Entierro de la Sardina en Murcia

Entierro de la Sardina en Murcia
Catafalco Entierro de la Sardina 2017.jpg
Catafalco de la Sardina 2017.
Nombre oficial Entierro de la Sardina en Murcia
Tipo Pagana
Celebrada por Fiestas de Primavera de Murcia
Ubicación Escudo de Murcia.svg Murcia,
Flag of the Region of Murcia.svg Región de Murcia,
Flag of Spain.svg  España
Fecha Sábado posterior al Sábado Santo
Estado Interés Turístico Internacional.
Organizador Agrupaciones Sardineras y Ayuntamiento de Murcia.
Motivo Fin de la Cuaresma.
Relacionada con Mitología.
Página oficial
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El Entierro de la Sardina es una fiesta pagana que se celebra en Murcia ( España) durante las Fiestas de Primavera y cuyo acto central es un gran desfile de carrozas que culmina con la quema de la sardina el sábado siguiente a la Semana Santa. Está declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Historia

El origen de esta festividad en Murcia data del siglo XIX, sin embargo, esta tradición que en un principio se celebraba como colofón del Carnaval el Miércoles de Ceniza, se extendió desde el centro de la Península dónde se tiene constancia de ella ya en el siglo XVII, en Murcia, sin embargo, será en 1851 cuando un grupo de estudiantes que querían imitar las mascaradas que habían visto en Madrid, comenzaron a desfilar por las calles de la ciudad imitando un sencillo cortejo fúnebre. Este festejo poco popular en un principio, empezó a tomar cuerpo a lo largo de la segunda mitad de ese siglo hasta convertirse en la celebración más importante de la ciudad de Murcia y la de más afluencia de toda la región.

El periodista murciano Martínez Tornél cuenta en un valioso documento la mascarada que dio origen al primer Entierro de la Sardina de Murcia:

Unos cuantos murcianos, entonces jóvenes, entre los que he oído siempre citar a Nolla, Carles, Ibáñez, Selgas, Gómez Carrasco, Marín Baldo, Ortiz, García-Esbry, Baquero y Peñafiel, sorprendieron a Murcia en la última noche de carnaval presentándose en sus calles, a guisa de disciplinantes, con sendos capuchones negros, hachas de viento en las manos y formando terrorífica comitiva que concluía en un disforme féretro, en la cual, se supo después, iban los restos mortales de una desgraciada sardina. Al son de una lúgubre máscara, recorrieron las principales calles, y después, formando una pira con los hachones, quemaron el féretro.

En 1854 se leerá por primera vez el Bando del Casino que evolucionará hasta el actual Testamento de la Sardina. A lo largo del siglo debido a diversos vaivenes políticos y económicos, el desfile se suspendió algunos años y se retomó otros. En 1862 con motivo de la visita a la ciudad de la reina Isabel II se hizo una representación del festejo para dicha personalidad y los asistentes. En 1876 se lee por primera vez en Testamento, conocido ya como tal, unos años después, hacia 1888 se acusa al festejo, que ya había adquirido unas dimensiones considerables, de despilfarro de dinero innecesario y deja de celebrarse nuevamente, sin embargo, asociaciones de comerciantes de la ciudad piden públicamente que se recupere como elemento de reactivación comercial, no lo conseguirán hasta 1899.

En la primera mitad del siglo XX, la celebración del desfile dependerá de la convulsa situación politica y económica de este momento, además, la iglesia ve el desfile como un desproposito pecaminoso y diversos periódicos publican críticas de caracter moral donde se refieren al festejo como:

“báquica orgía de todos los desenfrenos, que un año y otro han ofrecido el pudor de la mujer murciana, al pasear en triunfo la carne de prostíbulo por nuestras calles…”

Desde que la festividad terminó por establecerse al final de las Fiestas de Primavera de Murcia, perdió su relación directa con el Carnaval aunque no del todo su carácter carnavalesco, a partir de entonces, la celebración fue entendida como una alegoría al final de la Cuaresma donde se deja de comer pescado tras el recogimiento propio de la Semana Santa, así es como ha sido señalado por algunos cronistas y con este sentido popular ha llegado hasta nuestros días. De este modo la festividad murciana se aleja de su sentido original y de las celebraciones de Carnaval que se realizan en otros lugares de España.

Tras la Guerra Civil las Fiestas de Primavera de Murcia volvieron a reorganizarse entre 1942 y 1945 a partir de entonces respaldadas por el gobierno municipal. En los años 60 se constituyó la junta General Sardinera y la Agrupación Sardinera y a partir de los años 80 la celebración del festejo estará plenamente asegurada y se convertirá en uno de los desfiles más multitudinarios del país, estimándose la asistencia en más de un millon de personas en algunos de los últimos años del siglo XX y comienzos del XXI.

Simbología

El Entierro de la Sardina en Murcia tiene un carácter carnavalesco que se une a una fuerte tradición pagana en la que se rinde culto de una forma simbólica a los dioses de distintas mitologías de la antigüedad, especialmente la grecolatina. Según Antonio de Hoyos:

[...] Así que la fiesta llega a alcanzar el dramatismo litúrgico de los misterios de Eleusis. La luz de las antorchas y el ritmo acelerado de los pulsos, mientras Dionisios gobierna y patea, prepara el reventón de los odres, y el vino corre y enloquece. [...]Se incorporó a Murcia esta fiesta por natural condición de la tierra, y mimetizó el pasado sin alterar apenas este presente que cierra con fascinante algarabía las fiestas de primavera.

