el placer katastemático mental completo se llama ataraxia.[12]

La razón

Pese a que el placer es un bien y el dolor un mal, hay que administrar inteligentemente el placer y el dolor: en ocasiones debemos rechazar placeres a los que les siguen sufrimientos mayores y aceptar dolores cuando se siguen de placeres mayores. La razón representa un papel decisivo en lo que respecta a nuestra felicidad, nos permite alcanzar la total imperturbabilidad (ataraxia), la cual compara Epicuro «con un mar en calma», cuando ningún viento lo azota y nos da libertad ante las pasiones.

Finalidad

La finalidad de la filosofía de Epicuro no era teórica, sino más bien práctica, que buscaba sobre todo procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera en la que los temores al destino, los dioses o la muerte quedaran definitivamente eliminados.

Para ello se fundamentaba en una teoría empirista del conocimiento, en una física atomista inspirada en las doctrinas de Leucipo y Demócrito y en una ética hedonista.

No había motivo para temer a los dioses porque estos, si bien existen, no pueden relacionarse con nosotros ni para ayudar ni para castigar, y por tanto ni su temor ni su rezo o veneración posee utilidad práctica. La muerte tampoco puede temerse, porque siendo nada, no puede ser algo para nosotros: mientras vivimos, no está presente y cuando está presente, nosotros no estamos. Cuando el hombre se libere de sus falsos temores y elija racionalmente sus placeres, llegará a ser un buen actor.

El Tetrafármaco

El Tetrafármaco, o "La cura en cuatro partes", es una guía básica de Filodemo de Gadara de cómo vivir la vida más feliz posible, sobre la base de las primeras cuatro Doctrinas Principales de Epicuro. Esta doctrina poética fue transmitida por un epicúreo anónimo que resumió la filosofía de Epicuro sobre la felicidad en cuatro líneas simples:

No temas a los dioses;

no te preocupes por la muerte;

Lo que es bueno es fácil de obtener, y

lo que es terrible es fácil de soportar.

Religión

El epicureismo no niega la existencia de los dioses; más bien niega su participación en el mundo. Según el epicureismo, los dioses no interfieren con las vidas humanas ni con el resto del universo de ninguna manera.[13]​ La manera en que existen los dioses epicúreos todavía se discute.

Algunos eruditos dicen que el epicureismo cree que los dioses existen fuera de la mente como objetos materiales (la posición realista), mientras que otros afirman que los dioses solo existen en nuestras mentes como ideales (la posición idealista).[15]

El epicureismo también ofreció argumentos contra la existencia de los dioses en la forma propuesta por otros sistemas de creencias. La Paradoja de Epicuro, o el Problema del mal, es un famoso argumento en contra de la existencia de un Dios o dioses todopoderosos y providenciales. Según Lactancio:[16]

Dios quiere eliminar las cosas malas y no puede, o puede pero no quiere, o no quiere ni puede, o ambos quiere y puede. Si él quiere y no puede, entonces es débil, y esto no se aplica a Dios. Si puede pero no quiere, entonces es rencoroso, lo que es igualmente extraño a la naturaleza de Dios. Si no quiere ni puede, es débil y rencoroso, y por lo tanto no es un dios. Si él quiere y puede, ¿cuál es la única cosa apropiada para un dios, de dónde vienen las cosas malas? ¿O por qué no los elimina?

Este tipo de argumento de trilema (Dios es omnipotente, Dios es bueno, pero el mal existe) fue favorecido por los antiguos escépticos griegos, y este argumento puede haber sido erróneamente atribuido a Epicuro por Lactancio, quien, desde su perspectiva cristiana, consideró a Epicuro como un ateo.[13]

Política

Discípulo epicúreo Hermarco

Las ideas epicúreas sobre política están en desacuerdo con las tradiciones filosóficas estoicas, platónicas y aristotélicas. Según Emilio Lledó, Epicuro entendía la política como expansión de la felicidad, justicia, sabiduría, belleza...[17]

Para los epicúreos, todas nuestras relaciones sociales son una cuestión de cómo nos percibimos mutuamente, de las costumbres y tradiciones. Nadie es inherentemente de mayor valor o está destinado a dominar a otro. Esto se debe a que no hay una base metafísica para la superioridad de un tipo de persona, todas las personas están hechas del mismo material atómico y, por lo tanto, son naturalmente iguales. Los epicúreos también desalientan la participación política y otra participación en la política. Sin embargo, los epicúreos no son apolíticos, es posible que alguna asociación política pueda ser vista como beneficiosa por algunos epicúreos. Algunas asociaciones políticas podrían conducir a ciertos beneficios para el individuo que ayudarían a maximizar el placer y evitar la angustia física o mental.[19]

Si bien esta evasión o libertad podría lograrse por medios políticos, Epicuro insistió en que la participación en la política no lo liberaría del miedo y él aconsejó no llevar una vida política. En cambio, Epicuro alentó la formación de una comunidad de amigos fuera del estado político tradicional. Esta comunidad de amigos virtuosos se enfocaría en asuntos internos y justicia. Se cree que la opinión acerca del matrimonio en Epicuro es positiva y consideró las relaciones sexuales como naturales pero innecesarias.[21]

Sin embargo, el epicureismo es adaptable a las circunstancias, como lo es el enfoque epicúreo de la política. Los mismos enfoques no siempre funcionarán en la protección contra el dolor y el miedo. En algunas situaciones será más beneficioso tener una familia y en otras situaciones será más beneficioso participar en política. En última instancia, depende de los epicúreos analizar sus circunstancias y tomar las medidas que correspondan a la situación.[22]

Concepto de la justicia

Epicuro también fue uno de los primeros pensadores en desarrollar la noción de justicia como un contrato social. Él definió la justicia como un acuerdo hecho por la gente para no dañarse unos a otros. El punto de vivir en una sociedad con leyes y castigos es protegerse del daño para que uno sea libre de perseguir la felicidad. Debido a esto, las leyes que no contribuyen a promover la felicidad humana no son justas. Dio su propia versión única de la ética de la reciprocidad, que difiere de otras formulaciones al enfatizar en minimizar el daño y maximizar la felicidad para uno mismo y para los demás:

"Es imposible vivir una vida placentera sin vivir sabiamente, bien y justamente, y es imposible vivir sabiamente, bien y justamente sin vivir una vida placentera".

("justamente" significa evitar que una "persona dañe o sea dañada por otra")

El epicureismo incorporó un relato relativamente completo de la teoría del contrato social y, en parte, intenta abordar los problemas con la sociedad descrita en la República de Platón. La teoría del contrato social establecida por el epicureismo se basa en un acuerdo mutuo, no en un decreto divino.

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