Epístola
English: Epistle

Epístola (del griego: ἐπιστολή, epistolē) es un sinónimo de carta:[1]​ un texto cuya función principal es la comunicación entre el remitente o emisor (el escritor que la redacta y envía) y el destinatario o receptor. El uso del término suele implicar un registro culto o un contexto literario (el género epistolar).

En la actualidad es un término arcaico, por lo general restringido en su uso a las cartas didácticas sobre ética o religión; y particularmente para referirse a las obras del Nuevo Testamento que reciben el nombre de "epístolas", y donde se recogen las escritas por algunos apóstoles destinadas a las comunidades cristianas primitivas. Las tradicionalmente atribuidas a Pablo de Tarso se conocen como "epístolas paulinas" y el resto con el nombre genérico de "epístolas católicas" (es decir, "universales" o "generales").

Historia

El género epistolar fue común en el Antiguo Egipto como parte del trabajo de los escribas, y están recogidas bajo el nombre de Sebayt (instrucciones), estando datadas las más antiguas en el siglo XXV a. C.

Los griegos cultivaron el género y dejaron un amplio corpus epistolar, que presenta notables problemas críticos.[3]​ de Rudolf Hercher. Son interesantes las de Filóstrato, Epicuro, Juliano; es una falsificación bastante antigua la correspondencia mantenida entre San Pablo y Séneca; otro fraude largo tiempo mantenido es el de las Cartas del tirano Falaris, que fue completamente desmontado por el filólogo inglés del siglo XVIII Richard Bentley. Los Santos Padres de habla griega nos dejaron también un epistolario muy abundante, por ejemplo San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Gregorio Nacianceno, San Gregorio de Nisa. También griego es el tratado de Demetrio Sobre el estilo, fechable entre el siglo I a. C. y el I d. C., donde se define el género en los párrafos 223-235. No hay manuales de teoría epistolar más antiguos. Allí formula ya los elementos del género: próxima al diálogo, pero más elaborada.

  • Estilo simple
  • Claridad y brevedad
  • Estructura flexible
  • Contrapuesto al género del discurso
  • Temas propios
  • Uso de máximas y de expresiones de amistad
  • Adecuación al destinatario

Ningún romano, pese al cultivo asiduo del género en el Imperio, se detiene sino ocasionalmente en precisar más el género hasta el siglo IV, en que le dedica una breve preceptiva la Rhetorica de Julio Victor, que distingue cartas negotiales y familiares, y la obra anónima Excerpta Rhetorica, de entre los siglos III y IV, que distingue entre cartas públicas y privadas, religiosas o no, personales o ajenas, grandes o moderadas. La caída del Imperio Romano de Occidente y la llegada de la Edad Media fragmenta la retórica para adaptarla a nuevas necesidades desarrollando preceptivas específicas para la carta ( ars dictaminis), la composición poética ( ars poetria) y la predicación ( ars praedicandi).[7]

En suma, la conocida definición de Cicerón conloquia amicorum absentium[9]​ Por ello son privadas: no deben mostrarse, copiarse ni divulgarse sin permiso. La lengua en que se escriben debe adecuarse a los temas, pero en los generales debe ser el sermo cotidianus: lo recomiendan Cicerón, Séneca y Plinio:

«Te quejas de que te envíe cartas poco cuidadas. ¿Quién habla con refinamiento, sino el que quiere hablar con afectación? Como sería mi conversación si juntos estuviéramos sentados o paseáramos, sencilla y ligera, iguales quiero que sean mis cartas, que no tienen nada rebuscado o falso... Que éste sea nuestro propósito: que hablemos lo que sintamos, que sintamos lo que hablemos; que nuestra forma de hablar esté en consonancia con nuestra vida. Ha cumplido su promesa el que, cuando lo ves y cuando lo escuchas, es el mismo» (Séneca, Epístolas a Lucilio, 75. 1-4)

Por eso son frecuentes las irrupciones de frases o palabras en griego, las frases hechas, las máximas de carácter general, las expresiones coloquiales, los diminutivos, las expresiones parentéticas o aclaratorias, las elisiones y los anacolutos. Se usa también el diálogo fingido o dialogismo. La brevedad, la claridad, el uso del imperfecto epistolar...[10]

Nos han llegado de la antigüedad romana las Epístolas familiares en prosa de Cicerón y los dos libros de Epístolas en verso del romano Horacio, del siglo I  a. C. Una de ellas, la Epistula ad Pisones, recibe el nombre de Arte poética, y ha sido durante siglos considerada como la normativa de principios literarios; el poeta latino Ovidio compuso asimismo numerosas cartas en verso: las Heroidas, cartas ficticias de famosas heroínas, y las reales que forman las colecciones o epistolarios en verso en que protesta por su exilio, llamadas Tristia y Ponticas. De época neroniana son las Cartas a Lucilio del hispanolatino Séneca, de carácter filosófico y moral; de entre los siglos I y II d. de Cristo es el Epistolario en prosa de Plinio el Joven: nueve libros con un total de 248 epístolas enviadas a 105 destinatarios, algunos de ellos célebres, como el historiador Tácito o el emperador Trajano; muchas son famosas por el tema que tratan, como la erupción del Vesubio en que pereció su tío Plinio el Viejo o aquella en que pregunta al emperador Trajano sobre el trato que hay que dar a los cristianos. Del siglo IV son dos libros de epístolas en verso de Ausonio.[11]

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