Entierro de la Sardina por Francisco de Goya.

La comparación que Hoyos establece con los Misterios eleusinos puede venir marcada por el hecho de que al igual que en Murcia, la antigua tradición ateniense contaba con una procesión jocosa que podía acabar en el jolgorio y desenfreno propios de la celebración.

El Entierro nos recuerda viejos mitos paganos, al tiempo que supone un símbolo de la victoria de don Carnal sobre doña Cuaresma. Así, vuelve el carnaval para espantar la carencia de la Semana Santa recién finalizada.

La simbología de los actos que se celebran a lo largo de las fiestas incluye los siguientes elementos:

  • El pez: Es el elemento omnipresente en toda la fiesta, representa la imposibilidad de comer carne durante la Cuaresma y es quemado como símbolo del final de esta prohibición.
  • El fuego: Es el elemento clave, presente el todos los actos que componen esta festividad, lo encontramos en los hachones de los hachoneros, en los fuegos artificiales y por su puesto en las llamas que consumen la sardina al finalizar el cortejo. Adquiere un carácter purificador y tiñe de magia la celebración.
  • Los dioses paganos: Dan nombre a los distintos grupos sardineros, forman parte de un cortejo que recalca la tradición no sacra del festejo y aportan misticismo a los actos.
  • Los sardineros y sardineras: Ataviados con ropajes de colores llamativos, son los verdaderos organizadores del desfile, suelen llevar casco cuando están sobre las carrozas y elementos identificativos de sus distintas agrupaciones.
  • Los hachoneros y hachoneras: Son elementos tradicioneles del desfile desde sus inicios, ataviados con largas vestimentas a rayas y altos conos por sombreros, se protegen del humo de sus propios hachones con pañuelos en la cara y son parte indispensable de la iconografía del entierro y todos sus actos anteriores.
  • El pito: Tradicionalmente se conoce como tal en Murcia al silbato, se trata de un elemento muy característico de todo el entierro desde sus inicios, se reparte entre los asistentes y lo llevan los sardinero para crear al unísono un ensordecedor alboroto que acompaña a todos los actos sardineros.
  • El Pañuelo: Protegía tradicionalmente a sardineros y hachoneros del humo, en la actualidad también es un símbolo de la fiesta ya que como marca la tradición incidada por el histórico sardinero Pepe Carreres se debe agitar éste en molinillo al sonar el himno sardinero.

Actos

Durante todo el año las llamadas agrupaciones sardineras hacen los preparativos de la fiesta. Dentro de estos actos preparatorios las agrupaciones sardineras nombran cada año un Gran Pez y, desde 1988, a una Doña Sardina, títulos honoríficos que presiden simbólicamente las celebraciones.

Gran Pez y Doña Sardina
Año Nombres
1967 Rosendo Lostau Ferrán
1968 Manuel Fraga
1970 Gaspar Masso
1972 José Luis Oltra Moltó
1973 José Luis López Vázquez
1974 Jaime Campmany
1975 Cristóbal Páez
1976 Gabriel Cañadas
1977 Francisco Oliver
1978 Francisco Sabater García
1979 Francisco García Ruíz
1980 Luis Valenciano Gaya
1981 Gustavo Pérez Puig
1982 Ángel Tomás Martín
1983 José Sánchez Gómez
1984 José Manuel Garrido Guzmán
1985 José García Martínez
1986 Manuel Medina Borbón
1987 Manuel Muñoz Barberán
1988 Carlos Egea Krauel y Ana Romero
1989 Ramon Arcas Meca y María José Montesinos
1990 Carlos Collado Mena y Eukene Morcillo
1991 Félix Martínez Robles y Adelina García
1992 Carlos Valcárcel y Ana de la Cierva
1993 Inocencio Arias y Carmen Castelo
1994 José María Manzanares y Amparo Marzal
Gran Pez y Doña Sardina
Año Nombres
1995 Manuel Torres Martínez y Esther Arroyo
1996 Eugenio Galdón Brugarolas y Isabel Silvestre
1997 Pedro Cano Hernández y María José Alarcón
1998 José Ortega Cano y Tati García
1999 José Carreres Alfonso y Cristina Fernández
2000 José Antonio Camacho y María Escario
2001 Pedro Guillén y Eva Pedraza
2002 José Antonio Abellán y Anne Igartiburu
2003 Ernesto Sáenz de Buruaga y Mar Saura
2004 José Manuel Martínez Martínez y Patricia Betancort
2005 J.J. Santos y Elsa Anka
2006 José Antonio Lozano Teruel y María José Besora Villanueva
2007 Jesús Samper y Nieves Barnuevo
2008 Carlos Santos y Marta Valverde
2009 Pepín Liria y Noelia Arroyo
2010 Ángel Martínez y Pepa Aniorte
2011 Antonio Hidalgo y Eva Abril
2012 Patricio Valverde Espín y Ruth Lorenzo
2013 Fernando Romay y Belinda Washington
2014 Xuso Jones y Marta Nieto
2015 Kike Boned y Pastora Soler
2016 José María Albarracín y Miriam Giovanelli
2017 Jose María Martinez y María Pina

Gala sardinera y Pitocrónica

Es uno de los primeros actos relacionados con el Entierro de la Sardina, se trata de una gala a la que acuden las distintas agrupaciones sardineras donde se lee un manifiesto satírico con el que los sardineros comienzan a calentar motores para el inicio de las fiestas.

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